ENTREVISTA A UNAI
ELORRIAGA
«¿Qué hay de autobiográfico en tu vida?»
Alberto Olmos
escritorfantasma@latinmail.com
Con sólo dos libros editados, Unai Elorriaga
ya es un escritor al que merece la pena preguntarle cosas. Incluso cosas
absurdas. En esta entrevista, primero el autor da cuenta de su vida
literaria, tanto de los actos públicos a los que obliga la fama como
de ese momento de intimidad en el que tiene que ser más rápido que su
sombra e inyectar luz en un folio en blanco; después, se somete al novedoso
Test de Vardaman, una decena de interrogantes que llama a las puertas
de su creatividad.
El mundo
es más pequeño de lo que se piensa.
El mundo
es más pequeño que un cementerio.
Yo he visto
el mundo por la televisión,
y es bastante
pequeño.
Un tranvía en
SP
Siempre me ha llamado la atención
un rasgo de los músicos: el hecho de que, aparte de componer sus canciones,
tengan que tocarlas luego ante el público. Creo que las dos cosas, no
sólo no tienen nada que ver, sino que están en contradicción. En el
caso de los escritores, sucede algo parecido con las charlas, conferencias,
entrevistas y clases literarias que os hacen dar. ¿Como afrontas tú
esa obligación de ser un «showman»,
de hablar en público y hacer promoción de tus novelas?
La verdad es que no me molesta demasiado.
A no ser que tenga las amígdalas como un balón de fútbol para jugar
en la nieve. Incluso hay veces en las que disfruto. No disfruto, por
supuesto, cuando tengo que ir a un pueblo a 93 kilómetros del mío a
dar una charla, con lluvia, con noche, para que al llegar allí se presenten
a la charla tres personajes, dos de ellos organizadores (no por interés
sino porque trabajan en el ayuntamiento) y la tercera resguardándose
del agua.
Pero cuando veo verdadero interés, a
pesar de que únicamente sean dos personas, empiezo a disfrutar. Y hago
experimentos: cuento cosas de las que estoy utilizando en la nueva novela.
Y miro la cara de la gente, los gestos, la aceptación, el rechazo, y
todo eso me sirve para entender a los diferentes lectores. Porque todas
las caras no son iguales. Pero cuando hay unanimidad en un gesto, ya
sé que lo que estoy contando va a funcionar igual en Estonia o en Serbia.
Ahora, entiendo perfectamente al escritor
que rechace toda clase de charlas y conferencias. Pero la cuestión es
que muchas personas no entienden la reticencia de algunos y obligan
a ciertos escritores a pasar muy malos tragos. Cosa que es, cuando menos,
perverso.
En relación con lo anterior,
consta en algún sitio tu admiración por Gómez de la Serna, no sólo por
su obra, también por su estrambótico modo de dar conferencias (subido
a un elefante, etcétera.) ¿Has incurrido tú en «performance»
similares o tienes pensado hacerlas en un futuro?
La verdad es que solo no me atrevería.
Pero hice algo parecido con otro escritor, con Julen Gabiria. Salimos
con un balón de rugby y cada vez que uno de los dos le quería pasar
la palabra al otro, le pasaba también el balón (a unos cuatro metros
de distancia). Cuando nos cansamos del balón, cogimos una enciclopedia,
y abriendo el libro al azar, contamos una especie de historia con las
palabras que iban apareciendo (parecido a El pelo de Van’t Hoff).
Otra fase de la conferencia era hacer nosotros preguntas al público.
Una de las preguntas era: “¿Qué hay de autobiográfico en tu vida?” Al
final acabamos leyendo un pasaje de la obra del otro, acompañados por
un violín y un acordeón.
En cierta ocasión preparé yo solo algo
parecido. La idea era dar una hoja en blanco al público y que cada uno
escribiese una palabra (la primera que se le ocurría). Después, basándome
en esas palabras, hilaría yo la charla. No lo pude hacer, porque llegué
a las once y veinte y a las doce había que desalojar la sala. No hubo
tiempo. Pero lo haré alguna vez.
Debido a tu edad, tu labor como
escritor aparece habitualmente bajo la etiqueta de «promesa»
o «alguien del que se puede esperar
mucho». ¿No sería irónico que dentro
de cien años, en las clases de literatura, fuera obligatorio leer tu
primer libro cuando hoy ese primer libro «sólo»
te ha convertido en «promesa»?
A veces pensamos cosas así, es verdad.
Pero creo que no hay que hacer mucho caso a los que hacen semejantes
comentarios. Yo creo que el que está dos años escribiendo algo, ya sabe
quién está haciendo una crítica (buena o mala) que merece la pena leer.
¿Dejarías, puntualmente, de
escribir una novela en vasco para poder presentarla a un supermegaconcurso
comercial (planetario, primaveral o torrevejense) de los que convocan
las editoriales en lengua española?
No.
¿Crees que en literatura está
todo inventado?
No lo puedo creer. Y tampoco lo creo,
cosa que es más crítica. Es más, creo que no está inventado más que
el tres coma dos de todo lo que se puede inventar. La literatura es
como un cerebro. Y estos días le estoy preguntando a un neurólogo de
lo que es capaz un cerebro. Y ni siquiera él lo sabe. Cómo vamos a saber
nosotros de lo que es capaz la literatura.
Entre los diez consejos que
Stephen Vicenczy daba a los que escribían libros estaba éste: «Piensa
siempre en los que son realmente grandes.»
Tú has afirmado que tratas de hacer «las
mejores novelas del mundo». Sin embargo,
¿no crees que pensar en Kafka o Faulkner a la hora de escribir puede
resultar insoportable, una presión extra que acaba paralizando la escritura?
Todo lo contrario. Estoy convencido
de que puedo escribir novelas mucho mejores que esos dos. Otra cosa
es que mi convencimiento sea fantástico, o perverso, o insustancial.
Pero estoy seguro de que cuando Kafka empezó a escribir su Metamorfosis
no tenía ninguna clase de complejo, siendo como era un niño como yo
y siendo su convencimiento tan insustancial como el mío. Pero la cosa
es que el tiempo pasa mucho mas rápido que la obra que puedas escribir.
Faulkner
me quiere volver loco.
Media pagina;
no entiendo. No entiendo qué dice.
Qué dice.
Uno de los objetivos de Faulkner era
volverme
loco. A mi.
El pelo de van´t
Hoff
Obras y estilo
He visto varias veces calificar
tu estilo de «sintético».
¿Estás de acuerdo con ello?
Puede ser. Pero el cerebro me juega
a veces malas pasadas y me hace escribir un párrafo entero donde yo
sólo quería una línea. Pero cuando estoy decidiendo si eliminar el párrafo
entero, tengo la sensación de que es lo que más vale de todo el capítulo.
En Un tranvía
a SP hay varios momentos en los que introduces un estilo
«académico» («hasta que sintió la difícilmente
delegable necesidad de expulsar ciertos líquidos de su cuerpo, cosa
que en ningún modo impide el pensamiento romántico, pero que lo excluye,
en cualquier caso, de su carácter sublime»,
por ejemplo). ¿Es irónico, paródico? En cualquier caso, ¿qué opinas
del denominado «gran estilo» (frases largas, riqueza de vocabulario,
reflexiones de alto calado filosófico...)?
Es paródico, claro. Decía Cortázar que
muy buenos escritores hablados, a la hora de ponerse delante de la máquina
de escribir se ponían el cuello duro y hacían que su estilo subiera
a la torre Eiffel. Pensaba que era una pena, claro; que si escribiesen
como en la taberna la cosa sería diferente y el mundo ganaría algunos
genios.
Parece que mucha gente aprende una manera
de hacer las cosas y aplica en todas las situaciones esa misma manera.
Es decir, tiene un esquema amoldable a toda situación. Lo mismo pasa
con la escritura. Y lo difícil es lo contrario; por eso lo hace muy
poca gente. Es decir, lo difícil es que sea la situación la que modele
tu forma de escribir.
En algunos textos da la impresión
de que has escrito la primera frase y luego has empezado a tirar de
ella para ver adónde te llevaba. ¿Cuánto hay en tu trabajo de improvisación?
¿Cuánto, de salto al vacío?
No hay nada de improvisación, claro.
Pero intento que parezca que es algo que está escrito siguiendo impulsos
más o menos dementes. Si fuera Faulkner, diría que escritura automática,
por supuesto. Y si me analizase Freud, estaría totalmente seguro de
que yo. Pero no me gusta ser tan farsante y me ponen muy nervioso las
comedias de enredo. Así que lo único que puedo decir es que dedico tres
semanas a cada.
Me llama la atención la dependencia
que en tus textos tienen unas frases de otras. Ninguna cierra lo dicho,
sino que todas dependen del matiz o ángulo que las demás aportan. Esto
hace muy difícil (y peligroso, según qué crítico lo haga) extraer citas
de tus libros. Por ejemplo, esta frase de la primera página de Un
tranvía en SP: «Las
enfermeras visten de blanco en los hospitales».
Así, solitaria, es una obviedad, pero en la página dice mucho, encaja
asombrosamente.
Claro. Porque es diferente una novela
y un cuento y un poema y un aforismo. Y otro tipo de textos. Por eso
se tiende a pensar mucho lo que se escribe, porque cada texto necesita
una manera de componer.
Has afirmado que El
pelo de van´t Hoff ha quedado mejor en tu traducción
al castellano. Sin embargo, ¿qué te parece que Un tranvía
en SP haya sido titulada en alemán como Lucas
o el cielo sobre Nepal (Lucas oder Der Himmel über Nepal)?
Me parece un poco extraño. La cosa es
que no me consultaron (o me intentaron consultar y su consulta no llegó
a mí). Y no me acaba de gustar el título nuevo. Si hubiera sido Lucas,
sin más añadidos, no me hubiese importado demasiado, pero a mí nunca
me han gustado las referencias a otros obras artísticas (por lo menos
claramente), y aquí el título no se entiende si no se tiene conocimiento
de la película El cielo sobre Berlin. En fin.
¿Qué te dice la expresión «compromiso
político del escritor»?
Creo que a ese sintagma le falta la
segunda parte. Es decir, «compromiso político del escritor que quiere
tener un compromiso político». A mí me parece muy bien que haya escritores
con el único objetivo del compromiso político. Y que haya otros que
aparte de la calidad literaria también busquen el compromiso político.
Y que haya otros con el único objetivo de hacer perdurar una lengua,
de dejar con sus libros un testimonio lingüístico. Dicho de otro modo:
lo normal me parece que cada uno escriba para o por o desde o en lo
que quiera. Me parece un poco absurdo aquél que es tan amante de la
libertad que mira por encima del hombro a los que no se comprometen
(políticamente, socialmente...) en literatura.
El otro día leí un ensayo sobre
Roberto Bolaño y la autora transcribia un e-mail
privado de este autor. Eso me hizo pensar en un no muy lejano día en
que, a los clásicos Correspondencia
de Flaubert, o Aire de las colinas
de Rulfo, les sustituyan los no poco chocantes Mails
de Enrique Vila-Matas o RE: de Jonathan
Frazen. ¿Hacia donde camina la literatura de la mano de Internet?
Internet da posibilidades que ni nos
hubiéramos imaginado hace pocos años. Hay gente a la que le disgusta
que se publiquen cartas, correos, les parece incluso pornográfico en
muchos casos. Yo creo que, como en muchas cosas, la cosa está en la
medida. A mí no me parece mal que publiquen las cartas que realmente
aporten algo a la obra de ese autor o a la literatura en general. Es
decir, alguien que conociese muy bien al autor y la literatura debería
hacer una selección con criterio. Y con mucho cuidado.
Las bufandas
son seres siniestros.
Un tranvía en
SP
TEST DE VARDAMAN
1.¿Cuál es su invento favorito
de todos los tiempos?
-El paraguas.
2.¿Y su personaje predilecto
del “Quijote”?
-Los árboles.
3.Si le dieran la oportunidad
de poner a la novela “Mientras agonizo” otro título, ¿Cuál elegiría
de todos los ya utilizados?
-La Saga/Fuga de J.B.
3.Mi madre es
un pez (a). ¿Qué es entonces mi padre?
-Un albornoz.
4.¿Qué dirección de e-mail hubiera
elegido William Faulkner? ¿Y Franz Kafka?
-William Faulkner: caddyolíacomolosárboles@mississippi.faul.
Franz Kafka: escarabajopelotero@malasestrana.kaf
5.Si tuviera usted que escribir
una palabra en la suela de su zapato, ¿cuál sería?
-Logaritmo.
6.Horticultura erótica. ¿Qué,
si no fuera una mazorca de maíz? (b)
-Un silbato de árbitro.
7.Entomología. ¿Qué, si no fuera
un escarabajo? (c)
-Una tortuga rosa.
8. Inmersión. ¿En qué líquido
sumergiría usted las obras completas de Julio Cortázar?
-En mercurio.
9.Literatura. Un personaje literario
abandona la famosa novela en la que lleva siglos (o décadas) metido
y le ofrecen a usted sustituirle. ¿De qué personaje hablamos?
-Uno de la cuadrilla de Sherlock Holmes.
10.Última pregunta: hágale una
pregunta a Vardaman.
-Vardaman, ¿por qué los gorriones no
vuelan para atrás?