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PEDRO AZNAR, PIANISTA ESPAÑOL

"La música debe transformar a la gente y no abstraerla"


El pianista español Pedro Aznar considera que los productos masivos en la actualidad tienden más a esto último. Y advierte que no se tata de géneros populares, a los cuales califica como íntimos y comunicativos, sino de piezas prefabricadas para alienar a la gente.

por juan pablo palladino

Varias veces lo han confundido con su homónimo argentino, desde luego músico eximio, que tocó con Pat Metheny y fue de muy joven bajista del grupo porteño Serú Giran. Su talento musical (si es posible medir y comparar tal característica) no es menos conmovedor.

Con 32 años, este Pedro Aznar, el valenciano, el de las costas del Mediterráneo, el que tuvo preferencia por el piano y por el jazz-estilo por el que incursionó durante diez años con emérito nivel en diferentes formaciones locales y un montón de festivales-, el del acento zetoso característico de su ibérica cuna, también ha desarrollado un notable interés por la música escrita europea, esa tan rica y variada expresión musical de siglos de historia que en el lenguaje mundano, e incluso mediático, se la pretende englobar, indebidamente, bajo el rótulo de clásica.

Hoy, volcado completamente hacia esta vertiente (otra vez, término probablemente erróneo por encasillador), no solo como intérprete sino incluso como compositor ˆdonde también se dedica a musicalizar obras teatrales-, dialogó con Teína sobre el desarrollo histórico de lo popular y de lo elitista, de la función social de la música y de su poder de empatía en la gente; motivo este último por el cual, asegura, siempre fue controlada por los poderosos.

¿De qué se habla cuando se hace referencia a la música popular?

En teoría, a la música que en general practica la gran mayoría de gente de un sitio en concreto. Se supone que a la música a la que no se le ha llamado popular, teóricamente también, es la música que por h o por b se ha restringido a un sector de un colectivo concreto.

El término clásico se emplea para designar un tipo de música minoritaria que sería la oposición a lo popular ¿Pensás que el término está mal empleado?

Sí. La sociedad occidental ha ido evolucionando en tal sentido que la música llamada «clásica» se ha visto restringida a un sector muy pequeño de la sociedad, pero el apelativo «clásico» se le ha incorporado muy recientemente. Llamarla de ese modo ha podido servir para restringir un tipo de música que se ha desarrollado durante más de veinte siglos y que ha evolucionado a través de muchas ramificaciones. Entonces es una manera de encuadrar y de limitar algo que es muy rico.

¿Y se la podría reconocer de alguna forma?

Algo más adecuado podría ser «música escrita», porque si tiene un denominador común que muchas música populares no tienen, es que es escrita y se ha desarrollado de una manera intelectual, pero no en el sentido de perteneciente a una clase ilustrada, sino como una manera de crear a través del intelecto y de fijar las cosas de forma escrita (a través de un lenguaje determinado); eso propicia unas características de evolución determinadas que gran parte de la música oral no posee.

Esta música mal llamada clásica parece ser elitista...

Hoy en día desde luego que es elitista, desgraciadamente es elitista. Pero siempre ha tenido, como el arte en general, algo de elitista. En el sentido de que cualquier tipo de creación siempre ha sufrido las intenciones de restricción por parte de la elite política y económica, porque en muchísimos casos el arte ha sido hasta peligroso por su poder de manifestación y de transgresión. Uno de los medios más factibles del poder para controlar ese poder del arte ha sido su restricción a una elite. Eso no significa que la música clásica, en su infinidad de estilos y ramificaciones, haya surgido de la elite, para nada. No es su invención, lo que pasa es que luego las elites se apropiaron de ella para controlarla. Entonces nos encontramos que los creadores, que en general eran gentes del pueblo, han estado coqueteando siempre con el poder, porque debían ganar dinero y, para hacerlo, debían vender esta música a la elite, esta cogía de lo que le ofrecía el compositor lo que quería, y lo que no quería lo eliminaba. Y una de las maneras de eliminarlo era en muchos casos restringiéndola.

Esto significa que esta música siempre ha estado en contacto con los estratos altos. ¿Quiere decir que nunca llegaba al pueblo?

Realmente el proceso de creación de la música clásica ha venido de la mano de gente que ha intentado evolucionar la música. Los músicos occidentales accedían al conocimiento de la música a través de la escritura de temas que habían hecho otros compositores anteriormente. Entonces, a través de las generaciones, los músicos iban interpretando lo que estaba escrito, característica que propicia la evolución de la música. Los músicos no percibían de forma oral y directa lo que se hacía, sino que había un margen de interpretación que propiciaba el cambio, la transformación. Esa transformación siempre supuso una transgresión con lo que ya estaba controlado, con lo que estaba asentado. Si el pueblo accedía a la música clásica era siempre antes de que el poder estabilizase ese tipo de música. Una vez estabilizada, probablemente el pueblo ya estaba transgrediendo con ella. Por ejemplo, el acceso al conocimiento de la música en la Edad Media se daba a través de los gremios. El que era músico lo era porque su familia estaba constituida por músicos, no porque fuera rico. Esto le venía muy bien al poder, que le convenía, para su control, que el conocimiento musical se diera por descendencia. Hoy, el que estudia música con una buena disciplina y conocimiento de la teoría, lo hace si tiene dinero. Era peligroso que gente que tenía tanto poder de comunicación como el de los gremios de músicos, siendo humildes, estuvieran enfrentados con el poder. Hoy en día la gente que accede a los conocimientos musicales estanca la música porque no les interesa transgredir nada, no les interesa evolucionarla. La música ha evolucionado a través de una necesidad generalmente vivencial, si tú tienes hambre tenderás a tocar de determinada forma, y si tienes el dominio instrumental suficiente se da allí mucho potencial transgresor. Muchas músicas que hoy se consideran elitistas fueron en su tiempo prohibidas, como la polifonía que hoy es el símbolo de la música «culta» y elitista.

¿Qué opinión te merece la educación musical actual?

Es totalmente mediocre, se ha degradado una infinidad porque no interesa a la sociedad que haya una buena enseñanza, porque interesan otras cosas.

Se tiene la idea de que la música popular es inferior a la que se denomina clásica.

Los grandes músicos siempre beben de la música popular, la música popular no es inferior a la de los grandes compositores, es simplemente otro tipo de música. De hecho hay músicas populares que son infinitamente complejas e infinitamente ricas. Ahora, hay expresiones (musicales) muy pobres que para mí no se deben considerar populares. También está mal empleado el término «popular» para designar mucha música que se escucha en la actualidad y que no lo es, que es música prefabricada, hecha por una serie de patrones que no tienen nada que ver con el músico, que está hecha para vender. Mucha música popular de hoy en día está desprovista de características que la música popular tiene: «una riqueza de lenguaje».

¿Podría ser que el auge de esta música mal llamada «popular» y que de alguna forma va en desmedro de lo verdaderamente popular, sea un reflejo de nuestras sociedades?

Es un reflejo de la uniformización de todo. Cuando un cantante flamenco se sienta en un parque a cantar, en ese lenguaje que está desarrollando hay una infinidad de matices de comunicación que otros están entendiendo de una forma natural y sin mediación de otros intereses. Cuando escuchamos música de discoteca no percibimos ningún tipo de comunicación rica, y además, lo que se dice se lo están diciendo a miles de personas en el mundo al mismo tiempo. Es como si no hubiera intimidad, porque no es popular. Lo popular tiene la característica de estar vivo, y lo otro es música que no sirve para que haya una comunicación real, sirve para que tú te vayas a trabajar todos los días, pongas ese ritmete y te abstraigas; la gente va a la discoteca a abstraerse, no a comunicarse.

¿Tiene la música una esencia o una función que consideres esencial?

La música que hoy se mal llama popular es música mala porque no cumple unos patrones mínimos que hagan consistente la riqueza de comunicación. La riqueza tiene que ver con la forma de interpretar, con la gestualidad de los músicos y lo que se consigue con ello. La música es algo que tiene que estar vivo y debe servir para algo, para transformar a la gente y no para abstraerla. La música popular y la clásica tienen las mismas características, no hay diferencia, está mal decir que la música popular es la que hoy escuchamos en la radio y lo clásico es lo otro, porque si hoy en día la música que escuchamos como popular tiene algo de bueno lo ha tomado de siete siglos atrás. El rock de los Beatles no se diferencia en nada de la música que hacían los trovadores. Lo poco bueno que hay hoy de música popular ya estaba hace cinco siglos y lo hacían mucho mejor. La música popular está muy entroncada con lo que hoy entendemos por clásico, pero no se hace ver eso. Actualmente hay un proceso de encuadre bestial. Las rapsodias de Brahms o de Chopin, por ejemplo, se inspiraban en la música popular gitana de los húngaros. La música está siempre ligada a planteamientos ideológicos, la música significa cosas. ¿Qué inquietud conmovedora tiene cualquier grupo de rock hoy en día? Te ofrecen una visión del mundo plana, por más ruido que haga. Seguramente en sus comienzos, el rock haya sido popular en el buen sentido.


cómo ponerse en contacto con Pedro Aznar



El disco se puede conseguir llamando al + 34 963 370 080 y el precio es de 12 EUR.-, gastos de envío incluidos cualquiera que sea el punto de destino del planeta, por lejano que este sea o por complicado que sea su alfabeto. Próximamente informaremos de la edición (en Sony, Polygram, Virgin o alguna de estas) de sus discos para las obras de teatro Macbeth y Morir... o no. Asimismo las cartas de sus enfervorecidos fans y aduladores, no tengan inconveniente en enviárnoslas a la redacción: se las leeremos en voz alta y les transcribiremos a continuación su ingeniosa respuesta.

 

 
Núm. 1 Octubre 2002. Teína. La compañía del té. redaccion@revistateina.com