|
PUENTES
DE HAMBURGO
Conrado
García del Vado
Dicen de Hamburgo
que tiene más puentes que Venecia y Amsterdam juntas, que su puerto
es el segundo más importante de Europa y que en ella viven algunos
de los propietarios de las mayores fortunas europeas. Afirman también
que está tan bien diseñada que ha servido de modelo urbanístico
para una ciudad totalmente nueva que se está construyendo a las
afueras de Shanghai, según el proyecto de un despacho de arquitectos
hamburgueses.
Los habitantes
de Hamburgo tienen fama de ser tenaces y muy trabajadores, con buena vista
para los negocios. Por eso algunos les consideran gente sin escrúpulos.
También se les identifica por estar orgullosos de su ciudad y,
si han nacido en ella, por ser hamburguesas o hamburgueses originales.
«La hamburguesa» también debería haber conocido
su nacimiento aquí, aunque es más probable pensar que algún
hijo de la ciudad emigrado a Estados Unidos tuviera la genial idea de
crear el plato más famoso y discutido del mundo. La hamburguesa
y el hamburgués aman la salchicha, a pesar de que, como nórdicos
que son, sean conocidos en el resto de Alemania como «cabezas de
pescado». Paradojas de la vida.
Hamburgo
es una ciudad moderna, multicultural y dinámica. Con sus más
de 1.700.000 habitantes y un área metropolitana de cerca de dos
millones más, es la segunda ciudad más grande de Alemania,
después de Berlín. Su puerto fluvial la ha abierto desde
hace cientos de años al mundo y ha atraído gentes de todos
los rincones. Por su movimiento de contenedores, su Hafen (puerto) se
sitúa en el séptimo lugar del mundo, y la región
está considerada la cuarta mas pudiente de Europa, con representación
consular de más de 90 países y con sedes de empresas multinacionales,
entre ellas, cerca de 500 asiáticas.
Huellas de la guerra
Durante la II Guerra
Mundial, Hamburgo, con su importante puerto y sus renombrados astilleros,
se convirtió en objetivo de los bombardeos aliados. En principio,
sólo se atacaron centros militares, industrias e infraestructuras.
Sin embargo, con el avance de la guerra, se cambió de estrategia
y se buscó «desmoralizar» a la población civil.
Cuando vayas a alquilar un DVD a un Blockbuster, recuerda que ese nombre
es el de las bombas que los aliados usaron para devastar vivendas civiles.
La campaña de desmoralización consistía en bombardeos
masivos en dos etapas. La primera, con bombas de gran onda expansiva destinadas
a provocar rotura de los tejados, puertas y ventanas de los edificios.
Y la segunda, con bombas de fósforo y del famoso napal que tanto
gustaba a los americanos usar en Vietnam. La práctica totalidad
de la ciudad se vio afectada. Más de la mitad de una urbe que ya
contaba con cerca de dos millones de habitantes fue reducida a escombros.
Aún hoy es normal escuchar en la radio que determinada carretera
ha sido cortada porque en las cercanías están trabajando
los artificieros de la policía para desactivar una de las numerosas
bombas que no tuvieron ocasión de explotar en los años 40.
Se calcula que en el subsuelo hamburgués aún hay unas dos
mil bombas enterradas. Pero eso no quiere decir que el suelo de la ciudad
esté minado (hace años que no ocurre un accidente debido
a una bomba) y el visitante puede disfrutar tranquilamente de su visita
a esta pequeña gran metrópoli.
Museos, iglesias y
«barrio rojo»
El
norte alemán es conocido por sus constantes lluvias. Además,
Hamburgo no es apta para personas depresivas, ya que en otoño o
invierno puede ocurrir perfectamente que el sol no aparezca durante semanas.
En la ciudad hay mas de 4.000 restaurantes, además de cientos de
«imbis», pequeños puestos de comida rapida. Hamburgo
es cara, aunque no tanto como París o Londres.
Imprescindible
es una visita al Ayuntamiento, donde el turista puede entrar incluso en
algunas salas nobles del magnífico edificio. Cerca del Ayuntamiento
se encuentra el río Alster y el más pequeño de sus
lagos. Rodeando este lago, se llega a otro, de mayores dimensiones.
En el centro las
calles adyacentes alojan algunas de las tiendas más exclusivas
del mundo. Muy interesantes son también los «passages»
comerciales que hay por esta zona, con coquetos cafés y tiendas
de todo tipo al resguardo del frío invierno alemán. A pocos
metros de este punto se encuentra la Monckebergstrase y su paralela Spitalerstrase.
No deje de visitar, a pocos metros de la estación central, el Kunsthalle
ni el Museum für Kunst und Gewerbe, aunque hay otros 50 museos nada
despreciables, además de decenas de teatros, cabarets y los mejores
musicales del momento.
Los visitantes
que llegan a Hamburgo en domingo se llevan una gran decepción porque
todo esta cerrado. El centro es la direccion errónea, ya que sólo
hay oficinas y tiendas, por lo que normalmente, si hace frío y
se decide visitar la plaza del Ayuntamiento un domingo por la tarde, sólo
puede encontrarse más turistas desilusionados. Una buena opción
es tratar de coger una de las barcazas que recorren los canales del Alster.
Las hay de muchos precios y, curiosamente, la más cara suele ser
la peor.
En una ciudad hanseática,
el puerto es el lugar más representativo. Lo primero que se debe
visitar es el Speicherstadt o ciudad de los almacenes, una zona junto
al puerto que fue construida a finales del siglo XIX y que sirvió
para al almacenamiento de café, té, telas, alfombras, cuero,
etcétera. Esta área recuerda los tiempos de consolidación
del puerto, con la creacion del puerto franco y la construcción
del canal que comunica el mar del Norte con el Báltico. A mitad
de camino se halla la iglesia de St. Michaelis, desde cuya torre se contempla
la ciudad en toda su extensión.
Como
toda ciudad porturaria, Hamburgo también tiene su «barrio
rojo». Éste se concentra en torno a la calle Reeperbahn que,
por otra parte, es probablemente la calle más famosa de toda la
república. En torno a esta calle hay numerosos burdeles, pero también
se hallan decenas de bares de copas y discotecas normales y corrientes,
similares a los que hay en España, aunque sin horario de cierre
(la idea de que los alemanes se van a casa a las diez de la noche es un
burdo tópico que nada tiene que ver con la realidad). También
hay restaurantes, teatros y museos, todo combinado en perfecta armonía
con quienes viven de vender su cuerpo y, por norma general, todo sorprendentemente
pacífico.
Aunque para encontrar
un ambiente universitario o más informal, y asistir a algún
concierto o ver teatro alternativo, lo mejor son los barrios de Sterneschanze
o Altona. Allí se concentran personas de todas las razas y creencias,
mezclados con total naturalidad.
RELIGIONES
Es innegable que
Hamburgo es una ciudad multicultural, pero ¿también multi-religiosa?
Parece ser que sí. En la República Federal Alemana, las
iglesias se financian principalmente por sí mismas y a través
de las aportaciones de sus fieles. Si el ciudadano se confiesa perteneciente
a una religión, debe especificarlo en el registro de empadronamiento,
lo que supone que todos los meses le descontarán automáticamente
una cantidad de su nómina que irá destinada a financiar
la iglesia a la que pertenece. Si no quiere que esto suceda, tendrá
que salirse de la iglesia. La fórmula de ser miembro y no pagar
no existe. Por eso el gobierno tiene datos exactos de los practicantes,
aunque sólo son fiables los referidos a las comunidades religiosas
más importantes, como la protestante y la católica.
La
última estadística oficial disponible (la de 2002) indica
que en la ciudad hanseática hay registrados cerca de 600.000 protestantes,
y algo menos de 180.000 católicos. Los primeros celebraron por
todo lo alto el pasado junio los 95 lustros que la reforma luterana lleva
vigente, y se sienten orgullosos de ser la religión más
extendida en el norte alemán. La comunidad católica fue
durante años considerada como un grupo minoritario y casi fue tratada
como una secta por el resto de una comunidad mayoritariamente protestante.
Eso provocó que sus fieles se unieran y protegieran mutuamente
durante mucho tiempo, y por eso hoy es probablemente el grupo más
compacto de cuantos hay en Hamburgo.
A falta de datos
oficiales por la negativa a registrarse de sus miembros, sólo queda
estimar que la tercera comunidad religiosa en cuanto a numero de fieles
es la musulmana, con un número estimado de 130.000 creyentes. Esta
creencia cuenta con mas de 50 mezquitas o centros de oración repartidos
por toda la ciudad.
La Central Judía
Alemana tiene en sus archivos cerca de 5.000 fieles en la ciudad-estado,
una cantidad irrelevante en comparación a la comunidad existente
antes de la guerra, que era una de las más importantes e influyentes.
Otros grupos religiosos destacados son los integrantes de la iglesias
ortodoxa rusa y griega o la budista, aunque no se dispone de datos oficiales
del numero de seguidores que las componen.
Finalmente, y para disfrutar a fondo de Hamburgo, déjese llevar
por su instinto; pasee por sus calles, hable a sus gentes y lea en las
fachadas de los edificios su historia. Así aprenderá a conocer
realmente esta magnífica urbe, esta puerta hacia el mundo y del
mundo. Hamburgo, la hanseática y libre; la húmeda y fría
Hamburgo.

|