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Hierro 3
Y por fin, su última película, una de
las más sugerentes. Su argumento es, como en el caso anterior,
sencillo y original. Aquí el protagonista es un joven que se dedica
a repartir publicidad con su flamante moto BMW. Con ella
recorre las vecindades con un único objetivo: descubrir quién
se ha ido de vacaciones, para instalarse en su domicilio y tener
dónde dormir. De esta manera funciona su vida; de casa en casa.
Y sólo por este motivo se puede deducir que se trata de un indigente:
su motocicleta, su ropa limpia, su cámara digital y su aspecto
de adolescente burgués inducen a pensar en un chico aburrido de
su existencia, tan aficionado al golf como los protagonistas de
Funny Games (Michael Haneke, 1998), con quienes comparte
también esa vida fantasmal, aunque con objetivos bien distintos.
En uno de los hogares, el muchacho conoce a Sun-hwa (Seung-yeon
Lee), una mujer maltratada por su marido, a quien ésta desprecia
por su egoísmo. Sun-hwa sorprende al muchacho invadiendo su casa
y queda maravillada por su respeto. Tanto, que huye junto a él
en un viaje distante de la sociedad, pero a su vez, desarrollado
en el seno de ésta.
La inocencia de los protagonistas frente
a un mundo desalmado —la policía, los vecinos, el marido
de ella— y su delicadeza al invadir la propiedad ajena son
encantadoras. No hablan, sonríen, casi parecen duendecillos remendones
en casas ajenas. En ningún momento pretenden acarrear problemas
allá donde van, y es ahí donde reside la grandeza de la película.
El mutualismo —no simbiosis— define a la perfección
el hábito de vida de esta pareja: se benefician de los hogares
de los propietarios, y a cambio, les aportan alguna recompensa.
Hierro 3 es una de sus obras
más ambiguas. Además, las escenas violentas resultan poco verosímiles
—por ejemplo, las palizas a base de pelotazos de golf—;
dicha violencia está demasiado injustificada y roza la línea de
la gratuidad. Aún así, el argumento es brillante y la consecución
de escenas es fácil de seguir sin cabezadas ni tertulias ajenas
a la proyección. En definitiva, una obra inferior a las anteriores,
pero merecedora de su galardón en Venecia.
Ki-duk Kim ha realizado once películas
desde 1996. De todas éstas tan sólo Seom (La isla,
2000), Primavera, Verano, Otoño, Invierno... y Primavera
y Hierro 3 se han estrenado en España. Se trata sin duda
de un cine controvertido, hiriente, que conmociona al espectador,
siempre bajo el paraguas de una buena realización. El director
ha conseguido el reconocimiento de la crítica en los festivales
europeos, y además, el agrado de las distribuidoras, que confían
en el filón comercial de un cine que está de moda, aunque sólo
sea en determinados círculos culturales.

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