Editorial

Posturas disidentes frente a la (i)lógica neoliberal

Tres reflexiones sobre la levedad de ser «alternativo»

Sobre la transgresión artística en la sociedad del espectáculo

Colaboración

La edad de la inocencia,
por Pablo Chacón


Entrevista:

Jaime Pastor Verdú
«El gran problema del movimiento antiglobalización es que le falta anclaje social»

 



 

 

EDITORIAL

La subversión contracultural en los tiempos del pensamiento único

 

 

El mote “contracultural” tiene una connotación claramente subversiva, es decir, de sedición de los valores sociales o culturales establecidos o que se pretenden imponer. Ahora, posturas contestatarias hay muchas y motivos para practicarlas más aún. Y es que en un mundo espectacular, es decir, proclive a convertir cualquier actitud en un producto estético preparado para el consumo de personas ávidas de identificación, resulta difícil distinguir los comportamientos adolescentes de aquellos que exigen a conciencia, e incluso de manera organizada, un cambio de la realidad existente. Entiéndase: comprarse una camiseta con el rostro impreso del "Che" Guevara y andar haciendo una oda a la mugre en nombre de la ecología y el ahorro del agua o cantar letras violentas o cortar un animal en tres partes y exponerlo en público puede que sea, con mucho, una actitud de disconformidad llamativa con la realidad pero no alcanza para cambiarla. No, al menos, para organizar las bases con que aspirar a un cambio. Y aun sólo para reconfortar egos.

Probablemente la fatal confusión derive de que son discursos que actúan de modo alternativo a las instituciones políticas tradicionales, esto es, por fuera de la política formal, y de los cuales siempre echa mano el mercado para ofrecer productos ad hoc. Pero, como se dijo, se trata de una confusión fatal, ya que al meter todo en la misma bolsa se eliminan las propuestas que encuentran detrás verdaderos movimientos sociales con propuestas, estudios, exigencias, realidades y conciencia de que el rumbo está errado.

Tales estructuras civiles luchan, tal vez de diversas formas pero con un mismo objetivo de fondo,  contra una concepción del mundo a la que Ignacio Ramonet define como Pensamiento único: una ideología con pretensión universal «de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular las del capital internacional». Surge en el '94, con el acuerdo de Breton Woods. Y sus fuentes principales son instituciones económicas y monetarias, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio o la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico. Mediante financiación, estas instituciones «vinculan al servicio de sus ideas» centros de investigación, fundaciones, universidades, etcétera. Un discurso que, a su vez, es reproducido incansablemente por los principales medios de información económica y que no hace más que subrayar el siguiente axioma: «la economía supera a la política».

Así, pierden poder las instituciones que habían prometido gestionar los asuntos públicos y perseguir el bien común de todas las personas. La balanza se inclina a favor de las ganancias del capital mientras las disparidades en las posibilidades de sobrevivir son evidentes en todas partes. Muchos seres humanos  no pueden mantenerse callados, aun cuando se sienten excluidos de la actividad política tradicional. Es cuando surgen fuerzas variopintas que van más allá de vestir una indumentaria. En rigor, constituyen síntomas necesarios de un mundo enfermo: el cuerpo de la humanidad reacciona contra un sistema viral que lo desequilibra, aunque todavía no haya encontrado la manera de doblegarlo y, aun, de combatirlo con la eficacia necesaria.

Frente a este panorama, determinar qué es y qué no contracultural, quizá implique el riesgo de entrar en el mismo juego de etiquetas explotado por el mercado. Un mecanismo de diferenciación que subraya la originalidad de los consumidores y donde los egos individuales terminan momentáneamente satisfechos. Cuando lo que sí existe son, aparte de las meras posturas, situaciones insostenibles y gente que intenta revertirlas, en este caso, desde fuera de las instituciones clásicas, probablemente por la ineficacia con que éstas estuvieron manejadas.

El dossier de revista teína explora el campo de esas reacciones que se oponen a un modelo social, económico y cultural que se pretende el único posible. Sin olvidar, claro, que en la sociedad del espectáculo no todo lo que brilla es oro, no todo lo que se anuncia transgresor quiere romper, en realidad, con lo establecido.

 

 

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