| |
(Los colaboradores
y algunos de los integrantes que se presentan en esta página
pueden variar según la edición)
A quiénes deben arrestar, en caso de delito
 Lucio |
|
Con una edad todavía confesable,
maese Latorre es un hombre completo y adaptado a los tiempos modernos,
donde todo ha de hacerse compatible con el fútbol: periodismo,
cine, comunicación... nada debe ser excluyente del fútbol,
según dicen, y por ello debe de ser que a casi todas las
reuniones vino pertrechando con su elástica franjirroja,
por si acaso. Repetimos que, además de librepensador, está
libre y que por ello no duden en ocuparlo aquellos que quieran darle
trabajo o aquellas que quieran darle motivos por los que arrancarse
esa camisola por otra. En cuanto nos saquemos un poco más
de tiempo de donde no lo hay, es decir, de las veinticuatro horas
reglamentarias con que jugamos a esto de vivir, ha prometido darle
profundidad al tema del cine y seguir viajando. Recuérdenselo,
no se le vaya a olvidar. Por cierto, si ven a Caetano Veloso díganle
que Lucio lo está llamando día y noche para entrevistarlo,
pero que no sabe por qué razón no le coge el teléfono.
¡Será posible!
 Juan
Pablo |
|
Venía enlatado en el mismo pack
de atún en escabeche que don Lucio, como producto estrella
en la cesta de la compra que nos enviaron desde algún supermercado
de ultramar. Naturalmente no dudamos un minuto en armarnos de abrelatas
y sacarle tajada a eso que nos contaba de que lo que a él
le gustaba, además del periodismo, era la fotografía
y andar preguntándole a la gente qué opinaba sobre
cualquier cosa, esto es, más periodismo. Por complexión
no podemos permitirnos criticarle en demasía, aunque, desafortunadamente
para nuestra parte más adrenalínica, primitiva y sin
explotar, nuestras reuniones alentadas por los cafés, el
té y la cerveza, según a qué horas y en qué
lugares, discurren pacíficas y sin muchos sobresaltos. Asimismo,
por el bien de su salud conyugal, es decir, de su yugular, tratará
de amenizarnos con toda clase de chucherías la parte teatral
de este nuestro reducto. Para abrir boca ya logró combinar,
cual malabarista, teatro, entrevista, crítica y rueda de
prensa, ¿quién da más? Prepárense, que
igual agarra la guitarra, se pone cómodo y no para en toda
la noche de tocar.
 Rubén |
|
Energúmeno vital según qué
días, qué calles y qué bares de la ciudad,
qué estaciones de tren o del año, qué posiciones
relativas de los astros y las panaderías con empanadillas
de espinacas o cebolla. Géminis, por supuesto, apuntarían
unos; mercuriano en toda regla, apostillarían otros que han
leído libros sobre la materia. Él suele encogerse
de hombros que no de hombres frente a este tipo de afirmaciones
y prosigue, con las manos en los bolsillos, en búsqueda de
un lugar donde sentarse a leer un rato (también a la caza
y captura de una serie de inconfesables que no vienen al caso, pero
que denominaremos genéricamente cetáceos o ballenas
blancas). Es su irresponsabilidad la que le ha conducido a hacer
de lo que tiene que ver con la literatura una especie de Sodoma
y Gomorra, que no está muy claro si se lo van a perdonar
los autores elegidos. En fin, este también come (y es) atún
y lo encontrarán en su supermercado haciéndose el
despistado, no sin cierta maestría gestual cien veces ensayada,
ante la impaciencia de quien dice llevar nada más «dos
cosas» y que espera que sea él quien le dé pie
a colarse en la caja.
Si a los tres anteriores se conviene
en llamarlos «los atunes», con las amplias connotaciones
que se quiera dar a la palabra, es porque todos ellos podrían
escribir encíclicas papales y crónicas de ciudades
devastadas y hasta darle vida de nuevo a la biblioteca de Alejandría
a fuerza de escribir, que si las manos de los dos tiranos cibernautas
no quieren dar el callo, los tres de arriba nada o poco (darse golpes
contra la pared es también una posibilidad) podrían
hacer. Ellos son los profesionales del medio, los que se mueven
como auténticos peces en el agua y no enlatados en unidades
de a tres como los otros. Son ellos los que saben del idioma y sus
dialectos que se habla en los parajes digitales; son ellos quienes
tiranizan al populacho con su insistencia en no sé qué
arquitectura de la información y términos similares.
Mejor tomarse una cerveza con ellos y encauzar así la conversación
por otros derroteros más comunes, más de gente normal
y corriente, que termina sus veladas a altas horas de la madrugada
en sospechosos estados de somnolencia. Tampoco está mal la
opción de ir un fin de semana a subir con ellos al Penyagolosa
y dormir sobre el suelo en un lugar elegido a tientas y cerca de
donde las moscas se agolpan a la luz del día, o intoxicarse
de Franco
Battiato en los trayectos a cuatro ruedas, nada mal.
Para cualquier insinuación: juanvi@estevedurba.com
Los colaboracionistas
 Santi |
|
Anfibólogo por naturaleza y vocación
divina, creador de desordenes antinaturales según las normas
y sus directrices (meretrices) que tanto incomodan a quienes compartimos
con él nuestras palabras; normas al fin y al cabo aceptadas
por otros, que no somos nosotros -más pacatos e ignorantes-
para embellecimiento, lustre y amaneramiento un tanto churrigueresco
a punta de Magnum RAE del 99 (mm parabellum) de cuanto afeamos por
esta boca y estos dedos... aunque luego, en el fondo, nos guste
que si decimos algo, quede convenientemente acicalado. Un ojo que
todo lo ve y otro que todo lo corrige, hasta lo inverosímil,
hasta aquello por lo que usted pondría la mano en el fuego
después de tanto colegio de pago y suscripción a revistas
sesudas y pedantes. Estilista, pero de los de estilete y empellón
de don Pelayo a las bravas -bravo él, bravas ellas: las palabras,
las patatas: muchachas todas de buen ver y mejor morder-; anti-galicista
de cuanto no sean centollos, ostras, percebes y delicadezas similares
al paladar; comprometido con la causa que combate al beligerante
anglicismo en su propio medio, en su propia salsa, en esta cruzada
en tierra infiel (al castellano) que es la red de redes; gentilhombre
de refinadas maneras e indignación fácil por el embrutecimiento
del lenguaje conforme pasan los segundos de esta Historia que se
nos va de las manos. En fin, mejor tenerlo de nuestro lado que de
ariete contra la puerta de casa empujado de manera airada por las
manos del enemigo.
 Carmen |
|
Ella llegó, como los buenos
en las películas, de improviso, sin avisar, mientras mirábamos hacia
otro lado y nos enredábamos en nuestro particular viaje a ninguna
parte. Fue una suerte que abandonara de una vez por todas Alemania,
pues de la suma arbitraria de nuestras testosteronas ya cuasi falleras
(o fallidas) nada bueno podía salir; así que la aceptamos como talismán,
como signo cabalístico del que hacer uso para combatir los peligros
que la invisibilidad de este primer número nos comenzaba a plantear.
Ella estuvo ahí pero sin estar, como las texturas en los cuadros,
como el sexo en el amor, como las aceitunas en los martinis, entre
Ahab, Moby Dick y los proyectiles fugitivos y, al final, nos dimos
cuenta de que sin ella, con tanto hombre lobo en París (*),
nada bueno podría haber pasado. Por supuesto, hablamos de Carmen,
de Bizet, o de Bizancio, o de Vicente, vaya usted a saber.
|
|