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El otro cine
Todas las salas no son iguales


Aunque no abundan, existen espacios que ofrecen producciones diferentes al de las grandes salas. La Filmoteca de Valencia es uno de esos lugares. Aquí, el responsable de Programación, José Hidalgo, nos explica su sentido y función.

Pese a la multiplicidad de voces que en las últimas décadas han venido advirtiendo sobre el avance del cine puramente «comercial» (especialmente norteamericano), la hegemonía de este en los grandes circuitos de exhibición ha ido aumentando progresivamente hasta llegar al nivel apabullante de hoy en día. Esta realidad ha provocado (y es un fenómeno que se da en todo el mundo) que películas de características, enfoques y tratamientos diferentes a las más habituales tengan cada vez menos presencia en las salas principales.

En consecuencia, las películas de cine «serio» o «vanguardista» han ido quedando para espacios alternativos. De ahí la importancia entonces de esos lugares cuya existencia y función se basan en dar a conocer justamente las filmografías menos conocidas.

Un claro ejemplo de estos espacios son las filmotecas existentes en varias ciudades españolas. Teína conversó al respecto con José Hidalgo, director de Programación de la Filmoteca de Valencia, quien explicó que esta «tiene básicamente una labor de recuperación, conservación y restauración del patrimonio cinematográfico. Y complementando esta función está la difusión de la cultura cinematográfica a través de una política regulada y continuada de exhibición».

¿Cuáles son los criterios en los que basan la programación?

Si el objetivo es la difusión de la historia y la cultura cinematográfica lógicamente tenemos que tener en cuenta diversos criterios para que ese objetivo se cumpla de la manera más amplia posible. Tenemos que diversificar la oferta siguiendo diferentes criterios. Hay algunos que son estrictamente cinematográficos que responden a la propia historia y teoría del cine, según los cuales hacemos ciclos por género, por movimientos determinados o monográficos sobre directores. Y también hay otros ciclos que están en relación con cierta demanda social, que se canalizan a través de distintas asociaciones y entidades que nos demandan material sobre determinados temas. Por ejemplo, si se hace un Congreso de Psiquiatría por ahí nos piden un ciclo de Cine y Locura, y lo integramos dentro de nuestra programación regular.

Si bien es cierto que en la Filmoteca se exhiben con frecuencia películas antiguas sería incorrecto pensar que la programación se hace únicamente con la nostalgia por los viejos tiempos...

Nuestra actividad no consiste solamente en la recuperación, por decirlo, arqueológica de la historia del cine, sino también en dar a conocer manifestaciones actuales. Por lo tanto hacemos también estrenos y pre-estrenos. Y también nos ofrecen a través de entidades culturales extranjeras ciclos sobre el «ultimo cine» de determinado país.

En las salas más comerciales hay un interés muy directo por atraer importantes cantidades de espectadores y en función de eso se hacen las programaciones. ¿De qué manera se trata la cuestión de las espectadores en la Filmoteca?, porque no parece que trabajen con esa presión...

No se trabaja con esa presión, pero también es cierto que debemos equilibrar la oferta para que la concurrencia no sea estrictamente minoritaria. El trabajo de la Filmoteca no se tiene que regir por los parámetros de la exhibición comercial, pero tampoco debemos olvidar que tenemos que ofrecer una actividad cultural para la ciudadanía y que tenemos que conseguir que el espectador más o menos cinéfilo sepa que existe la actividad de la Filmoteca. Claro que según el ciclo y las películas el público es minoritario o concurre masivamente. Por eso buscamos equilibrar la programación.

Uno de los riesgos que suelen correr espacios como la Filmoteca es que se les ponga la etiqueta de elitistas.

Cuando tenemos casi 60 mil espectadores anuales más veintitantos mil en la Filmoteca de Verano, no creo justamente que seamos elitistas.

Que la Filmoteca sea uno de los pocos lugares que ofrecen un cine diferente, ¿te parece que sea una buena señal?

A mí me gustaría que en las salas comerciales hubiera más oferta y que pudieran llegar películas que nunca llegan. Creo que si a esas salas llegaran más producciones actuales de cine latinoamericano, asiático, africano y de otras zonas y no básicamente cine norteamericano, nosotros podríamos centrarnos más en la actualidad de recuperación histórica del cine.


 
Núm. 1 Octubre 2002. Teína. La compañía del té. redaccion@revistateina.com