ENTREVISTA A EMILIO MARTINEZ NAVARRO, INVESTIGADOR Y PROFESOR DE FILOSOFÍA EN LA UNIVERSIDAD DE MURCIA

Por una ética del consumo

Por Lucio Latorre

Esto, además de generar una enorme desigualdad entre las poblaciones más y menos favorecidas del mundo, tiene un tremendo impacto ecológico. De ahí la necesidad de alentar ideas e iniciativas orientadas a conseguir un concientización sobre la importancia de practicar un consumo responsable y ético.

Emilio Martínez Navarro es Profesor de filosofía en la Universidad de Murcia y forma parte de un grupo de investigación que, encabezado por la catedrática valenciana Adela Cortina, lleva tiempo abocado al estudio y difusión de una ética para el consumo, concepto que apunta «hacia un consumo responsable con respecto a una mayor justicia social, a una mayor solidaridad con los desfavorecidos de todo el planeta y al cuidado del medio ambiente».

A continuación, la entrevista que mantuvo con revista teína:

- Una de las características más marcadas de las sociedades modernas, sobre todo en las sociedades ricas, es el consumo exacerbado que practican los ciudadanos. ¿Cuáles cree que son las causas y cuáles las consecuencias de esto?

- Una de las causas principales es ese afán de emulación por el cuál muchas personas que tienen un escaso nivel cultural miran mucho a otras personas que consideran de estatus superior, ven el nivel de consumo que llevan y tratan de imitarles. Ese afán de emulación de los que supuestamente son un modelo a imitar hace que muchas personas empiecen a consumir mucho más de lo que en realidad necesitan. Y este afán de emulación nos está destruyendo en buena medida ya que tiene efectos negativos sobre el medio ambiente y sobre el propio trabajo de las personas. Hay personas que trabajan mucho más de lo que en realidad necesitan para llevar una vida digna, buscan ser pluriempleados para así tener más ingresos; terminan más estresados, y eso muchas veces termina en infartos o en problemas de salud.

- Destaca esta idea de que el consumo es como un signo visible del éxito social y que tanto la autoestima propia como la ajena se mide con éstos parámetros. ¿Hay alguna manera de desactivar este mecanismo, de reducir al menos su impacto?

- El mecanismo más evidente es una concienciación, una educación, un ir extendiendo el mensaje a través de publicaciones, charlas, conferencias y de oportunidades de educación en general, en un sentido muy amplio. No me refiero a tener que ir a la universidad o a tener que matricularse en algún centro de estudio, sino a oportunidades de cultura y de educación que vayan promoviendo unos hábitos de consumo y una manera de entender nuestra relación con el consumo que vaya siendo diferente de la que ahora es. Para eso, hace falta que las personas comprendan que los mecanismos de emulación carecen de sentido y que el consumo propio también puede asumirse como un consumo responsable. No olvidemos que el consumo tiene un efecto de degradación del medio ambiente, tiene un costo para la naturaleza; siempre que consumimos algo hay unos restos, una contaminación, que no siempre la naturaleza es capaz de reciclar.

- Está muy arraigada la idea de que el consumo es el motor de la economía. Es una idea que viene siendo aplicada y enunciada desde hace décadas por los estados nacionales, y que luego fue ampliada y potenciada por los medios de comunicación y la publicidad a través de la difusión de esos supuestos estilos de vida exitosos...

- Hay que distinguir entre las personas que viven en la miseria, que evidentemente sí necesitan elevar su nivel de consumo, y las personas que ya no viven en la miseria y que desde hace tiempo están instaladas en una relativa opulencia. Es este segundo grupo el que debe concienciarse de que debe reducir su nivel de consumo. No ya estancarlo, sino incluso reducirlo. Hay que practicar un consumo responsable.

También hay que recordar que no es lo mismo desarrollo que crecimiento. Hay una confusión que nos está haciendo mucho daño. Muchos economistas piensan que el crecimiento y el desarrollo son lo mismo, y eso es un grave error ya que son cosas diferentes. El crecimiento significa aumentar el PIB cada año, y parece que si eso no se consigue es un drama. Otra cosa es que ese país se desarrolle en el aspecto de la calidad de vida de las personas. No en cantidad de recursos sino en calidad.

El desarrollo de un país no se mide por el PIB, sino por los indicadores de educación, de salud, número de accidentes laborales, esperanza de vida; de calidad de vida en general de las personas. Pero si ya se ha salido de la miseria, el no seguir creciendo no es ningún drama.

- No es por sonar pesimista, pero ¿cree realmente que a medio plazo se puede salir de esta situación, sobre todo teniendo en cuenta el modelo económico que impera en la actualidad y el poder de las grandes multinacionales, que diariamente tiran de esta idea de consumir como clave para el éxito?

- Hay dos indicios positivos o esperanzadores. En primer lugar existe una movilización ciudadana en forma de organizaciones de la sociedad civil, de organizaciones de consumidores y usuarios que van siendo cada vez más conscientes de estos problemas y que no solamente le dicen a sus asociados que consuman responsablemente, mirando etiquetas y mirando fechas de caducidad y ese tipo de cosas (que es lo que hasta ahora ha centrado su atención), sino que ya va habiendo organizaciones que introducen esta idea del consumo responsable y la van divulgando entre la población.

Llegará un momento, espero, en que la población será consciente de cuáles son los límites del consumo responsable, y entonces ésta comprenderá la necesidad de comprometerse con los más desfavorecidos y con el medio ambiente para que el consumo responsable se convierta en un horizonte de nuestra conducta cotidiana. Por ejemplo, usando más el transporte público, dejando cada vez más relegado el uso del coche particular, utilizando energías limpias y procurando que el consumo diario de una serie de productos se reduzca sensiblemente. Y que eso permita hacer llegar un mínimo de consumo a gente que está en la miseria. Hablo de «un mínimo» porque, para extender el nivel de consumo de los países opulentos a la humanidad entera, hacen falta dos planetas; de ahí que debamos asumir los límites ecológicos.

El otro indicio esperanzador viene de arriba. La ONU elabora desde 1990 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano, una clasificación anual de acuerdo al nivel de desarrollo humano de los países del mundo. Sus criterios, más cualitativos ahora que cuantitativos, van calando entre los gobiernos. Ese gota a gota crea en los gobiernos y poderes públicos una mentalidad diferente, la de que hemos de trabajar en una línea de desarrollo sostenible que nos lleve hacia un consumo cada vez más responsable y menos despilfarrador.

- Esa obsesión por el consumo es tan fuerte que incluso en los países menos favorecidos aspiran a consumir como en las naciones más desarrolladas. ¿Cómo contrarrestar algo tan fuertemente instalado?

- Ahí tenemos que movilizarnos los ciudadanos, los que participamos en lo que en principio sólo son modestas organizaciones de consumidores, modestas revistas o modestas universidades que no suponen ninguna revolución, y sin embargo son pequeñas gotas de agua que se van juntando y que pueden llegar a crear lo que a menudo se llama una masa crítica. La masa crítica es un concepto que se utiliza en la química para decir que se necesita una mínima cantidad de dos substancias para que puedan reaccionar entre ellas y dar lugar a una tercera. Esto tiene también aplicaciones en los cambios sociales, es decir, se necesita una cierta cantidad de ciudadanos concientes que van haciendo día a día una serie de actividades, como pueden ser controlar a las multinacionales, denunciar una serie de problemas, trabajar por un consumo responsable o lo que sea...

Esa masa crítica de ciudadanos se puede lograr. Entonces los gobiernos ya no podrán mirar para otro lado, sino que tendrán que tomar medidas para solucionar esos problemas... Hay experiencias históricas de cómo se han logrado cambiar cosas que eran escandalosas, como el apartheid en Sudáfrica o las reformas a favor del medio ambiente que se han ido haciendo en la legislación de los países, aunque muchas veces no acaban de cumplirse.

Finalmente es la presión de los ciudadanos conscientes, de la gente que va haciendo pequeñas cosas, pero que esas pequeñas cosas se van juntando, lo que logra que las cosas cambien.

- ¿Podría sintetizar el concepto de la ética para el consumo?

- Se podría sintetizar en que cualquier persona que pretenda vivir éticamente en este mundo tiene que replantearse sus hábitos de consumo. Los hábitos de consumo, tanto a nivel personal como institucional, deben ser revisados. Hay que preguntarse qué está haciendo mi empresa, mi organización cívica; replantearse esos hábitos y tener en cuenta cuáles son los límites ecológicos de un consumo responsable y cuáles son las necesidades de consumo con respecto a una mayor justicia social y a una mayor solidaridad con los desfavorecidos de todo el planeta. Eso es un imperativo ético de primera magnitud relacionado con ese valor que sería la igualdad de todos los seres humanos. Y para conseguir que un mínimo de consumo llegue a todas las personas de éste mundo, pues algunos deberán reducir el suyo.

Los recursos no están bien repartidos entre todos los seres humanos, no llegan en igualdad de condiciones, al menos para que todos vivan dignamente. Y eso está totalmente conectado con los hábitos de consumo irracionales e injustos que hemos adoptado en los países opulentos.

 

QUIÉN ES EMILIO MARTÍNEZ NAVARRO

Profesor Titular de Filosofía Moral en la Universidad de Murcia (España), donde imparte habitualmente las materias Teoría Política, Ética para el Desarrollo y Filosofía de los Valores.
También imparte con regularidad cursos y conferencias en universidades españolas sobre cuestiones de ética de las profesiones, ética del desarrollo y ética política.
Es miembro, entre otras, de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política y de la Asociación Internacional de Ética del Desarrollo (International Development Ethics Association, IDEA).
Ha sido investigador visitante en las universidades norteamericanas de Harvard (Massachusetts 1990), Montclair State College (New Jersey, 1990) y Notre Dame (Indiana, 1999), y profesor invitado en el Tecnológico de Monterrey (Campus de Monterrey, México, 2000, 2001 y 2002).

Entre sus publicaciones cabe destacar los siguientes libros:

Ética, Madrid, Akal, 1996, en colaboración con Adela Cortina.
Solidaridad liberal: la propuesta de John Rawls, Granada, Comares, 1999.
Ética para el Desarrollo de los Pueblos, Madrid, Trotta, 2000.
Ética y derechos humanos en la cooperación internacional, Bilbao, Universidad de Deusto, 2002.