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Ahora, entiendo perfectamente
al escritor que rechace toda clase de charlas y conferencias.
Pero la cuestión es que muchas personas no entienden la reticencia
de algunos y obligan a ciertos escritores a pasar muy malos tragos.
Cosa que es, cuando menos, perverso.
En relación con lo anterior, consta
en algún sitio tu admiración por Gómez de la Serna, no sólo por
su obra, también por su estrambótico modo de dar conferencias
(subido a un elefante, etcétera.) ¿Has incurrido tú en «performance»
similares o tienes pensado hacerlas en un futuro?
La verdad es que solo no me atrevería.
Pero hice algo parecido con otro escritor, con Julen Gabiria.
Salimos con un balón de rugby
y cada vez que uno de los dos le quería pasar la palabra al otro,
le pasaba también el balón (a unos cuatro metros de distancia).
Cuando nos cansamos del balón, cogimos una enciclopedia, y abriendo
el libro al azar, contamos una especie de historia con las palabras
que iban apareciendo (parecido a El pelo de Van’t Hoff).
Otra fase de la conferencia era hacer nosotros preguntas al público.
Una de las preguntas era: «¿Qué hay de autobiográfico en
tu vida?» Al final acabamos leyendo un pasaje de la obra
del otro, acompañados por un violín y un acordeón.
En cierta ocasión preparé yo solo algo
parecido. La idea era dar una hoja en blanco al público y que
cada uno escribiese una palabra (la primera que se le ocurría).
Después, basándome en esas palabras, hilaría yo la charla. No
lo pude hacer, porque llegué a las once y veinte y a las doce
había que desalojar la sala. No hubo tiempo. Pero lo haré alguna
vez.
Debido a tu edad, tu labor como
escritor aparece habitualmente bajo la etiqueta de «promesa»
o «alguien del que se puede esperar
mucho». ¿No sería irónico que
dentro de cien años, en las clases de literatura, fuera obligatorio
leer tu primer libro cuando hoy ese primer libro «sólo»
te ha convertido en «promesa»?
A veces pensamos cosas así, es verdad.
Pero creo que no hay que hacer mucho caso a los que hacen semejantes
comentarios. Yo creo que el que está dos años escribiendo algo,
ya sabe quién está haciendo una crítica (buena o mala) que merece
la pena leer.
¿Dejarías, puntualmente, de escribir
una novela en vasco para poder presentarla a un supermegaconcurso
comercial (planetario, primaveral o torrevejense) de los que convocan
las editoriales en lengua española?
No.
¿Crees que en literatura está
todo inventado?
No lo puedo creer. Y tampoco lo creo,
cosa que es más crítica. Es más, creo que no está inventado más
que el tres coma dos de todo lo que se puede inventar. La literatura
es como un cerebro. Y estos días le estoy preguntando a un neurólogo
de lo que es capaz un cerebro. Y ni siquiera él lo sabe. Cómo
vamos a saber nosotros de lo que es capaz la literatura.
 
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