Portada literaria


Lecturas

La televisión: el espejo del reino,
de Enrique Lynch

Entrevista

Unai Elorriaga
«¿Qué hay de autobiográfico en tu vida?»

Venenos nutritivos

Perros viejos, perros jóvenes

Consumibles

La signatura Tiz

Menos de 25 pesos

La cesta de la compra

Ganador del concurso
de relatos de teína


 

REFERENCIAS

Prosa y circunstancia, Enrique Lynch.
Editorial Taurus, Buenos Aires, 1999.

Entrevista en LEA con Nicolás Casullo.
Año 4, nº 30. Diciembre de 2004.

Caso Echevarría, Atxaga y El País
Revistas electrónicas citadas: Rebelión, Actualidad Literaria, El periodista digital y Literaturas.com

Vamos a menos, Juan Goytisolo.
10/01/2000, El País.

(Se refiere a Javier Echeverría y a Francisco Umbral.)

 

 

 

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III

Nicolás Casullo, opinólogo argentino, señalaba en una entrevista que casi el 90 % de los asuntos que se discuten tienen su origen en los medios de comunicación. Y tiene visos de ser muy cierto. Los académicos del asunto denominarían a esta secreción constante y mediática «discurso autogenerado», es decir, podríamos invalidar muchos de los llamados «debates culturales» porque están endogámicamente viciados: tienen su origen y fin en un esperpéntico sistema que apenas fomenta la crítica, y sí el amarillismo modelo revista del corazón. Por mi parte, comienzo a tener más claro el asunto de los pantalones y las zapatillas, que no es poco.

IV

La histeria popular genera fenómenos paranormales como que Harry Potter encabezara las ventas en enero de 2005, ¡pero con un libro que se publicará en julio! Siempre hay un estúpido escritor, pedagogo o padre que defiende la bonanza del fenómeno Potter, y que no se detiene a reflexionar si el fin justifica los medios. Parece no haber más literatura infantil que este mago gafotas, como parecía no haber otros pantalones que aquellos Levis. Si no lees a Harry Potter serás un estúpido. Ése es el excluyente mensaje para los chicos, reformulado por otros como una cálida invitación a la lectura. Cambian los tiempos, se refinan los métodos de manipulación, pero los fines no varían demasiado. Más les valdría a los niños y a los padres leer al otro Potter, Israel Potter, la novela de Herman Melville (bastante mejor escritor). Pero eso es mucho pedir, ¿no?

V

Del libro de estilo de algún grupo empresarial de la comunicación:

Destruir a tiempo la imaginación de los niños facilita lograr con rapidez un adulto memo, acrítico y servil. La educación debe estar en manos de la publicidad, para aliviar así de cargas innecesarias a los padres y acrecentar la avidez volitiva de los chicos. Total, si ya casi nadie viaja al centro de la Tierra.

VI

Hay un espécimen de lector que me provoca una urticaria insoportable: muy contemporáneo, él o ella, sólo lee material del año en curso y que haya merecido publicidad en algún suplemento literario; no pierde el tiempo leyendo a desconocidos y es adicto a comprar lo último de lo último: «¿No leíste La noche del oráculo, de Paul Auster?, ¿y la última novela de Gabo?, ¿y la de Saramago? César Aira, Alberto Laiseca, ¿sí, no? ¿Tampoco?» Entonces se retiran felices, henchidos de sí, ante lo inconmensurable de su cultura. Después escriben con toda suerte de latiguillos y con sintaxis de parvulario, son incapaces de contar el argumento de lo que leen y carecen de una mínima capacidad para la metáfora; sin embargo, su lista de autores célebres les garantiza un bienestar intelectual cercano al nirvana.

(Debo confesar que tampoco soporto a otro grupo: éste suele recomendar libros a diestra y siniestra, miran por encima del hombro a quienes no idolatran a Joyce, leen a los autores que recomendó Borges sólo a sus íntimos, citan en francés a Proust y en alemán a Goethe, y forman una logia francmasónica a la cual sólo se ingresa leyendo los 100 libros que ellos consideran que deberías saber citar para ser uno de los suyos.)

 

 

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