Se vende una actriz (25 dispersiones)

Alejandra Garrido Buzeta
alejandramelfi@yahoo.com

 

Siempre tuve la sensación de que el mundo del arte, en general, y el del teatro, en particular, están reñidos con el del dinero. Pero la realidad nos muestra algo muy diferente: la sociedad en la que vivimos nos enseña que de todo se puede hacer un negocio. Por desgracia, me he escuchado ya demasiadas veces decir: «Hago cosas que no me gustan y me dan dinero, para poder hacer las que realmente quiero hacer».

II

El teatro es un acto gratuito. Basta mirar su naturaleza efímera: existe sólo durante el instante de la representación. No se puede guardar para mirarlo otra vez dentro de un rato, ni tampoco retroceder o avanzar. Pregúntenle a cualquier actor, sobre todo si recién empieza, lo difícil que es ponerle un precio a su trabajo.

III 

En realidad, casi nadie conoce el verdadero teatro: el público masivo ni se lo imagina y los actores soñamos con él. Y cuando soñamos con él, nunca soñamos con el dinero que ganaremos.

IV 

En las escuelas recibimos pinceladas de eso que nunca encontraremos en el mundo real, y que buscamos hasta el cansancio o la pobreza.

Lo natural no es hacer negocio. Lo natural es el acto generoso de entregar algo que no sirve para nada, o que sólo sirve para el espíritu. No se puede vender lo que enriquece el espíritu. ¿O sí?

VI 

El teatro debería ocupar el lugar de la libertad de expresión. Debería ser capaz de hacer posible lo imposible. O al menos hacer que lo pareciera.

VII

Me conmueven profundamente las manifestaciones masivas, más allá de la manipulación política. Me conmueve una gran masa de gente que se mueva siguiendo un deseo profundo y desinteresado, un deseo mucho más hondo que la mera consigna política. Recuerdo una manifestación en particular, una en mi país, Chile, cuando triunfó masivamente el NO a Pinochet, y le dijimos que ahí acababa.

VIII

Nací durante la dictadura. Antes de esa manifestación, no conocía otra cosa. Cuando vi a toda esa gente en la calle bailando y celebrando, rompiendo con sus responsabilidades cotidianas, supe entonces lo que era la libertad. Y ahora sé que ésa es la verdadera acción que debería causar el teatro en la gente. El teatro tendría que estar al alcance de todos. En cambio, la cultura y la vida se alejan cada vez más: a la primera le preocupa más actuar como calmante —una especie de sobredosis de Valium— que convertirnos en mejores a las personas.

IX

Hace poco vi la película Noviembre. El argumento es que unos estudiantes de teatro montan una compañía callejera con la finalidad de acercarse a la gente. Su consigna es «no cobrar». Según ellos, si entras en esa dinámica, comienzas transigiendo en pequeñas cosas y terminas vendiéndote entero... ¿Cómo se compagina eso con la vida cotidiana? ¿Qué hacemos entonces los actores para sobrevivir?

XI

Hace mucho que dejé de pensar en el futuro.

XII

También me pregunto a menudo por qué existe tanta saturación en el mundo actoral. ¿Por qué hay tantas escuelas y tanta gente que quiere ser actor? Obviamente por falta de información.

XIII

Creemos que ser actor es como un sueño. Vemos a las estrellas de la Tele —así, con mayúscula—, que son estupendos y que llevan una vida muy fácil. Yo, por ejemplo, entré a estudiar por razones como ésa. Luego, cuando estuve dentro, me di cuenta de que ser actriz era otra cosa y de que resulta mucho más fascinante. Pero ahí también me equivoqué. En la escuela lo que haces es desinteresado y, como mucho, te preocupa la evaluación; no piensas en si vas a ganar dinero. No lo necesitas de momento. No escatimas en nada cuando tienes una idea —y no me refiero sólo a imaginación, sino también a dedicación—: la entrega es total. A menudo pienso que los estudiantes hacen el mejor teatro que he visto.

XIV

Probablemente las entradas para el teatro sean caras. Probablemente la gente prefiera ver obras que le entretengan. Probablemente lo que hacemos sea inútil.

XV 

La mayoría de la gente con la que he hablado identifica nuestra profesión con un talento para imitar o dar vida a un personaje. Para mí, el actor tiene la obligación de ser un creador, más allá del acto de representar un personaje; debe comprometerse con la época en la que vive y con lo que quiere contar.

XVI

¿Es importante plantearme qué quiero hacer y por qué?

XVII

La mayoría de la gente de la calle conoce el teatro justamente a través de esas compañías burguesas que supuestamente no son el verdadero teatro. ¿No estaremos equivocados?

XVIII

Demasiadas veces me pregunto dónde está la verdadera cultura, si en lo que con tanta paciencia nos han inculcado en la escuela o en el lugar contrario, es decir, donde él público llena las salas.

XIX

Siempre he entendido que el arte está en oposición a algo, al menos los movimientos que más hondo han calado han sido los que se han pronunciado contra la sociedad o contra otras manifestaciones artísticas vacías. En ese caso se me hace difícil situar la cultura y la contracultura; para mí la verdadera cultura, generalmente, está en esos movimientos. Insisto en que no hablo de política, pero también es cierto que cuando un país está en crisis es cuando con mayor potencia surgen movimientos artísticos trascendentes.

XX

No digo que todo sea pesimismo. Hay maravillosos proyectos de compañías que se dedican a la investigación y que consiguen reconocimiento y apoyo internacional, pero no todos podemos ser actores de Peter Brook.

XXI

También me desconcierto cuando veo a mis maestros, los que me enseñaron aquello de lo que debía mantenerme alejada, si quería hacer un buen teatro, venderse, o más bien trabajar en esos lugares. Ahora tampoco lo comprendo, pero ya se de que va: somos humanos, envejecemos, y los sueños envejecen con nosotros.

XXII 

No quiero quejarme de nada. Sólo ordeno las cartas en la mesa, para poder entender algunas cosas.

XXIII 

La ignorancia es una gran aliada del éxito: cuanto menos sabes, más audaz eres a la hora de proponer. A veces me siento llena de prejuicios.

XXIV 

No nos engañemos: todos queremos ser exitosos y que nos reconozcan que lo hemos elegido hacer es bueno, al menos para alguna gente. La misión del teatro es comunicar. Para eso necesitamos al público: mientras más público nos vea, más comunicamos.

XXV 

Con frecuencia se compara al teatro con la prostitución. En muchas ocasiones la comparación es acertada: los proyectos en los que no crees y donde participas sólo por el dinero te hacen sentir que vendes tu cuerpo para darle placer a otro, sin que a ti lo proporcione. Eso lo llevas de dos maneras: o te sientes fatal o te acostumbras. Supongo que a las prostitutas les pasará lo mismo.