| Página
2 de 3

Comenzar es siempre difícil
- ¿Cómo fueron los comienzos de ALBENA?
- Empezamos desde muy de abajo, sin recibir ayuda de la administración,
trabajando mucho y sin cobrar nada, intentando vivir de otra cosa.
De todos modos, desde el inicio, nos estructuramos como empresa,
una Sociedad Limitada creada
por Carles y por mí. De entrada, le dejamos claro a quienes participaban
que cobrarían según vendiésemos las representaciones. De nuestro
bolsillo sólo invertimos en la escenografía y el vestuario. Diseñadores,
iluminadores y vestuaristas no cobraron: no teníamos dinero. Tardamos
3 o 4 años en que la gente se hiciera una idea de qué y quiénes
éramos ALBENA.
- ¿Cuál fue el primer montaje?
- Currículum, un monólogo. Nos fue bastante bien,
sabíamos lo que queríamos y nos acercamos bastante: buscábamos
algo que llegase a la gente y que no fuese caro de vender. No
queríamos que se notase que no teníamos medios, sino que pareciese
que no necesitábamos más. Logramos cien representaciones en un
año y pico; y eso para un primer espectáculo está bien. Luego,
empezaron a venir espectáculos mejores y todo se disparó, en especial
cuando fuimos invitados al festival internacional de Sitges.
El teatro: una cuestión de supervivencia
- ¿Qué tipos de ayudas recibís?
- Tenemos una subvención, pero ésta nunca fue lo suficientemente
cuantiosa para permitirnos trabajar con entera libertad. Por ejemplo,
nunca hemos coproducido con Teatres de la Generalitat Valenciana
o el Centro Dramático Nacional. El espectáculo más grande que
hemos podido presentar, con 14 actores, lo hemos hecho por encargo
de una sala independiente. En algunas ocasiones, instituciones
y empresas privadas no se involucraron tanto como nos habían prometido,
y nos hemos vimos obligados a suspender actividades.
- ALBENA es una compañía exitosa. ¿Tienen problemas compañías
como la vuestra?
- No, tenemos problemas. Por ejemplo, creamos Artefactes,
un espectáculo infantil que ganó el año pasado el premio de Teatres
de la Generalitat; sin embargo, apenas nos salieron bolos... Nos
invitaron con esa obra a la feria de Tárrega, que tiene mucha
proyección... Fuimos, como todo el mundo, a porcentaje de taquilla.
Pasamos cuatro funciones y se quedó gente fuera; con todo, a la
hora de hacer la liquidación, como el público infantil paga menos
y como, además, hubo que pagarle a la SGAE y la mitad de los espectadores
eran programadores y periodistas, perdimos dinero —el montaje
de la obra necesita un camión—. Y así siempre. Incluso salas muy
prestigiosas de Barcelona y Madrid te ofrecen ir al 50 % de taquilla,
sin base ni nada. Entonces, cuanto más sales, más dinero pierdes,
a menos que seas Els comediants, La Cubana, Els joglars, etc.
- ¿Perdéis dinero cuando salís?
- Ten en cuenta que, además de pagar los sueldos, hay que invertir
en publicidad. En lugares como Madrid o Barcelona estamos hablando
de invertir varios millones de pesetas en la promoción, el transporte,
el hotel y las dietas. Y por taquilla no entran, precisamente,
millones. Entonces, te vienes con unas buenas críticas y algún
premio debajo del brazo, sí, y con un agujero económico importante.
Por esta razón, aunque te requieran mucho, no se puede ir a todas
partes. Claro, también podríamos hacer sólo funciones que nos
dejaran dinero... Pero así no abriríamos mercados. Para consolidarse,
como ocurre en el campo: hay que sembrar, si quieres recoger.
- ¿Y cómo equilibráis estas pérdidas?
- Las ayudas del Ministerio de Cultura y de Teatres de la Generalitat,
más las taquillas de cuando actúas en Valencia, nos ayudan a equilibrar
los presupuestos. Por otro lado, en los bolos nos manejamos con
márgenes. Cuando voy a un bolo (cobrando un precio fijo), unas
veces gano más y otras menos; pero nos aseguramos de que no perdemos.
Mientras tanto invertimos en la plusvalía del nombre, y que es
lo que aumenta, en definitiva, el cachet de la compañía.
En resumen: salvo que tengas mucho nombre, nunca llegas a vivir
claramente del teatro.
 
Arriba

|