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anuncios televisivos —emitidos durante un año por los, entonces,
dos únicos canales abiertos que había en España— tuvo que analizar
José Saborit, ayudado por un equipo de investigadores, para
elaborar su tesis universitaria. Estudio que, luego, uno de
los profesores del jurado propondría publicar, retoques de forma
aparte.
Corría 1984
y el todavía entusiasta estudiante de Bellas Artes no sospechaba
que, 20 años después, su trabajo sería re-editado tres veces
bajo el título La imagen publicitaria en televisión,
ni que pasaría a formar parte de la bibliografía de consulta
obligada en varias carreras universitarias de publicidad o técnicas
audiovisuales.
¿Cómo un
estudiante de pintura se interesa a tal punto por el trepidante
fenómeno publicitario? No hace falta preguntárselo; a modo introductorio
se remonta motu proprio a los años estudiantiles. Comenta
entonces su inclinación por el Arte Pop y la consecuente deriva
hacia el estudio de la retórica visual publicitaria que, como
un círculo vicioso, lo devolvió nuevamente a la pintura, pasión
que ejerce en la actualidad.
Respecto
al libro —el primero de los muchos que lleva publicados—, reconoce
que en aquellos tiempos el ímpetu juvenil y su ciego entusiasmo
por el lenguaje publicitario le impidieron mantener una postura
crítica. Posición que, eso sí, alcanzó con la madurez y que
logró plasmar con radicalidad —«la técnica de la exageración
a veces es buena para despertar a la gente de su letargo»,
dice— en las apostillas que los editores le permitieron introducir
en las posteriores impresiones. Y es que nunca dejaron modificar
ni actualizar nada de la investigación original, justamente
porque la claridad académica con que fue escrita dio lugar a
un práctico manual redactado «por un principiante para
principiantes», como él mismo sugiere.

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