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lógica y sentido de los museos


Desde que existen, los museos han sido siempre tema de discusión. Sobre la manera en que funcionan, la forma en que se relacionan con el público y hasta su propia razón de ser se ha discutido mucho a través de los años, en los cuales, además, han experimentado grandes cambios. En este dossier ofrecemos enfoques sobre estas y otras cuestiones, con el fin de lograr una mayor comprensión de esas inconfundibles instituciones que nos rodean.

por lucio latorre





Cuando se habla de los museos hay cuestiones que, inevitables, siempre surgen. Cuestiones como si realmente son un vehículo apropiado de educación, si están orientados a todo público, o sí, por el contrario, tienen un disminuido perfil democrático.

El debate acerca de si efectivamente alguien puede aprender algo, recibir cierta educación en los museos, lleva siglos. Y por señalarlo de forma resumida, hay que indicar que las potencialidades para alcanzar esos objetivos están, aunque, para que puedan plasmarse, entran en juego muchos otros factores que van desde las estrategias de didáctica adoptadas por los museos, hasta la formación educativa y cultural de cada visitante, por mencionar solo algunos. Y en la denominada «era de la comunicación» está claro que este factor no es ajeno -sino crucial- al asunto.

Para la especialista Amelia Arenas, la educación de los museos cae muchas veces en lo que llama fracaso social, y una de las principales razones tiene que ver con la comunicación. O para ser más precisos, con la incapacidad de muchos museos de comunicar de manera acertada sus propuestas, de llegar al público y de recibir de este sus reacciones.

En su trabajo Los estudios de visitantes a museos. Fundamentos generales y principales tendencias, Ana María Cousillas habla de un cambio de dispositivo cultural en el que se halla el museo como institución, cambio que atribuye a la consolidación de «la era de la comunicación». La académica indica que durante décadas el museo «fue parte de un gran dispositivo cultural compuesto por la escuela, los periódicos, la biblioteca pública, la radio y el cine. Ahora el museo es parte de otro dispositivo de interpretación al que se han agrupado la omnipresente televisión y las industrias culturales, y en forma creciente los mundos virtuales de Internet».

Una de las principales características de este cambio es que ha servido para desmitificar la verdad única que manifestaban los museos, y posibilitar así la multiplicidad de lecturas por parte de los visitantes. En palabras de Cousillas, el nuevo modelo «no solo invalida las interpretaciones hegemónicas y únicas del patrimonio cultural, sino que posibilita y legitima múltiples lecturas, algunas plausibles, otras banales, aun aquellas prejuiciosas y erradas».

Como bien lo explica en su mencionado artículo, «no todos los sectores sociales, étnicos, regionales, ocupacionales, se vinculan con el patrimonio cultural de la misma manera (...)», y recuerda que cada visitante está siempre interpelado por diversos discursos sociales y tiene diversas competencias semióticas, por lo cual, cuando concurre a una exposición, «construye su propia visión en función de sus expectativas, intereses y competencias previas. El museo lo que puede hacer es proponer un menú de posibles lecturas, o identificar explícitamente la que sostiene institucionalmente, pero la lectura efectiva será la que cada visitante haga finalmente»:

LECTURAS Y MÁS LECTURAS

Si bien de esa multiplicidad de interpretaciones posibles puede inferirse que la del público es una composición variada e integrada por visitantes provenientes de distintas capas sociales, no alcanza para hablar de un museo del todo democrático. Como comentan al respecto Alicia De las Nieves Sarno, María Grande y Florencia Lloret en Museos: ¿Nuevos públicos o nuevas actitudes?, «democratizar el museo es básicamente democratizar su mensaje, posibilitar su apropiación a cualquier categoría de visitante, con edades, intereses, motivaciones o nivel económico diferentes».

Este es justamente uno de los puntos clave de la relación de los museos con el público: los niveles del lenguaje utilizado. «La exposición debe presentar su discurso en distintos niveles de lectura para que ninguna categoría, por no poseer los códigos necesarios para interpretar el mensaje, quede excluida», añaden Sarno y compañía.

Sobre el tema, y en tono crítico, Amelia Arenas destaca que «la escritura del museo resulta, en el peor de los casos, incomprensible y, en el mejor, insoportablemente aburrida. El estilo típico de la escritura museística evita el lenguaje evocativo, huye del tono emotivo y está poblado de verbos impersonales».

Consultado por Teína, el director del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM), Rafael Company, dijo que «todos los museos deberían poner el acento en la comunicación. Es decir, que aunque el patrimonio con el que cuenten sea brillante, debería haber un esfuerzo de transmisión del conocimiento para la gente que en principio no sabe que esos contenidos son una maravilla». Company piensa que «este es el gran desafío de ahora en adelante para los museos y lo que lo diferenciará de los museos hasta ahora existentes».

Y con mucho sentido común, aunque no por ello menos acertado, comentó que «las personas que están formadas, los que son especialistas, usan los museos casi como complementos. Y como esta es una sociedad que no va en camino de aumentar el número de eruditos, las infraestructuras como los museos deben estar muy volcadas a ese público que no tiene conocimientos profundos en estos temas y que a priori no tiene interés». Es decir, buscar las mejores vías de comunicación para llegar a los públicos menos familiarizados con las propuestas culturales y museísticas.

Por su parte, Javier Molins, Director de Comunicación del también valenciano IVAM, manifestó a este medio que «hay que buscar distintas maneras para acercarse al público y romper con la barrera de incomprensión que hay a veces». Buscando ser más gráfico dijo que «hay gente que no entiende determinado tipo de arte porque no tiene el registro necesario. Es como lo que pasa con un poema escrito en croata, Por más bueno que sea ese poema, si quien lo lee no sabe croata no entenderá ese poema. Entonces lo que hay que hacer es un esfuerzo para que un mayor número de personas tengan ese registro».

De ahí entonces la importancia de que los museos elaboren sus mensajes a varios niveles, para llegar a los distintos sectores que componen su público real y su público potencial.

Todo esto que hoy se sabe es el resultado de numerosos estudios que desde hace años se vienen realizando sobre la composición del público de los museos y de sus conductas. Precisamente esas investigaciones dieron pie para incluir el marketing en la órbita de las actividades principales de los museos. Aquí radica una de las grandes diferencias del museo contemporáneo respecto del tradicional.

MARKETING: ¿BANALIZACIÓN DEL ARTE?

Desde hace muchos años venimos asistiendo a esa reconversión de los museos que, como mencionan Sarno, Grande y Lloret, ya no esperan pasivamente que la gente se acerque «sino que el museo sale en busca de su público y su no público», valiéndose para ello de las más diversas estrategias de marketing. Hoy prácticamente no hay un museo, entre los grandes y los no tanto, que no aplique alguna estrategia comercial en su gestión.

Pero también es cierto que esta búsqueda, a veces desenfrenada, de nuevos públicos, puede ser un arma de doble filo, y exponer con eso a los museos a duras críticas. La más habitual, la de banalizar el Arte en pos de tanta difusión. «Hay gente que piensa que ciertas iniciativas para atraer al público implican banalizar el Arte, cuando lo que se está intentando es que el Arte llegue a la gente. Esas personas dicen que lo que hacen es defender el Arte, pero en realidad lo que defienden es el Arte para unos pocos, reflexiona Javier Molins, quien de todas maneras busca dejar en claro que el marketing «es una herramienta que debe estar al servicio del museo, y no el museo al servicio del marketing».

Por su parte, Rafael Company se mostró consciente de que «al democratizar el acceso a los museos, uno de los riesgos que se corre es banalizar el mensaje que se busca dar». Pese a ello no cree que los mensajes deban estar orientados a las personas con mayor formación y bagajes culturales «que son quienes más instrumentos tiene a su servicio», sino que deben estar estructurados «para llegar a un público más amplio y buscar expandirse hacia estratos que a priori no son sensibles a estas cuestiones».


 
Núm. 1 Octubre 2002. Teína. La compañía del té. redaccion@revistateina.com