Carta de Jesús al Papa


[ pág. 13 ]

Quien se adueña de las conciencias se adueña también del bolsillo de sus usuarios y de los resortes de la colectividad en la que éstos viven.

[ pág. 249 ]

Baste ahora con decir —con repetir— que el Nuevo Testamento es, de arriba abajo, una falsificación: la más imponente y, por sus consecuencias, la más deprimente de la historia universal de la cultura.

[ pág. 159 ]

Es difícil, casi imposible, viajar.—viajar, Wojtyla, no hacer turismo— sin llegar a la conclusión, racional y razonable, de que todo en la liturgia, doctrina e historia sagrada de las religiones es préstamo, contagio, ósmosis, simbiosis, relativismo y, en definitiva, sincretismo.

[ pág. 41 ]

El sincretismo me parece la única postura y doctrina intelectualmente sensata y moralmente aceptable en materia de religión.

[pág. 153 ]

No te olvides, Wojtyla, de que la doctrina de la Iglesia, como dijo Nietzsche, es la suma de cuanto yo [Jesucristo] condené.

[ pág. 59 ]

No nacemos para el dolor, sino para el aprendizaje, y aprender, aunque de vez en cuando rechinen los músculos y la vida nos tire de las orejas, es siempre una actividad gozosa. Cabe ser feliz aquí, Wojtyla. Aún más: debemos serlo.

[ pág. 63 ]

La gente, Wojtyla, no necesita del cristianismo, pero el cristianismo (y sobre todo, dentro de él, el Vaticano) sí necesita a la gente.

[ pág. 111 ]

No sólo el Islam promulga fatwas.

[ pág. 228 ]

No hay, Wojtyla, o no debería haber homosexualidad ni tampoco heterosexualidad: todo es sexo, todo cabe en el sexo, todo es legítimo en el sexo, menos el engaño, el abuso, la explotación y la violencia.

[ pág. 290 ]

El pecado original: ¿A quién, a qué demente, pudo ocurrírsele tamaño dislate, el mayor y peor, el más dañino, seguramente, de toda la historia humana? Ser occidental significa nacer culpable, sucio, andrajoso, marcado por un estigma del que sólo redime el sufrimiento. Cualquier barbaridad es, a partir de ahí, no sólo posible, sino también probable y hasta inevitable. Los niños orientales son inocentes antes del parto, durante el parto y después del parto. ¡Quién hubiera nacido allende el Bósforo!

[ págs. 310 y 311 ]

¿A quién, entonces, le extrañarán los esfuerzos realizados por Roma para impedir al pueblo la directa, ingenua y espontánea lectura de los libros sagrados? ¿Cómo asombrarse de que la Inquisición quemara cuantas Biblias hebreas caían en sus manos o de que el propio Torquemada echara al fuego seis mil ejemplares de las mismas en el curso de un vigoroso auto de fe celebrado en Salamanca? ¿A santo de qué, si no, el huracán desencadenado en el seno de la Iglesia por la inocente pretensión luterana de interpretar las Escrituras en la libertad y soledad de cada almario? Como dice Madame Blavatsky, filología y teología comparada son las armas que más espanto causan en el Vaticano. Y con razón, porque no habría existido ortodoxia ni Dogma ni papado sin las deliberadas falsificaciones bíblicas de Ireneo, Eusebio y Tertuliano.

[ pág. 19 ]

No querría que, a la luz de cuanto aquí he expuesto, se me tomara por un comecuras, por un castizo representante del tradicional, achulapado, gritón y bravucón anticlericalismo ibérico. No lo soy. Comparto demasiadas cosas con los sacerdotes, cualesquiera que sean las religiones o iglesias a las que pertenecen (...) La Iglesia y yo tenemos enemigos comunes, aunque nuestros amigos sean por lo general diferentes.

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Carta de Jesús al Papa
Fernando Sánchez Dragó
Editorial Planeta, 2001
346 páginas
5 pesos, Dickens, Av. Corrientes 1375, Buenos Aires