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Itinerarios pretende ser un punto
de encuentro para los contadores de viajes. Hay muchas maneras de
viajar y no menos maneras de contar lo que se vio. Por ello nos
animamos a abrir este espacio a lo puramente confesional que ofrece
la experiencia del viaje a quien se aventura en él. Por supuesto
que no hace falta brindar siempre por lo exótico y lejano,
aunque en esta ocasión sí que hayamos abusado un poco
del kilometraje, si tenemos en cuenta las palabras con que más
abajo nos hacemos acompañar del andarín Josep Pla;
lo cercano, casi lo inmediato, también requerirá de
nuestra atención en un futuro esperemos. De momento,
tiramos de nuestros viajes a Londres y Marruecos, ganamos tiempo
mientras tanto y les invitamos a compartir las experiencias. Ojalá
disfruten de las narraciones tanto como disfrutamos nosotros con
los viajes.
A modo de preludio hemos buscado esta INVITACIÓN
AL VIAJE con que Josep Pla abre su libro Viaje a pie. Pla (Palafrugell,
1896 Llofriu, 1981), además de polémico, es
uno de esos Kerouac «made in Spain» salvando las
distancias y los continentes, claro que hay dentro de nuestra
literatura sobre los que merece la pena hacer punto y aparte. Escribió
esencialmente de manera autobiográfica y testimonial, tanto
en castellano como en catalán (durante la dictadura franquista),
y por la lucidez con que habla de la gente llana (payeses) que le
rodea, la perfección con que recrea el paisaje que le acompaña
y la excelente prosa que destila para ello bien merece ser tenido
en cuenta a la hora de meter en la mochila un libro con el que viajar,
sobre todo si uno va al Ampurdán, su tierra.
INVITACIÓN AL VIAJE
A esos muchachos tan simpáticos
que encontrándose en el umbral de la puerta de la vida se
sienten poseídos del noble impulso de la ambición
personal y yo supongo del archinoble impulso de servir,
y preguntan: «¿Qué hemos de hacer? ¿Podría
usted tener la amabilidad de darnos una orientación y decirnos
lo que podríamos hacer?», yo les aconsejaría
un viaje a pie.
Ante todo, un corto viaje a pie por una
de nuestras comarcas, por ejemplo, a través de mi país,
del Bajo Ampurdán, a base de un itinerario que comprendiera
un número de poblaciones muy pequeñas un número
de poblaciones payesas que no pasaran de quinientos habitantes.
Les propondría que pasaran de una a otra población,
no por los caminos reales y las carreteras del orden que fueren,
sino a través de los caminos vecinales, los atajos y las
veredas. Ello les permitiría detenerse en las masías,
en las casas de labor, ver el maravilloso paisaje que cada año
construyen nuestros payeses. Desde el punto de vista de nuestra
estructuración social, nuestras masías son importantísimas:
de ellas ha salido, sale y continuará saliendo la mejor sangre
del país, su fuerza humana básica, perennemente activa,
positiva y ascendente.
Su viaje debería tener un objeto:
informarse, enterarse de lo que es el país, de cómo
vive en él la gente, empaparse de la manera de ser básica,
inalienable, insoluble, del material humano. Sería lo
digo de antemano un poco difícil de resistir y no solo
por las incomodidades que se irían encontrando, que eso no
sería nada, sino por la cantidad y la calidad de la información
que al paso iría saliendo que sería brava, desapacible,
complicada, a veces de una profundidad insondable. Es muy
posible que pocos la resistieran, a pesar de que la primera vuelta
no debería durar más de quince días. Quienes
demostraran resistencia podrían luego emprender un viaje
de un mes o de un mes y medio, siempre a pie y pasando por poblaciones
del tamaño ya dicho.
Josep Pla, Viaje a pie
Edita Confederación Española
de Gremios y Asociaciones de Libreros.
Distribuido desinteresadamente por Plaza
y Janés, S.A. Editores, 1979
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