Se vende una actriz (25 dispersiones)

Entrevista a Juja, compañía de teatro de café teatro de Valencia: «Detrás de nosotros no hay una ideología política, hay una visión de la vida y ya está»

Ser director y autor al mismo tiempo

 


...........................

 

Entrevista a Juja, compañía ganadora del circuito de café teatro de Valencia, 2005.

«Detrás de nosotros no hay una ideología política, hay una visión de la vida y ya está»

 

Juan Andrés González y Jano de Miguel son JUJA, una compañía de teatro que ha hecho sus tablas en los bares y que se caracteriza por un humor directo, irreverente, bestial. Este año JUJA ganó el primer premio del Circuito de café teatro de Valencia, certamen en el que participan todas las compañías programadas en los bares de esta red y que cuenta como jurado con importantes representantes del teatro valenciano. Pasada la etapa de formación y acoplamiento, actualmente JUJA disfruta ya de un gran éxito entre el público que frecuenta esta alternativa teatral. teína conversó con ellos  para saber cómo funciona una compañía que ha salido adelante haciendo teatro en bares, y no en los circuitos oficiales.

 

Alejandra Garrido Buzeta
alejandramelfi@yahoo.com

 

 

 

REBELDES ESCOLARES

¿Cómo empezó Juja?

Juan: Nos conocimos hace cinco años y medio en la Escuela de arte dramático de Valencia. No éramos compañeros.

Jano: Éramos muy afines, sin conocernos ya nos habíamos dado cuenta de ello.

Juan: Nos unía, entre otras cosas, el hecho de no estar a gusto en la escuela… Porque no había vida, no se proponían cosas… Ambos éramos muy activos, hasta que entramos a estudiar; y eso un día estalló: Jano se me acercó en la cafetería de la escuela y me dijo: «¡Hagamos algo por favor!». Yo no había hablado nunca con él, más que los saludos de los pasillos. Él pensaba que yo tocaba la guitarra y me propuso hacer algo con eso en los bares. El caso es que yo pensaba que el que tocaba era él. Finalmente ninguno tocaba... Pero el caso era hacer algo, era una necesidad.

Jano: Siempre me había atraído la noche, el café teatro, todo el rollo del cabaret. Y más aún en esa época en que empiezas, eres estudiante, no sabes de qué va todo y te van la bohemia y las copas. Aquí en Valencia no había café teatro aún, y a mí me tiraba mucho. Había pensado lo de la música por acercarlo más a los bares. No había ninguna pretensión, ni ir en contra de la escuela ni nada; sólo queríamos divertirnos. En la escuela, nos quitaban los carteles porque no era bien visto que los alumnos trabajaran cuando se estaban formando.

 

Cuando entrasteis en la escuela, ¿sabíais qué queríais hacer o allí empezasteis a definiros por el teatro de humor?

 

Jano: Yo quería hacer teatro. Había hecho una obra y me había encantado la experiencia. Yo era muy sociable y popular, pero era un tío raro; nunca me gustó lo que le gustaba a todo el mundo, tenía una inquietud y no sabía cuál, hasta que descubrí el teatro y me di cuenta de que era eso. Y no me lo pensé dos veces. Mis padres me apoyaron enseguida.

Juan: Yo me fui engañando, hasta que ya no pude hacerlo más. Desde niño, para todos mis trabajos, utilizaba la interpretación; en vez de hacer el trabajo, hacía una escena que tuviera que ver con el tema que me había tocado —lo veía menos pesado que hacer otra cosa—, la escribía y la representaba. A lo mejor por eso me gustan tanto los monólogos. Luego me metí a Filología. Me gustaba mucho también, me lo tomaba muy en serio. Con el tiempo, descubrí que, en verdad, lo que me llenaba era el teatro.

 

¿Creéis que las escuelas preparan para lo que hay fuera?

 

Juan: A mí, la escuela me ayudó para afianzarme en mi deseo de ser actor. Puedes ser actor sin pasar por la escuela, pero ésta te ayuda a tener claro lo que quieres, a mí al menos. También va muy bien para desarrollarte en el aspecto técnico, vocal, físico.

Jano: A mí, me ha servido mucho técnicamente; pero lo que no me dio —y me hubiera gustado mucho— fueron incentivos artísticos. Además de formarme como marioneta técnica, estaría bien que te enseñen a crear. De todos modos, tengo mucho respeto por las escuelas teatrales y creo que en éstas cada cual debe buscar lo que le sirva. A mí, criticar a los profesores, o lo contrario, que sería meterte ciegamente en una filosofía teatral, nunca me ha ayudado. Pese a que el teatro lo veo como una forma de vida, no tengo que rezar a Stanislavski para subirme a un escenario. Y a veces es lo que se pretende. Un profesor mío decía: «Hasta que no tengas cincuenta años de tablas no puedes realmente hacer teatro». Sin embargo, el teatro es algo tan natural que no tienes por qué subirlo a un plano etéreo como ése. En la escuela, te preparan para ser la primera actriz; y luego no sabes ni manejar un foco. Sólo hay una directriz: el misticismo. Lo que hay fuera es otra cosa.

Juan: Tienes que ser tú mismo antes, durante y después de la escuela el que tenga inquietudes y abrirse, y tratar de tener claro qué pretendes hacer.

 

¿Cómo trabajáis?

                                                                                                        

Jano: Casi no ensayamos. Escribimos el texto, lo montamos, nos repartimos los papeles y buscamos los resortes. Sabemos dónde vamos a empezar y dónde vamos a acabar, salimos al escenario con el público y allí vemos cómo funciona el asunto. Improvisamos mucho, sobretodo cuando empezamos.

 

ANTE TODO MUCHO HUMOR

 

¿Por qué el humor?


Juan: A mí es lo que más me gusta, incluso para que la gente llore. Si hay que conmover me gusta siempre pillarlos desprevenidos desde el humor.

Jano: Yo no diferencio mucho ambas cosas. Es como la vida; no te estás riendo todo el día, ni llorando.

 

¿Con qué tipo de humor os identificáis?              

                                                       
Juan: Siempre que intentamos definir lo que nos gustaría hacer, nos situamos en medio de un triángulo formado por: Faemino y Cansado, Tricicle y Leo Bassi.

Jano: A mí me gusta mucho Leo Bassi; la televisión sólo dio a conocer su faceta más escatológica, pero es un provocador nato. Él tenía un espectáculo que se llamaba el Bassibus: la gente subía en un autobús que paseaba por todo Madrid y, al igual que un autobús turístico, se iba deteniendo en diferentes puntos donde se les explicaban todas las especulaciones que el gobierno había cometido ese año para conseguir tal terreno o construir tal centro comercial... Un espectáculo muy atrevido, incisivo. Bassi también tiene otro espectáculo que es una especie de conferencia en la que habla sobre el público y define su manera de ver la democracia: coge a uno del público y dice que lo va a quemar —ya está pactado, pero tú te crees que no—, lo rocía con gasolina y te dice que eso es la democracia, que realmente las minorías no cuentan, que él se va a quemar, pero que todos los demás nos vamos a reír y va a haber un espectáculo, y que ése es un pequeño sacrificio que hay que hacer por el espectáculo. Para mí, Leo Bassi sí que es contracultura; él va a saco: ve algo y se ceba con eso.

 

¿Cómo recibe la gente vuestras propuestas tan bestias?   

 

Juan: En el espectáculo anterior teníamos una escena muy dura, que rompía mucho el rollo de la carcajada y del humor, que iba del maltrato a la mujer.

Jano: Lo sacamos de una noticia que vimos en la prensa: un juez dictaminó que no hubo ensañamiento en el asesinato de una mujer que había recibido setenta y ocho puñaladas. Nosotros le dimos la vuelta y lo trasformamos en una escena; con mucho respeto, eso sí. Iba de un hombre maltratado que va a contar su experiencia a un programa de televisión. A medida que avanzaba el relato te dabas cuenta de que, en realidad, era todo lo contrario, que era él quien maltrataba a su mujer; pero además a lo bestia y que el presentador le daba razón en todo para añadir morbo. Un día se nos acercó una mujer para decirnos que le había gustado mucho y que ella también había sido una mujer maltratada. En vez de sentirse ofendida, nos felicitó por tratar esos temas; eso es muy gratificante.

Juan: Retratamos lo que está ahí, la pura verdad, sólo le ponemos el acento para llevarlo al escenario. No queremos herir sensibilidades, sólo decir la verdad; y es duro, pero está allí. Tenemos mucho miedo a ser mal interpretados; no me gustaría que dijeran: «Estos tíos se están riendo de una desgracia ajena». No es eso. Para nosotros, las palabras tabú no existen, y en el humor menos. El humor debe ser lo más afilado posible; si te censuras estas perdido.

 

¿Os gusta otro tipo de teatro?     

                                                                                                 
Jano: Soy un apasionado de Shakespeare. Disfrutaría mucho haciendo un papel como el de Otelo. También me encanta Lope de Vega; a mí me gusta ese tipo de teatro.

Juan: A mí me gustan mucho los monólogos, pero no me refiero a los del Club de La Comedia, sino a monólogos teatrales. Me encanta estar solo en el escenario... A veces, si no estoy con el me gusta estar solo...

Jano: ¡Y a veces se cree que está solo el tío!

CONTRA QUÉ O CONTRA QUIÉN

 

¿Os sentís parte de la cultura? 

                                                                             
Juan: Pues tanto como puede sentirse un mecánico o un carpintero.

Jano: O un artesano. No me refiero a un artista que hace muebles de diseño y vende una silla por mil millones de pesetas, sino al tío que está trabajando ahí, todos los días, haciendo sus cuencos.

 

¿Os gustaría recibir subvenciones? 

                                                                     
Juan: De momento no está en nuestros planes, pero en un futuro, si nos quisieran, siempre que no coartaran nuestra libertad artística, ¿por qué no? De todos modos, supongo que no nos darían una subvención si se nos ocurriera criticarlos a ellos.

 

¿Cómo lleváis lo de ponerle precio a lo que hacéis?                                                                                                  
Jano: Bien, cada vez le ponemos más precio.

Juan: Depende de la demanda y de lo que ofrecemos. Cuando empezamos nos daba vergüenza, pero ahora nos hemos dado cuenta de que ofrecemos un espectáculo que genera beneficios. No se trata de ponerle un precio, se trata de poder seguir dedicándome a esto; y para eso hay que ganar dinero.

Jano: En el café teatro, en un bar, sí que generamos beneficios, a lo mejor en un teatro no. Para posicionarte en la sociedad tienes que entender que ésta funciona así: somos una empresa, una empresa artística; pero una empresa. Reivindicamos la imagen de este tipo de espectáculos; no somos payasos, tenemos un espectáculo con unas condiciones económicas y técnicas, y queremos que nos las respeten.

Juan: De todas formas, somos muy conscientes de adónde vamos y de lo que nos pueden pagar. Si vamos a un pub, evidentemente, no queremos que le vaya mal, queremos estar a gusto y que nos paguen lo que es justo. De hecho, más de una vez, por falta de publicidad o que sé yo, el espectáculo no ha ido bien de público y no hemos cobrado; hemos fijado otro día para hacerla bien. No somos unos peseteros; somos muy conscientes de lo que hay y cobramos por nuestro trabajo. Si las condiciones no se dan y no lo podemos hacer —que nos ha pasado—, no cobramos.

Juan: Al principio cobrábamos lo mínimo. La primera vez que nos pagaron fueron diez mil pelas (sesenta euros). Pero antes habíamos hecho muchas funciones gratis, para que la gente nos conociera y nos llamara.

Jano: Y ahí nos ha pasado de todo, desde actuar gratis hasta que fuera un señor a decirle al dueño del local: «Mira que me ha gustado mucho, no sé si lo tomarán a mal, pero es que no sé como agradecerles que me ha gustado», y entonces darle el hombre cincuenta euros al del bar, porque pensaba que nos había pagado poco.

 

¿Qué entendéis por contracultura?


Juan: Lo único que me viene a la cabeza sería la cultura no oficial, no subvencionada. La cultura que va por libre, que no depende de ninguna institución para funcionar. Nosotros vamos más a nuestro rollo, en vez de fijarnos en lo que hay o lo que no hay.

Jano: Es un término que yo no entiendo, como alternativo: ¿eso qué es? En Juja, intentamos hacer una cosa nuestra, sin fijarnos en lo que hay en el mercado; si eso es contracultura, pues bien, y si somos alternativos, pues vale.

Juan: Se supone que somos más alternativos porque no estamos en unos circuitos determinados, pero a la hora de actuar no tenemos un público alternativo y llegamos a toda la gente —niños, niñas, abuelos, incluidos—. No vamos en contra de nada, simplemente vamos a nuestro rollo. Nos metemos con todo, nuestro planteamiento a la hora de hacer un espectáculo es: ¡qué no nos gusta!, sobre qué tenemos ganas de decir algo. Y eso, normalmente, son los extremos.

 

¿Entonces sois más contra-corriente que contra-cultura?                                        
Juan: No somos panfletarios. Detrás de nosotros no hay una ideología política, hay una visión de la vida y ya está. Simplemente observamos, y lo que no nos gusta, lo llevamos a nuestro territorio y lo recreamos a nuestra manera. No tenemos pelos en la lengua.

Jano: Para subir a un escenario y hacer un mitin, ya están los políticos; nosotros somos actores. Tampoco se trata de subirse y no decir nada—como en el humor blanco—, siempre buscamos un tema que nos interese realmente. Está claro que todo es subjetivo y que nosotros tenemos una manera de vivir y de pensar que es más progresista y eso se nota, quieras que no.

 

PLANES FUTUROS

 

¿Con qué soñáis dentro de diez años? ¿La tele, una compañía más grande, qué?


Juan: Ya tenemos una compañía y la tele no nos gusta. Hombre, nos gustaría si pudiéramos hacer una cosa interesante, pero lo vemos muy difícil. Lo ideal sería tener un teatro; una sala ni muy grande ni muy pequeña; acogedora; donde podamos programar nuestras cosas y las de otra gente.

Jano: Una sala en la que puedas ver un buen teatro y tomarte una cerveza antes del espectáculo. Cuando se hacía teatro en el Siglo de Oro, éste se concebía como una fiesta; y eso se ha perdido. A nosotros nos gustaría recuperar ese ambiente festivo.

 

¿Qué es lo próximo que estáis preparando?       

                                                                                                          Juan: Un espectáculo que se llama Trapos sucios, donde actuamos los dos. No es que no nos guste trabajar con nadie más, pero es complicado. Es difícil hacer obras tuyas con otra persona. Para eso, necesitaríamos a alguien que fuera uno más, y eso cuesta. A nosotros nos va bien porque lo hacemos todo: montamos, desmontamos, hacemos diseño de luces... De todas maneras, queremos integrar a más gente, poquito a poco, y generar trabajo para otros. Para el último espectáculo que estamos haciendo, hemos llamado a un escenógrafo.

 

Ahora que os pasáis a un montaje de sala, ¿el formato sigue siendo el mismo?          

                         
Juan: Es un formato a medio camino entre los sketches y las escenas, pero siguiendo con nuestro tono de humor; aunque más teatral. En nuestros espectáculos, siempre decimos sketches cosidos a mano, es decir, que se ven las costuras. Con este último queremos hacer una cosa más fluida; pero no lo sabemos aún, estamos en pleno proceso.

Jano: Lo estamos escribiendo; de hecho, hemos encargado la escenografía y a partir de allí empezaremos a montarlo.

Juan: Es un poco raro. No sé si otros lo harán así, pero nosotros primero tenemos los elementos y de ahí lo sacamos todo. De todos modos, al encargar la escenografía ya tenemos cosas en mente… Estrenaremos a finales de octubre, si todo va bien.

 

¿Qué dudas y miedos tenéis?

                                                                                
Juan: De momento, hacemos lo que nos apetece. Ojalá que podamos trabajar cada vez en más sitios y que la distribución no sea tan complicada; nos cansa mucho ir a vendernos. Sería ideal quitarnos ese lastre, para dedicarnos sólo a lo que nos gusta.

Jano: Sí, nuestro objetivo es dedicarnos a actuar, escribir y dirigir.

 

 

Arriba