Así transcurre
el distendido diálogo, mediado por tazones cargados de té, en
el salón de estar de su casa en el barrio de Ruzafa, en Valencia.
Allí, algunos de sus cuadros se dejan ver y el fervor por la
lectura queda patente en una gran biblioteca plena de libros.
- ¿Cuáles
son los cambios más importantes en la concepción que tenías
sobre los efectos de la publicidad tras cuatro ediciones del
libro?
- El paso
del tiempo acaba afilando la mirada y volviéndonos más suspicaces.
Cuando escribí el libro todavía tenía algo de fascinación hacia
el medio televisivo y hacia el ingenio de
muchos
anuncios publicitarios, sin duda la parte más ingeniosa, creativa
y retóricamente viva de la industria audiovisual; por eso, quizá
carezca de la distancia y dimensión crítica. Ahora, con el correr
del tiempo, aunque todavía sigo apreciando aquellos aspectos
de la publicidad televisiva, tengo mayor suspicacia que me permite
ver lo que hay detrás de todo ese ingenio: la deplorable finalidad
pragmática que lo alienta, la cual consiste, sintéticamente,
en implantarnos necesidades y empujarnos hacia el consumo irracional.
- Mencionabas que la publicidad es
la parte más creativa de la televisión. ¿Qué ha tomado la publicidad
del mundo del arte?
- La retórica
publicitaria y la retórica de la pintura tienen muchos puntos
en común, y muchas diferencias. La diferencia fundamental es
que las artes visuales no están necesitadas de tener un significado
claro, preciso, porque en muchas ocasiones se convierten en
signos culturales o de estatus que no deben ser interpretados
por sus consumidores; son simulacros comunicativos. Sin embargo,
la publicidad debe significar con mucha claridad, sus mensajes
deben poder ser entendidos por los consumidores. Un anuncio
que no nos muestra a las claras, sino mediante un rodeo, lo
que pretende, no es un buen anuncio. Los parecidos están más
en los recursos retóricos concretos: metonimias (sustitución
de un elemento por otro, que mantiene con él una relación de
diferencia), metáforas visuales (sustitución del objeto
por una cualidad atribuida), elipsis (supresión de un
elemento importante del mensaje), repeticiones, hipérboles-lítoles
(exageración o aminoramiento de cualidades de los objetos),
que son recursos que en alguna medida ya fueron utilizados por
la tradición pictórica, o potencialmente se encuentran en el
legado de la pintura.
- ¿Es
tan fuerte el medio televisivo como para incidir en la construcción
de identidades?
- A mi modo
de ver es fortísimo. Los modelos publicitarios influyen en la
construcción de la identidad de las personas, que se reconocen
o se van auto-construyendo a partir de las representaciones
que hay en televisión. No olvidemos que lo que vemos en televisión
es lo que hay, lo que existe, lo que
forma
parte de la realidad con mayúsculas, y que los individuos tienden
a identificarse o reconocerse en los modelos que la publicidad
nos suministra. De ahí la decepción que luego se produce en
nuestras vidas en muchas ocasiones cuando descubrimos que el
éxito, que la felicidad, que la belleza, no eran como nos habían
prometido los objetos que mostrados en los anuncios publicitarios.


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