| La cesta de la compra

Rubén
A. Arribas
revistateina@yahoo.es

El amor es una droga dura /
Cristina Peri Rossi
Seix Barral / Buenos Aires, 1999
255 páginas / 5 pesos
Librería Dickens, Corrientes 1375
«La psicología es una ciencia burguesa»
Esta uruguaya, afincada
en España desde 1972, firma una novela inverosímil. Javier, prestigioso
fotógrafo, vive en Barcelona y tiene una cuenta bancaria digna
de Donald Trump —compra casas de campo, vestidos a su amante,
vive en hoteles lujosos, etc.—. De la joven bohemia profesional
y aventurera en Ruanda, Nicaragua y Afganistán, el protagonista
devino en fotógrafo publicitario, cincuentón, adicto a las drogas,
los espirituosos, las modelos y, en general, a la vida intensa
y rápida de la ciudad. Para considerarse más allá del bien y del
mal, Javier analiza sus relaciones amorosas a la luz de las enseñanzas
de Freud y Lacan —a quien llama maestro— o confronta sus opiniones
con un psicólogo amigo. Su cháchara viene, además, sazonada con
citas de Proust, Melville o Julia Kristeva. Las mujeres lo consideran
muy atractivo, no sólo por la influyente posición que ocupa en
el mundo publicitario, sino también por su musculatura torneada
y el parecido con Robert Redford. Esta desbocada fantasía sexual
catalana de la autora, por si fuera poco, dice 'cigarrillo', 'pendejo'
y 'coger' —a veces— en vez de 'tabaco', 'niñato' y 'follar'. No
sé que me extrañó más, si esto último —¿difieren la edición argentina
de la española?— o que el tal Javier hable de «compromisos emocionales»,
«miedo a la castración», «la madre como Gran Represora» o de «Papá
Freud». Definitivamente, Peri Rossi confundió Montevideo o Buenos
Aires con Barcelona (el argumento importa poco, es una excusa
para escribir sobre el deseo: Javier sufre el síndrome de Stendhal
—quedar descompuesto a causa de una belleza deslumbrante—; de
ahí que un día encuentre a una lolita de 28 años, Nora,
histérica perdida, que le arruina la salud.)
A pesar de todo, Peri Rossi tiene qué
contar y escribe pasajes rotundos, dignos de un mejor desarrollo
novelístico: «Si no tienes guardaespaldas, es que has fracasado
en esta vida. No eres nadie. Si nadie desea matarte, ni robarte,
ni envidia tu trabajo, ni desea lo que tú tienes, es que eres
un perdedor.» o «Esta ciudad era así, pensó Javier: la gente pagaba
a masajistas para ser tocada, y pagaba a psicoterapeutas, para
ser escuchada.» Una mala novela de ideas interesantes, que da
mucho juego para discutir en la sobremesa con los amigos. (Por
cierto, La última noche de Dostoievski, también de esta
autora tiene una trama parecida, con narrador varón en manos del
psicoanálisis. Tremendos estos rioplatenses con el diván.)
Diario del Nautilus / Antonio
Muñoz Molina
Plaza y Janés / Barcelona, 1986
162 pág. / 4 pesos /
Librería Fin de siglo, Corrientes 1966
En busca del capitán Nemo
Interesante libro
de artículos, de corte literario en su mayoría, que el autor publicó
en el periódico Ideal de Granada a principios de los ochenta.
Muñoz Molina (Úbeda, 1956) gusta, ya sea en novelas como El
jinete polaco o en artículos como estos, del fraseo largo,
fiel a la reconocida deuda que mantiene con El Perseguidor, Julio
Cortázar, quizá en una búsqueda, aquí y allá, en la prosa novelada
o hecha artículos, por conseguir aquél swing del que también
hablara tanto otro enamorado del jazz, Kerouac. De hecho, Orfeo
Nemo, la necrológica que le dedica el autor a Cortázar a la
muerte de éste, además de conmovedora, es una muestra ejemplar
de pulso firme y sintaxis maleable. Cuando Muñoz Molina tiene
el día y habla de la soledad, el insomnio, el olvido o de las
ciudades y los viajes logra artículos dignos de ser gozados más
de una vez. Pero cuando el autor no está inspirado y además se
pierde por entre los berenjenales metaliterarios para buscar analogías
con la vida, la prosa sinuosa de Molina se acartona, se vuelve
excesivamente clásica y es capaz de matar por aburrimiento al
lector, incluso para contarle que una mujer quiere embarazarse
con el semen congelado de su difunto marido. No obstante esa polarización,
priman los artículos notables sobre los demás. Y, como resulta
habitual en los literatos, hay unos cuantos homenajes a las influencias:
Borges, Kafka y, naturalmente, Jules Verne.
La viuda incompetente y otros cuentos / Juan José Millás
Plaza y Janés / Barcelona, 1998
109 páginas / 1 peso
Librería Fin de siglo, Corrientes 1966
Variaciones sobre el hombre cornudo
Millás (Valencia,
1946) convence en las distancias cortas. Sus artículos y cuentos
hablan mejor de él que las novelas, donde encuentra demasiado
espacio para divagar. Aquí Millás factura relatos divertidos,
estructuralmente eficaces, con una admirable economía de palabras,
siempre con algún destello ocurrente y hasta con un poso de melancolía.
Este libro es ideal para viajar en el colectivo o en el subte:
cada cuento ocupa escasos cinco minutos de lectura y garantiza
pasar un buen rato; como hay 18, se puede incluso calcular cuántos
viajes dura.
Títulos como El adúltero desorientado,
El bígamo, La viuda incompetente o El adulterio como vocación
predisponen al lector a pasarlo bien. Tras ese primer golpe, Millas
comienza de manera contundente su narración: «Un día el hijo de
mi vecina me llamó papá en el ascensor.», «El adúltero compró
para su mujer un secador de pelo y para su amante una liga roja,
pero debido a una confusión inexplicable puso en el árbol de Navidad
de cada una el regalo de la otra.» o «Desde la terraza de un segundo
piso, en una calle más bien desolada, un niño agitaba en el aire
una prenda blanca al tiempo que gritaba a los transeúntes: —¡Las
bragas de mi madre! ¡Las bragas de mi madre!» De ahí en adelante,
con el lector asido ya por los ojos, Millás muestra oficio y sabe
entretener sin pausa hasta el final del relato. Varios cuentos
referidos a la muerte suponen un perfecto contrapunto a la desmesura
anterior y dejan al lector maduro para cualquier cosa menos para
una sonrisa.
Una virgen peronista / Federico Jeanmaire
Norma / Buenos Aires, 2001
260 pág. / 5 pesos
Librería Lucas, Corrientes 1247
En caravana
Corre el año 2000.
Armando, sacerdote de profesión, y algunos de sus feligreses marchan
en caravana a la búsqueda de Carmencita, la hermana de éste, a
quien el cura del pueblo encerró en un convento hace 35 años,
siendo ella niña y sin que nadie sepa exactamente el porqué. La
decisión, en principio, parece estar relacionada con que Carmencita
encontró una estatua de la virgen y ella sostenía que ésta se
le había aparecido; sin embargo, conforme avanza la historia,
Armando descubre que el origen del embrollo está relacionado con
el disenso entre Perón y la iglesia católica en aquel 1955, que
terminó en el bombardeo de la Plaza de Mayo el 16 de junio y la
posterior quema de iglesias. Uno de los integrantes de la expedición
es el enigmático reverendo Camilo Jomes, quien estuvo en la habitación
de Carmencita con el cura del pueblo, pero que nunca abrió la
boca. Armando, entre intrigado y molesto por su compañía, se muere
por confesar al huidizo Camilo y conocer la verdad.
Aquí no hay teorías literarias posmodernas,
sino una buena ficción anclada en un marco histórico y contada
a la manera del autor, un estilista sin petulancia, con buen tino
para adjetivar y con suficiente ingenio para provocar desastres
tácticos al final de un capítulo y dejar al lector con ganas de
comenzar el siguiente. También hay personajes reconocibles y que
actúan, es decir, que arman y desarman toda suerte de situaciones
pintorescas y alocadas mientras entretienen con seriedad al lector.
Los personajes tienen espacio para lo que deseen, incluso para
largas reflexiones en público, eso sí, siempre y cuando, como
apostilla Roberto Carlos Escarpaty, uno de los personajes, «la
discusión que llevan con tanta enjundia no sea al reverendo cuete.»
Un autor interesante Federico Jeanmaire (Baradero, 1957), sutil
y muy divertido.
Mitre / Federico Jeanmaire
Norma / Buenos Aires, 1998
211 pág. / 5 pesos
Librería Lucas, Corrientes 927
Ida y vuelta
en el amor, entre José León Suárez y Retiro
Definitivamente me gusta Federico Jeanmaire:
elige personajes sencillos, los pone al servicio de una historia
cotidiana y deja que ellos se adueñen del libro. En esta ocasión,
se trata de Roberto, un tipo solitario de unos cincuenta años,
rengo y tosedor, que toma el cercanías en José León
Suárez y viaja hasta la estación de Retiro, ida y vuelta. En esa
misma estación sube Mariela, una gorda histérica que le pisa a
Roberto el pie cojo en su afán por sentarse junto a la ventanilla.
Sin embargo, el contacto entre las respectivas rodillas provoca
que él comience a rendirse al voluptuoso encanto pectoral de ella.
Cada estación intermedia —Chilavert, Villa Ballester, Malaver,
etc.— da nombre a uno de los capítulos y supone un avance en la
historia de amor ferroviaria entre Roberto y Mariela, historia
que comenzó con insultos, que se acaramela de estación en estación,
que pasa por momentos álgidos cuando Roberto le acaricia las tetas
a Mariela con el dedo gordo de su pie, pero que también tienen
sus lapsos menos románticos, más tensos y donde prima el desencuentro.
Al tiempo que Roberto y Mariela viven su romance, comparten asiento
a lo largo del trayecto con personajes de toda laya, a cada cual
más esperpéntico y divertido.
Lo mejor de este libro es la suavidad
con que se lee. Roberto y Mariela seducen de principio a fin,
agarran de la mano al lector, lo suben al tren y no permiten que
éste se apee de la lectura. Técnicamente se caracteriza por el
uso de recursos anafóricos, bien de algunas estructuras sintácticas,
bien dejando que los personajes repitan parcialmente los diálogos
o dejándolos incluso, llegado el caso, que resuman el argumento
del libro, si es que lo necesitan. Jeanmaire logra así una atmósfera
cómplice y de camarería con el lector, amena y sencilla, donde
éste agradece no toparse con un narrador ávido por vanagloriarse
de sus lecturas o por impresionarle con extrañas cabriolas. Jeanmaire
es resultón y buen escritor, y Mitre una historia deliciosa.
El teniente Bravo / Juan Marsé
Plaza & Janés / Barcelona, 1987
160 pág / 3 pesos
Librería Punto y Aparte, Corrientes 1738
Más Barcelona y más posguerra
Tres cuentos, ambientados
en la Barcelona de posguerra, incluye este volumen; y cada cual
con su estilo, con su estructura temporal, con su reto al lector.
Al primero de ellos, Historia de detectives, Marsé le da
tratamiento de novela negra: alguien espía a alguien y reconstruye
historias de sospechosos. Marsé juega constantemente con las vértebras
del relato: cuando el lector cree que el asunto va de buenos y
malos, de policías y ladrones, descubre que, en realidad, los
investigadores privados son unos chicos de barrio. Éstos
se reúnen dentro de un coche abandonado en un vertedero y juegan
a reconstruir las historias de la gente del barrio, a quienes
previamente siguen. Entretenido. El segundo relato, El fantasma
del cine Roxy, guarda conexiones con el primero, tiene formato
de guión de cine —muy literario— y está ordenado en secuencias,
entre las cuales Marsé intercala las discusiones del guionista
con el director. Se genera así un triple punto de vista: por un
lado corre la discusión metaliteraria, por otro lado avanza la
historia que se cuenta y, finalmente, casi de modo dialéctico,
también puede leerse la interacción entre ambas. La técnica usada
para contar el argumento guarda similitudes con un cuadro impresionista:
al principio hay pequeños fogonazos, casi absurdos de tan poco
nítidos y aislados como parecen —de hecho, comienza con la secuencia
37, no con la 1—, pero con el avance de las páginas aflora la
ilación narrativa entre las partes. Interesante. El último relato,
Teniente Bravo, presenta a unos reclutas en Ceuta, a las
órdenes del militar que da nombre al cuento y al libro. Éste,
empecinado en mejorar el estado físico de la tropa, consigue un
potro de gimnasia, que todos deberán saltar, incluido él. El relato
pertenece a un género clásico español, el de las historias de
la puta mili. Muy divertido; hacía tiempo que no me reía tanto.
Imperdible.
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