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La televisión: el espejo del reino,
de Enrique Lynch

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Unai Elorriaga
«¿Qué hay de autobiográfico en tu vida?»

Venenos nutritivos

Perros viejos, perros jóvenes

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La signatura Tiz

Menos de 25 pesos

La cesta de la compra

Ganador del concurso
de relatos de teína


 



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SOBRE EL AUTOR

Unai Elorriaga (Algorta, Getxo, 1973). Escritor en lengua vasca que lleva a cabo también la traducción de su obra al español. Hasta la fecha ha publicado las novelas SPrako tranbia, 2001 (Un tranvía en SP, 2003) y Van´t Hoffen Ilea, 2003 (El pelo de van´t Hoff, 2004). La primera de ellas recibió el Premio Nacional de Narrativa de 2002.

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Ahora, entiendo perfectamente al escritor que rechace toda clase de charlas y conferencias. Pero la cuestión es que muchas personas no entienden la reticencia de algunos y obligan a ciertos escritores a pasar muy malos tragos. Cosa que es, cuando menos, perverso.

En relación con lo anterior, consta en algún sitio tu admiración por Gómez de la Serna, no sólo por su obra, también por su estrambótico modo de dar conferencias (subido a un elefante, etcétera.) ¿Has incurrido tú en «performance» similares o tienes pensado hacerlas en un futuro?

La verdad es que solo no me atrevería. Pero hice algo parecido con otro escritor, con Julen Gabiria. Salimos con un balón de rugby y cada vez que uno de los dos le quería pasar la palabra al otro, le pasaba también el balón (a unos cuatro metros de distancia). Cuando nos cansamos del balón, cogimos una enciclopedia, y abriendo el libro al azar, contamos una especie de historia con las palabras que iban apareciendo (parecido a El pelo de Van’t Hoff). Otra fase de la conferencia era hacer nosotros preguntas al público. Una de las preguntas era: «¿Qué hay de autobiográfico en tu vida?» Al final acabamos leyendo un pasaje de la obra del otro, acompañados por un violín y un acordeón.

En cierta ocasión preparé yo solo algo parecido. La idea era dar una hoja en blanco al público y que cada uno escribiese una palabra (la primera que se le ocurría). Después, basándome en esas palabras, hilaría yo la charla. No lo pude hacer, porque llegué a las once y veinte y a las doce había que desalojar la sala. No hubo tiempo. Pero lo haré alguna vez.

Debido a tu edad, tu labor como escritor aparece habitualmente bajo la etiqueta de «promesa» o «alguien del que se puede esperar mucho». ¿No sería irónico que dentro de cien años, en las clases de literatura, fuera obligatorio leer tu primer libro cuando hoy ese primer libro «sólo» te ha convertido en «promesa»?

A veces pensamos cosas así, es verdad. Pero creo que no hay que hacer mucho caso a los que hacen semejantes comentarios. Yo creo que el que está dos años escribiendo algo, ya sabe quién está haciendo una crítica (buena o mala) que merece la pena leer.

¿Dejarías, puntualmente, de escribir una novela en vasco para poder presentarla a un supermegaconcurso comercial (planetario, primaveral o torrevejense) de los que convocan las editoriales en lengua española?

No.

¿Crees que en literatura está todo inventado?

No lo puedo creer. Y tampoco lo creo, cosa que es más crítica. Es más, creo que no está inventado más que el tres coma dos de todo lo que se puede inventar. La literatura es como un cerebro. Y estos días le estoy preguntando a un neurólogo de lo que es capaz un cerebro. Y ni siquiera él lo sabe. Cómo vamos a saber nosotros de lo que es capaz la literatura.

 

 

 

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