Editorial

La insaciable voracidad de
una cultura autodestructiva

Mundos paralelos

Colaboración:

Un poquito de hambre
por Jakob Gramms


Entrevistas:

Ernest García
«El crecimiento desmedido primero se autocancela y luego se torna destructivo»

Emilio Martínez Navarro
Por una ética del consumo

José Saborit
«Yo aconsejaría usar la televisión para poner encima un florero»


 

ACERCA DE LA ERA DEL CONSUMO ILIMITADO, INJUSTO Y DEVASTADOR

La insaciable voracidad de
una cultura autodestructiva

 

 

Mucho se ha escrito sobre el fenómeno del consumo. Estudios que analizan las causas de este ritual en términos económicos, culturales, psicológicos, hasta sociológicos y filosóficos, como son la búsqueda de referentes de identificación en un mundo globalizado. Lo claro es que el modelo de consumo de las sociedades industriales tiene consecuencias obvias: desigualdades sociales y daños medioambientales. Por ello, se alienta a echar mano del aspecto político y ético de esta práctica cotidiana, que dista mucho de agotarse en el ámbito privado del individuo y que se encuentra ligada a otras esferas de la vida.


Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

Sociedad de Consumo: sistema social y económico basado en la incitación permanente de necesidades ajenas a las elementales (o sea, a las ineludibles para vivir), a las que el hombre se ve empujado aun por encima de su voluntad, gracias a la inculcación de ésas por medio de mecanismos como la educación y la publicidad (1).

Como la definición no es nueva, sirve para demostrar que el problema que la misma denota y que hoy tiene largos alcances sociales y ecológicos es algo sabido desde hace años. Pero ello no ha hecho que el estilo de vida escogido como modelo por los occidentales variara una pizca, sino que se enraizara aún más en la concepción predominante de lo que es un mundo feliz, como si la vida se tratara de una película de Hollywood, de ésas que se asemejan mucho a un día de paseo por el supermercado con carros atiborrados.

En todo caso, es primordial a esta altura del partido entender que el mero acto de consumir no se agota en una decisión individual desligada del resto de las esferas de la vida, sino que tiene dimensión social, cultural, ecológica y política, que define sus características, es decir, que demarca las causas  y consecuencias del intercambio y adquisición de productos (no sólo materiales) para satisfacer necesidades. Por ello es posible referirse críticamente a esas pautas. Y el hecho de que no todos los grupos humanos tuvieron y tienen (aunque exista un modelo cada vez más predominante) los mismos hábitos de consumo, abre la puerta a la comparación y la propuesta de alternativas.

Si bien, como explicaba Eduardo Haro Tecglen, la sensación de seguridad acompañó siempre al hombre que tuvo las condiciones materiales para «garantizar la solidez de toda la vida», en las sociedades de consumo esta sensación se potenció considerablemente. De la seguridad provocada por la posibilidad de reservar para el futuro se pasó a la otorgada por el cambio permanente, que conllevó la necesidad de hipotecar el futuro con el fin de hacer posible el ritmo de vida presente.

Haro Tecglen hace coincidir ese momento con el nacimiento del modelo industrial en Occidente, en el siglo XIX. Los progresos de la técnica permitieron una producción cada vez mayor de objetos y sustituyeron a los métodos tradicionales, generando tipos de trabajo inéditos y migraciones que rompieron los viejos estilos de vida.

Pero si el sistema industrial de los dos primeros siglos se basó en la satisfacción de las necesidades humanas -no sólo esenciales sino también secundarias-, tras la segunda guerra mundial adoptó una dinámica de producción muy superior, que implicó la saturación de la demanda: se fabricaba más de lo que se necesitaba. El problema fue, entonces, cómo crear las necesidades para saciar la oferta. El objetivo de cubrir los aspectos vitales básicos (comer, vestir, protegerse de las inclemencias del tiempo…) no alcanzaba para alimentar semejante hoguera de llamas infinitas. El axioma, quizá tácito, pareció ser: las personas no pueden, no deben, contentarse con poco; la opulencia y la insatisfacción serán el gasoil espiritual que permita marchar al motor.

 

 

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Notas 

1) Eduardo Haro Tecglen. La sociedad del consumo. Salvat Editores. 1973.

2) Idem.

3) Erich Fromm. ¿Tener o ser? Fondo de cultura económica.

4) Gilles Lipovetsky. El imperio de lo efímero. Anagrama.

5) Beatriz Sarlo. Escenas de la vida posmoderna. Ariel.

6) Nestor García Canclini. Artículo: Consumidores y ciudadanos.

7) Idem.

8) Anthony Giddens. Sociología. IV Edición. Alianza.

9) Adela Cortina. Ética del consumo. Revista Claves de la razón práctica n°97.

Enlaces sobre
consumo:

Directorio de asociaciones de consumidores.

Sobre la ética del consumo (Documento desarrollado por Emilio Martínez Navarro y publicado exclusivamente en teína)

Asociación red Renta Básica

García Canclini: consumidores interactivos.

Entrevista a Adela Cortina: "El concepto moderno de la empresa ha de incluir cuestiones éticas".

Consumo... Luego Existo, por Adela Cortina y Ignasi Carreras.

Necesidades, desigualdades y sostenibilidad ecológica.

Apuntes universitarios sobre consumismo y compra compulsiva.