
El
planeta Tierra, como entidad física que flota y gira en el espacio,
es uno y solo uno, pero en él conviven multiplicidad de mundos.
Sesudos y documentados ensayos y análisis de especialistas ídem
destacan, casi a diario, que nunca antes la Humanidad había
pasado por un estadio de desigualdad tan abrumador como el actual.
Estos mismos
estudios muestran estadísticas escalofriantes: se estima que
cada año alrededor de 40 millones de personas mueren de hambre;
también de a millones se cuentan las personas que viven (si
se puede llamar así) en la indigencia con menos de un dólar
por día; mientras, en el mismo planeta
aunque
en un mundo, en una realidad, totalmente diferente, hay
personas que pagan más de 400 euros por una botella de vino
o que sufren picos de presión porque este año no serán tan millonarios
como esperaban por culpa de esas malditas acciones que a
último momento se desvalorizaron más de lo calculado...
No son pocos
los que claman y realmente creen que otro mundo es posible;
de hecho, los que actúan por esa causa no dejan de crecer. Sin
embargo, el o los cambios perseguidos siguen estando igual de
alejados, o incluso más. Se calcula que con un 10% de los gastos
militares globales se podría garantizar el acceso a los servicios
básicos de la población mundial. A día de hoy, no existen indicios
de plan alguno con esa finalidad. Por el contrario, las grandes
potencias, con Estados Unidos a la cabeza, se han lanzado a
una escalada en sus gastos militares.
Así están
las cosas. Las utopías son cada vez más utópicas, si
cabe decirlo de esta manera.

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