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reestreno de un Shakespeare
Macbeth en el corazón de Valencia


Las obras del dramaturgo inglés son una constante del teatro, seguramente por sus temáticas universales. Espacios alternativos como el Teatro de Bolsillo (C/ Vivons, 21, Ruzafa, Telf.: 963 363 907) se lanzan a montar estos clásicos, a veces, introduciendo nuevos recurso en el lenguaje.

Cuenta la historia que a fines del siglo XVI, comienzos del XVII –contexto histórico de William Shakespeare- el teatro en Londres se daba en pequeños recintos circulares de madera, situados en los extramuros de la ciudadela a orillas del río Támesis, y que las representaciones eran de día y protagonizadas solo por hombres, algunos de los cuales debían servirse de vestuario y pelucas acordes para representar los papeles femeninos, como el de la emblemática Julieta.

El techo, los telones y las cortinas eran inexistentes, y el público de pie se mezclaba a veces con los actores que debían abrirse paso sobre la marcha de la representación, la cual era de un solo acto, ya que la división en cuadros es históricamente posterior.

En medio de esta vorágine de actores y espectadores abarrotados, las escenografías corrían por cuenta del imaginario de estos últimos. Por eso se dice que las palabras del famoso dramaturgo eran los principales disparadores de atmósferas: noche, día, mares, montañas, etcétera.

Las cosas, verdad de Perogrullo, han cambiado bastante. Pero los clásicos de Shakespeare siguen vigentes, seguramente porque sus temáticas son universales de la historia de la humanidad: el amor, el odio, la lealtad, el engaño, la codicia, la venganza, la muerte.

Y si bien un Hamlet o un Romeo y Julieta, actualmente obras consolidadas tanto entre los actores como en el inconsciente colectivo como grandes joyas del arte escénico cuya alusión remite, subjetivamente, a teatros lujosos y compañías prestigiosas, la realidad demuestra experiencias contrarias a esta idea: los textos del dramaturgo inglés son también representados en pequeñas salas marginales al circuito oficial donde grupos emergentes formulan, sirviéndose de sus recursos materiales e intelectuales, nuevas propuestas (o, simplemente, planteos clásicos) del patrimonio shakespeariano.

Es claro el motivo: un Shakespeare siempre será un desafío y una santificación profesional para cualquier actor, sobre todo si la oferta rompe un poco con los esquemas establecidos para los clásicos. Entre los actores se bromea con un suerte de mito que rodea en particular a la obra Macbeth, aquel valiente y diestro espadachín que, merced al hechizo de unas brujas, llegó hasta el trono real no sin hacer uso de la codicia y ambición de poder que guardaba en lo recóndito de su corazón (como si esta fuera una constante irrefutable del ser humano), que lo llevó, impulsado por su siniestra esposa, a tejer un plan para asesinar al rey y consumar el diabólico presagio.

Corre un rumor, entonces, en torno a este clásico, el cual advierte que aquellos que lo representen sufrirán alguna desgracia: casualidad o causalidad (esto dejémoslo a criterio del lector) los ejemplos abundan.

SHAKESPEARE DE BOLSILLO

En el Teatro de Bolsillo (C/ Vivons, 21, Ruzafa, Valencia) parece haberse advertido esto como lo que es, solo un rumor. En esta pequeña (tan pequeña como intimista) sala se cumplió la primera temporada del montaje de Macbeth, estrenado el 24 de mayo de este año, donde intervienen diez actores para representar a los catorce personajes (de los más de veinte de la obra original) de la adaptación realizada por el mismo director del montaje, el actor argentino Jorge Affranchino.

Las dimensiones de la sala en cuestión tienen lógicamente que ver con la propuesta que Affranchino hace en Macbeth, donde aprovecha al máximo los espacios, incluso rompiendo el límite entre escenario y público (no, seguramente, con la intención de igualar a los antiguos teatros de las orillas del Támesis).

La música, de gran fuerza emotiva, acompaña a la acción (una hora cuarenta y cinco) de forma meticulosa, como si melodías y actuaciones (algunas más sobresalientes que otras) fueran un todo, un solo lenguaje plasmado sobre el pentagrama de las tablas. Esto, indudablemente es responsabilidad de Pedro Aznar, encargado de musicalizar la obra (que acompañó durante todos los ensayos, analizando casa escena y la intención del director) con composiciones propias exclusivas.

La escenografía, la iluminación y el vestuario, asimismo, demuestran que no hace falta contar con espacios de cincuenta metros cuadrados y utilerías millonarias para poder crear distintos ambientes y atmósferas (recuérdese cómo se representaban las obras en la época del mismísimo eximio dramaturgo). De esta manera, el bosque, los castillos, los momentos de reflexión o plegarias y los atuendos de los actores develan un trabajo sacrificado y, en algunos aspectos, ambicioso de original.

La segunda etapa de Macbeth se inició este sábado, 14, con su reestrenos en el Teatro de Bolsillo (C/ Vivons, 21, Ruzafa, Telf.: 963 363 907), y estará en cartelera todos los viernes y sábados a las 23 hs. hasta el mes de noviembre. La entrada tiene un costo de 8 euros (5€ para estudiantes y para desempleados).

Lo que sigue, es una entrevista mantenida con Affranchino:

¿Por qué Macbeth?

Porque hacer un Shakespeare es como estar dentro de un bálsamo de almas liberadas. Shakespeare es un ilusionista de los sentidos y dentro de su mágico mundo, él se puede permitir pasear por cada una de las sensaciones que abordan a los humanos. En Macbeth se nutre de la miseria humana, lo que permite reconocernos en cada uno de esos actos. Con Macbeth pude descubrir de qué manera el sentimiento de la culpa se pasea dañando cada intersticio del alma; cómo la desconfianza nos lleva a mirar un poco más hacia adentro y darnos cuenta de que los escrúpulos los llevamos dentro de un bolsillo agujereado.

¿De qué manera abordan la obra?

En este caso lo que proponemos en escena es una adaptación fiel al lenguaje literario.

¿Cómo describiría la puesta en escena?

Es un puesta en la que buscamos incluir prácticamente en el espacio al espectador mismo, donde el diálogo físico es tan importante como la palabra. Podríamos decir que es una puesta clásica dibujada con líneas de movimiento.

¿Qué originalidad tiene respecto a otras puestas o adaptaciones cinematográficas?

Por las características del teatro, la gente va a sentir casi hasta el aliento de los personajes, y eso creo que es de por sí una originalidad. Por sí mismo, como espectadores «el teatro» nos permite vivir una experiencia única e irrepetible, cosa que no permite hacer el cine. Respecto al tamaño del teatro, a mí particularmente me gusta adaptarme a todo tipo de espacios e incorporarlos a la energía que requiere la obra.

¿Qué le diría a la gente para que venga a ver Macbeth?

Que Macbeth es como vivir un sueño que te guía hacia la hoguera eterna por la senda florida.


 
núm. 1 Octubre 2002. Teina. lacompañía del te. redaccion@teina.com