Ki-duk Kim, o el reverso del won

La aburrida burguesía


 


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Notas:

(1) Ganador del Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín (2004) y del León de Plata al mejor director en Venecia (2004).

(2) Marin Karmitz ha trabajado como productor para artistas de la talla de Claude Chabrol (Un asunto de mujeres, Madame Bovary, La ceremonia), Krzysztof Kieslowski (Tres colores: azul, blanco, rojo), Abbas Kiarostami (Ten, El viento nos llevará) o Michael Haneke (Código desconocido).

 

 

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Hierro 3

Y por fin, su última película, una de las más sugerentes. Su argumento es, como en el caso anterior, sencillo y original. Aquí el protagonista es un joven que se dedica a repartir publicidad con su flamante moto BMW. Con ella recorre las vecindades con un único objetivo: descubrir quién se ha ido de vacaciones, para instalarse en su domicilio y tener dónde dormir. De esta manera funciona su vida; de casa en casa. Y sólo por este motivo se puede deducir que se trata de un indigente: su motocicleta, su ropa limpia, su cámara digital y su aspecto de adolescente burgués inducen a pensar en un chico aburrido de su existencia, tan aficionado al golf como los protagonistas de Funny Games (Michael Haneke, 1998), con quienes comparte también esa vida fantasmal, aunque con objetivos bien distintos. En uno de los hogares, el muchacho conoce a Sun-hwa (Seung-yeon Lee), una mujer maltratada por su marido, a quien ésta desprecia por su egoísmo. Sun-hwa sorprende al muchacho invadiendo su casa y queda maravillada por su respeto. Tanto, que huye junto a él en un viaje distante de la sociedad, pero a su vez, desarrollado en el seno de ésta.

La inocencia de los protagonistas frente a un mundo desalmado —la policía, los vecinos, el marido de ella— y su delicadeza al invadir la propiedad ajena son encantadoras. No hablan, sonríen, casi parecen duendecillos remendones en casas ajenas. En ningún momento pretenden acarrear problemas allá donde van, y es ahí donde reside la grandeza de la película. El mutualismo —no simbiosis— define a la perfección el hábito de vida de esta pareja: se benefician de los hogares de los propietarios, y a cambio, les aportan alguna recompensa.

Hierro 3 es una de sus obras más ambiguas. Además, las escenas violentas resultan poco verosímiles —por ejemplo, las palizas a base de pelotazos de golf—; dicha violencia está demasiado injustificada y roza la línea de la gratuidad. Aún así, el argumento es brillante y la consecución de escenas es fácil de seguir sin cabezadas ni tertulias ajenas a la proyección. En definitiva, una obra inferior a las anteriores, pero merecedora de su galardón en Venecia.

Ki-duk Kim ha realizado once películas desde 1996. De todas éstas tan sólo Seom (La isla, 2000), Primavera, Verano, Otoño, Invierno... y Primavera y Hierro 3 se han estrenado en España. Se trata sin duda de un cine controvertido, hiriente, que conmociona al espectador, siempre bajo el paraguas de una buena realización. El director ha conseguido el reconocimiento de la crítica en los festivales europeos, y además, el agrado de las distribuidoras, que confían en el filón comercial de un cine que está de moda, aunque sólo sea en determinados círculos culturales.

 

 

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