El
consumo desenfrenado es uno de los rasgos más destacados de
las sociedades actuales, especialmente en los países más ricos.
Más que un factor económico, constituye un estilo de vida. Los
que pueden, consumen de manera desaforada, y los que no, sueñan
con conseguirlo algún día. Cada vez más, los niveles de consumo
al que pueden acceder las personas se utilizan para medir el
éxito y el estatus social.
Esto, además
de generar una enorme desigualdad entre las poblaciones más
y menos favorecidas del mundo, tiene un tremendo impacto ecológico.
De ahí la necesidad de alentar ideas e iniciativas orientadas
a conseguir un concientización sobre la importancia de practicar
un consumo responsable y ético.
Emilio Martínez Navarro es Profesor de
filosofía en la Universidad de Murcia y forma parte de un grupo
de investigación que, encabezado por la catedrática valenciana
Adela Cortina, lleva tiempo abocado al estudio y difusión de
una ética para el consumo, concepto que
apunta «hacia un consumo responsable con respecto a una
mayor justicia social, a una mayor solidaridad con los desfavorecidos
de todo el planeta y al cuidado del medio ambiente».
A continuación,
la entrevista que mantuvo con revista
teína:
- Una de las características más marcadas de las sociedades
modernas, sobre todo en las sociedades ricas, es el consumo
exacerbado que practican los ciudadanos. ¿Cuáles cree que son
las causas y cuáles las consecuencias de esto?
- Una de las causas principales es ese
afán de emulación por el cuál muchas personas que tienen un
escaso nivel cultural miran mucho a otras personas que consideran
de estatus superior, ven el nivel de consumo que llevan y tratan
de imitarles. Ese afán de emulación de los que supuestamente
son un modelo a imitar hace que muchas personas empiecen a
consumir
mucho más de lo que en realidad necesitan. Y este afán de emulación
nos está destruyendo en buena medida ya que tiene efectos negativos
sobre el medio ambiente y sobre el propio trabajo de las personas.
Hay personas que trabajan mucho más de lo que en realidad necesitan
para llevar una vida digna, buscan ser pluriempleados para así
tener más ingresos; terminan más estresados, y eso muchas veces
termina en infartos o en problemas de salud.
- Destaca esta idea de que el consumo es como un signo visible
del éxito social y que tanto la autoestima propia como la ajena
se mide con éstos parámetros. ¿Hay alguna manera de desactivar
este mecanismo, de reducir al menos su impacto?
- El mecanismo
más evidente es una concienciación, una educación, un ir extendiendo
el mensaje a través de publicaciones, charlas, conferencias
y de oportunidades de educación en general, en un sentido muy
amplio. No me refiero a tener que ir a la universidad o a tener
que matricularse en algún centro de estudio, sino a oportunidades
de cultura y de educación que vayan promoviendo unos hábitos
de consumo y una manera de entender nuestra relación con el
consumo que vaya siendo diferente de la que ahora es. Para eso,
hace falta que las personas comprendan que los mecanismos de
emulación carecen de sentido y que el consumo propio
también puede asumirse como un consumo responsable. No
olvidemos que el consumo tiene un efecto de degradación del
medio ambiente, tiene un costo para la naturaleza; siempre que
consumimos algo hay unos restos, una contaminación, que no siempre
la naturaleza es capaz de reciclar.
- Está muy arraigada la idea de que el consumo es el motor
de la economía. Es una idea que viene siendo aplicada y enunciada
desde hace décadas por los estados nacionales, y que luego fue
ampliada y potenciada por los medios de comunicación y la publicidad
a través de la difusión de esos supuestos estilos de vida exitosos...
- Hay que
distinguir entre las personas que viven en la miseria, que evidentemente
sí necesitan elevar su nivel de consumo, y las personas que
ya no viven en la miseria y que desde hace tiempo están instaladas
en una relativa opulencia. Es este segundo grupo el que debe
concienciarse de que debe reducir su nivel de consumo. No ya
estancarlo, sino incluso reducirlo. Hay que practicar un consumo
responsable.
También hay
que recordar que no es lo mismo desarrollo que crecimiento.
Hay una confusión que nos está haciendo mucho daño. Muchos economistas
piensan que el crecimiento y el desarrollo son lo mismo, y eso
es un grave error ya que son cosas diferentes. El crecimiento
significa aumentar el PIB cada año, y parece que si eso no se
consigue es un drama. Otra cosa es que ese país se desarrolle
en el aspecto de la calidad de vida de las personas. No en cantidad
de recursos sino en calidad.

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