Editorial

La insaciable voracidad de
una cultura autodestructiva

Mundos paralelos

Colaboración:

Un poquito de hambre
por Jakob Gramms


Entrevistas:

Ernest García
«El crecimiento desmedido primero se autocancela y luego se torna destructivo»

Emilio Martínez Navarro
Por una ética del consumo

José Saborit
«Yo aconsejaría usar la televisión para poner encima un florero»


 

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- La idea del crecimiento permanente y desmedido impregna el imaginario social y la retórica política. ¿El crecimiento siempre va ligado a un mayor bienestar de la sociedad?

- No siempre; sólo en ciertas fases y hasta un cierto punto. En España, por ejemplo, entre finales de los cincuenta y mediados de los ochenta del siglo pasado. Entonces, el crecimiento permitió a la mayoría de la gente comer más (y en algunos aspectos, mejor), permitió estudiar y tener acceso a medicinas y cuidados médicos, tener una vivienda en condiciones y tener vacaciones, tener luz y agua corriente y hasta caliente. La expansión económica condujo a más bienestar. Bienestar material, claro, pero es que de ése precisamente faltaba mucho. En una sociedad donde la memoria del hambre, de las condiciones terribles de las primeras etapas de la dictadura fascista de Franco, está todavía viva, esa experiencia de mejora generalizada de las condiciones materiales de la existencia, ligada al desarrollo económico, me parece innegable. Todo puede discutirse, claro, pero demasiada gente lo vivió de esa manera y no me parece razonable mantener que se equivocaron.

En general, las necesidades humanas se satisfacen con bienes y servicios procedentes de tres fuentes. De la producción económica, distribuida a través del mercado o del estado (muebles, vehículos, lecciones recibidas en la escuela o atención médica en un hospital). Del intercambio no mercantil con otros seres humanos (crianza, afecto, cuidados, identidad, reconocimiento social). Y del medio ambiente natural (agua para beber, aire para respirar, petróleo para quemar). Cuando la primera de esas fuentes es escasa y las otras dos son abundantes, entonces el crecimiento económico contribuye mucho al bienestar, porque permite obtener más de lo que más falta, porque incrementa lo que escasea. Porque el desarrollo es precisamente expansión de la esfera económica a costa de las otras dos.  El problema comienza cuando hay mucha producción económica pero las otras dos fuentes del bienestar humano se han vuelto escasas; que es lo que pasa hoy. 

- ¿Hay un límite para el desarrollo económico? Es decir, ¿cuáles son las consecuencias de un crecimiento ilimitado, desmedido?

- Hay varios límites, no sólo uno. Hay, por una parte, el punto en que más desarrollo económico no comporta más bienestar, sino menos. El desarrollo tiene siempre costes sociales y ambientales: con él se gana poder adquisitivo pero se pierde calidad en los contactos humanos y se pierden funciones útiles de la naturaleza. Hay más dinero para pagar cuidadores de niños, de ancianos y de perros, consejeros personales, restaurantes y viajes en automóvil a bosques o playas lejanos; pero falta tiempo para disfrutar de los hijos o de una larga y lenta comida con los amigos y amigas (y el aire de la propia ciudad es un asco y las playas próximas una cloaca). Este intercambio es inevitable: para poder dedicar todo el tiempo a ganar más dinero hay que sacrificar los contactos humanos y destruir el medio ambiente. Llega un momento en que las pérdidas superan a los beneficios. Y entonces más crecimiento ya no produce mayor bienestar, sino al contrario. El desarrollo se convierte entonces en una condena. En muchas sociedades ricas, y seguramente también en la nuestra, ese umbral ya ha sido traspasado. El crecimiento es aún posible, pero ya hace años que no es realmente deseable. Lo que ocurre es que nadie sabe cómo parar la máquina sin dar paso al caos, pero está muy claro que esa máquina no nos lleva ya a ninguna parte. En el menos malo de los casos, supone un esfuerzo extenuante para permanecer en el mismo sitio.

Otro límite viene impuesto por la finitud del planeta. Por el hecho de que se agota el petróleo barato, de que la atmósfera ya no puede absorber más dióxido de carbono sin recalentarse en exceso o de que el ritmo de extinción de especies animales y vegetales supera el que se produjo cuando la desaparición de los dinosaurios. Más allá de la capacidad de carga de la Tierra, el crecimiento deja de ser posible y sólo apunta a un colapso económico y demográfico. Aún pasarán diez o quince años antes de que esos efectos sean visibles, pero seguramente se han traspasado ya los límites que los hacen inevitables. En este sentido, la era del desarrollo se ha acabado. Las propuestas interesantes y constructivas no se refieren ya al desarrollo sostenible o cosas así, sino a las diferentes versiones del posdesarrollo, a cómo se podría conseguir que la inevitable cuesta abajo sea más o menos ordenada y próspera.

 

 

 

 

Libros de Ernest García:

El trampolín fáustico: ciencia, mito, y poder en el desarrollo sostenible.

Medio ambiente y sociedad: la civilización industrial y los límites del planeta.

Valencia, L'albufera, L'horta: Medi ambient i conflicte social, de Ernest García y Mara Cabrejas.

Enlaces sobre
consumo:

Directorio de asociaciones de consumidores.

Sobre la ética del consumo (Documento desarrollado por Emilio Martínez Navarro y publicado exclusivamente en teína)

Asociación red Renta Básica

García Canclini: consumidores interactivos.

Entrevista a Adela Cortina: "El concepto moderno de la empresa ha de incluir cuestiones éticas".

Consumo... Luego Existo, por Adela Cortina y Ignasi Carreras.

Necesidades, desigualdades y sostenibilidad ecológica.

Apuntes universitarios sobre consumismo y compra compulsiva.