| Marcos Gusmán,
director y profesor de actuación
«El teatro es territorio
de un delirio
que nos conduce hacia la lucidez»
Alejandra
Garrido Buzeta
alejandramelfi@yahoo.com

Marcos
Guzmán se tituló en la escuela de teatro de la Universidad
de Chile, ahora tiene 32 años y trabaja como profesor de
actuación en las universidades de Chile, ARCIS y Mayor,
además de ser uno de los directores jóvenes más
destacados de la escena chilena. El año pasado obtuvo el
premio del Círculo de Críticos de Arte por su última
obra Fabulación, un texto de Pier Paolo Pasolini. Guzmán
se inició como asistente de dirección de Alfredo
Castro —consolidado actor, director y docente chileno— en el Teatro
de la Memoria. Su primera obra, escrita y dirigida por él,
se estrenó en 1995 bajo el título de Ortopedia del
alma. Luego vino el montaje de Los niños terribles (1997),
basado en una novela de Jean Cocteau. Más tarde viajó
a Europa con el fin de ver nuevas propuestas teatrales, después
de una temporada en Berlín, se dedicó a estudiar
un semestre de cine en Barcelona. Allí conoció el
texto de Pasolini: Fabulación. De regreso a su país,
se embarcó en el proyecto de montar la obra del escritor
italiano
Las tres obras que ha
dirigido Guzmán están cruzadas por la obsesión
con el padre. Las tres, han bordeado el lugar de un deseo incestuoso,
de una pulsión oscura. Esa poética va de la mano
con una profunda reflexión a partir de montaje escénico
que está profundamente conectada con el sentir de las vanguardias.
Marcos contestó
a teína algunas preguntas acerca de Fabulación y
sobre sus referentes teatrales
¿Qué influencia
tienen en tu teatro los movimientos vanguardistas?
Absoluta influencia. El
dadaísmo, el constructivismo ruso, futurismo y surrealismo,
fueron respuestas feroces contra un arte que sólo deseaba
circunscribirse al goce de los sentidos, a un arte burgués
y reaccionario que no intentaba modificar ni subvertir nada. A
un arte que sólo se contentaba con imitar a la vida. Desde
ese lugar, me siento completamente influenciado. Los utilizo siempre
como referentes, tanto para mis procesos artísticos como
los pedagógicos. Estas vanguardias, así como Brecht,
Artaud y Gordon Craig, desde sus respectivos contextos históricos,
no han sido sino una reacción en contra de la misma enfermedad.
Sus concepciones del fenómeno artístico y teatral,
son ataques violentos y sediciosos, respuestas llenas de lucidez,
pero también de odio y de rabia contra ese teatro burgués.
En donde no existe espacio para la diferencia.
¿Como definirías
el teatro que haces?
Siempre es difícil
definir lo que uno hace. Concibo el teatro como un maravilloso
territorio de ensoñación y delirio, pero de un delirio
que paradójicamente nos conduce hacia una lucidez total.
Un teatro que opera artaudianamente, es decir, que opera como
un vidente, un teatro que intenta hacer visible lo invisible,
para que al igual que Edipo, seamos capaces de ver eso que no
debemos ver. Desde esta misma dimensión entiendo el teatro
no como un arte colectivo sino autoral, por eso mismo creo en
el rol del director como el de un creador total, que debe concebir
su mundo completamente... ¡La creación de un mundo con
sus propias leyes! Supongo que ésa es la misión
de un director. Esas leyes operan para mí siempre desde
la extrañeza, porque creo que la belleza al igual que la
crueldad siempre es extraña.
¿Cómo abordas
el lenguaje de tus puestas en escena?
Como director me preocupo
de concebir todos los lenguajes de la puesta. Entiendo que el
espacio escénico esta ahí para tensarse con el cuerpo
del actor, para violentarlo, para rebotar, profundizar y multiplicar
sus infinitas sonoridades. Por eso siempre trato de dibujar el
espacio en su relación con el cuerpo del actor, y su transformación
en el viaje de la obra. Todo esto antes del comienzo del período
de ensayo con los actores. Para mí el actor, el espacio
y la dramaturgia son signos de una caligrafía que intento
instalar en cada puesta en escena. Quizás por eso podría
decir que mi proceso de creación es lento, generalmente
me tomo por lo menos dos años entre un proyecto y otro.
El impulso gatillante puede ser una imagen, un texto, una sonoridad….
¿Cuáles son
los temas que te preocupan?
Los temas siguen siendo
los mismos: el poder/ el padre / la ley y el deseo, siempre son
los mismos fantasmas lo que rondan. La idea de un teatro parricida.
Por ejemplo, en mi última puesta en escena llamada Fabulación,
trabajé a partir del texto homónimo del gran autor
italiano Pier Paolo Pasolini. Desarrollé un proceso en
torno a la relación incestuosa y parricida entre un padre
burgués y su hijo: ¿cuál era el lugar que ocupaba
el deseo y la pulsión de muerte en esa relación?;
¿qué era lo que conducía inexorablemente a ese crimen?
El intento de responder
estas preguntas nos hizo sumergirnos en el mito y la tragedia.
Así, Edipo y Cronos aparecieron como territorios en los
cuales debimos perdernos. Pasolini nos mostraba en su dramaturgia,
el devenir trágico de un padre burgués, que como
Cronos, intenta devorar a su hijo, engullirlo como diría
Pasolini, contaminarlo finalmente de su enfermedad burguesa. La
mirada de este hombre, que era un rico empresario, estaba situada
en la envidia del hijo, en un duelo terrible por aquello que todo
Padre siempre pierde, es decir la juventud, la fecundidad, la
rebeldia, y la ligereza. Ese padre estaba destinado a transfigurarse
por sus más profundas pulsiones, de un poderoso Cronos,
hambriento y devorador, en un extraño y frágil Edipo,
que mira por el ojo de la cerradura y comete un crimen parricida.
La idea del misterio y del enigma, entendidos como esa verdad
prohibida e inviolable de la vida, que sólo puede ser representada
a través de su doble, es en donde Pasolini pretendía
sumergirnos, intentando seducirnos y convencernos de la idea de
que el teatro y los sueños no son sino finalmente los únicos
territorios en donde aún somos capaces de rozar el misterio
de la vida. Al igual que Artaud, Craig y Brecht, Pasolini nos
acerca a la idea de un teatro que intenta poner en escena a la
vida misma, pero en todo lo que esta tiene de misteriosa e irrepresentable.
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