
El Sumo Creador tiene sus propios juglares,
hombres y mujeres sanos que glosan sus virtudes y predican su
mensaje en discos compactos con la cara del Papa en la cubierta.
Sus canciones son la banda sonora de los seminarios, el hilo
musical de los conventos y el ritmillo que agita los solideos
en la Conferencia Episcopal. Sin embargo, entre los pecadores
y promiscuos, Dios sigue estando presente, y una buena batería
de canciones profanas se ha atrevido a invocar su nombre durante
las últimas décadas, aunque no siempre para obtener
un billete de ida al paraíso. Por ello, milagrosamente,
el disco de Dios que ahora editamos tendrá tres caras
en lugar de las dos habituales. En la primera, el cielo, seleccionamos
algunos cortes clásicos; en la segunda, el purgatorio,
llegamos hasta los años noventa con tres grupos míticos;
y en la tercera, espigamos letras de todos los tiempos que harían
derrumbarse una catedral.
CARA A CIELO
En el principio había respeto.
Los cantautores clásicos manifestaban, sí, dudas
sobre la existencia de Dios y sobre su preocupación por
nosotros, pero lo hacían siempre desde el reclinatorio,
con la cabeza baja, esperando que una luz celestial esclareciera
de pronto sus atormentados cerebros. Bob Dylan, por ejemplo,
se pasó tres décadas tocando a las puertas del
cielo hasta que Juan Pablo II se las abrió, junto con
las del Vaticano, donde el viejo Bob avergonzó a sus
fans dando un concierto rodeado de vírgenes de palo y
hostias consagradas. Delirante.
Knocking on Heaven`s Door (1973)
(1) fue una canción escrita para la película de
vaqueros Billy el niño, de ahí que su letra hable
de pistolas e insignias. La historia parece ir de un sheriff
un poco cobarde que ve venir el peligro y le dice a su madre
que le quite la estrella dorada y las armas, que él lo
ve todo muy negro y prefiere largarse. Este desasosiego le hace
sentirse como si estuviera llamando a las puertas del Cielo.
Años después, por si el
mensaje no había quedado claro para el Papa, el bueno
de Bob edita God Knows (1990), en la que da cumplida
cuenta de todo lo que sabe Dios, que, por cierto, es un montón.
«Dios conoce los secretos de tu corazón./ Mientras
duermes, te los susurra al oído./ Dios sabe que hay un
propósito,/ Dios sabe que hay una oportunidad,/ Dios
sabe que puedes dejar atrás la oscuridad en cualquier
circunstancia...» (2)
Indudablemente, Bob Dylan se ha ganado
el cielo.
Otro que está casi en él
es Neil Young, al menos por su canción God`s Perfect
Plan (no editada en álbum). En ella dice: «La
mesa está llena de comida/ hay mucho amor en la casa/
los niños hacen lo que pueden./ Tenemos muchas cosas
por las que ser felices.»
Luego
afirma que tiene una estupenda mujer, honesta y fuerte, que
le ayuda a ser un buen hombre. Sin embargo, le pone una pega
al plan divino: «Pero nada es perfecto en el plan de Dios./
Mira en las sombras y ve/ que Él sólo nos dio
cosas buenas/ para que entendiéramos cómo sería
la vida sin ellas.»
Seguimos con John Lennon. John se lo
puso difícil a Dios con Imagine (1971): «Imagina
que no hay salvación,/ es fácil si lo intentas,/
ningún infierno debajo,/ sobre nosotros sólo el
cielo./ Imagina a todo el mundo/ viviendo el instante.»
Ya en Give peace a chance (1969), había incluido
en su lista de asuntos insoportables de los que hablaba todo
el mundo a diversas corrientes espirituales y a los obispos
y rabinos. Sin embargo, el mismo año que Imagine, John
Lennon hizo su primer acercamiento a Dios con la canción
God save us. Allí, no sólo imagina que
hay salvación, sino que la hay a mansalva: «Dios
salva a todos y cada uno./ Dios nos salva de la derrota./ Dios
nos salva de la guerra./ Dios nos salva en medio de la calle.»
Pero es en God (1970) donde encontramos la clave de que
John Lennon haya sido incluido en la cara A del disco de Dios.
Su letra es como un texto talmúdico, como un jeroglífico
o, incluso, un mensaje divino. La copiamos íntegra: «Dios
es la medida de nuestro dolor./ Lo diré otra vez:/ Dios
es la medida de nuestro dolor./ Yo no creo en la magia./ Yo
no creo en el I-ching./ Yo no creo en la Biblia./ Yo no creo
en el tarot./ Yo no creo en Hitler./ Yo no creo en Jesús./
Yo no creo en Kennedy./ Yo no creo en Buddha./ Yo no creo en
Mantra./ Yo no creo en Gita./ Yo no creo en Yoga./ Yo no creo
en reyes./ Yo no creo en Elvis./ Yo no creo en Zimmerman./ Yo
no creo en The Beatles./ Yo sólo creo en mí./
Yoko y yo./ Y eso es real./ El sueño terminó./
¿Qué puedo decir?/ El sueño terminó/
ayer./ Fui un soñador/ pero ahora he renacido./ Fui la
morsa/ pero ahora soy John./ Así que queridos amigos/
sólo tenéis que aceptarlo./ El sueño ha
terminado.»
Lo que parece decir John Lennon es:
The Beatles son historia, tengo que seguir con mi vida y mi
carrera, y para ello dispongo de mi mujer, Yoko Ono. Pero lo
que en verdad dice es: yo soy Dios. Es por eso que niega a Jesús
y a la Biblia, y todas aquellas cosas que en general guían
al resto de los mortales. Él, John Lennon (también
conocido como Dios) es el único que no necesita nada
y el único que puede creer sólo en sí mismo.
Su célebre frase: «Somos más famosos que
Jesucristo», ha evolucionado de forma natural hasta el
delirio mesiánico, y si hay alguien que Dios quiere tener
a su lado en el cielo es a toda esa gente que le imita, porque
sin duda son los más divertidos para Él.
Finalmente, el Todopoderoso no podía
negarnos una muestra más de su inalcanzable generosidad.
Es por eso que The Velvet Underground habitan hoy el paraíso.
Heroinómanos, putañeros y descarrilados, aquellos
músicos comandados por Lou Reed representaban al buen
ladrón de la música popular, a la prostituta redimible
o al pecador inconsciente. En su famosa Heroin (1967),
después de comentar sus sensaciones tras meterse un pico,
Lou Reed se acordaba de Dios en la parte final: «Y cuando
la heroína está en mi sangre/ y mi sangre en mi
cabeza/ entonces le agradezco a Dios que valgo tanto como si
estuviera muerto/ le agradezco a Dios que no estoy despierto/
y le agradezco a Dios que ya nada me importa». Esto quiere
decir que la heroína, para The Velvet Underground, era
un camino (equivocado, sin duda) para confluir con el Altísimo.
Dos años después, lo expresarán de manera
más evidente en su canción Jesus: «Jesús,
ayúdame a encontrar mi sitio./ Jesús, ayúdame
a encontrar mi sitio./ Ayúdame en mi debilidad/ porque
estoy cayendo fuera de gracia./ Jesús, Jesús.»
Y así consiguieron su camiseta para jugar en el equipo
de Dios.
CARA B (PURGATORIO)
Tres famosísimos grupos musicales
ocupan el purgatorio musical. Se trata de REM, The Smiths y
U2.
REM
representan el agnosticismo absoluto y, ya se sabe, no hay nada
que ofenda tanto a Dios como un agnóstico, ya que, al
contrario de lo que pueda pensarse, un ateo está mucho
más cerca de Él que un agnóstico, pues
el creyente y el ateo son caras de una misma moneda, mientras
que el agnóstico es sin duda otra divisa. Los temas principales
del cancionero de REM son, por este orden: la política,
el amor andrógino y la posmodernidad. Sin embargo, le
deben a una de sus pocas canciones de temática religiosa
la consecución de la fama. Losing my religion
(1992) fue el mega-hit que les abrió los monederos
de millones de consumidores musicales. El videoclip (imitado
posteriormente de forma masiva) utilizaba numerosos símbolos
cristianos y es, sin duda, uno de los mejores de todos los tiempos.
En él, Michael Stipe hizo playback por primera
vez en su vida para decir: «La vida es más grande/
es más grande que tú./ Y tú no eres mí./
Los largos espacios que he de recorrer/ la distancia en tus
ojos.../Oh, hablé demasiado,/ lo sentencié./ Ése
soy yo en un rincón/, ése soy yo en el punto de
luz,/ perdiendo mi religión,/ intentando mantenerte conmigo,/
y no sé si puedo hacerlo.» Y más adelante:
«Pensé que te había escuchado reírte
(...)/ pero era sólo un sueño/ sólo un
sueño.» Este supino escepticismo hizo dudar a Dios,
lo que unido a la ambigüedad sexual del vocalista, le obligó
muy a su pesar a confinar al grupo de Georgia en el purgatorio,
de donde no van a salir hasta que graben un tema medianamente
esperanzador.
Algo parecido pasa con The Smiths. Su
cantante, Morrisey, es homosexual, y eso ya hace al Creador
levantar una ceja inquisidora. Así, revisa las letras
de las canciones de The Smiths y encuentra cosas como éstas,
en Half a person (1987): «Y si tienes cinco minutos
de sobra/ te contaré la historia de mi vida:/ con 16
años, patoso y tímido/ fui a Londres y me inscribí/
en la Y... WCA (Asociación de mujeres jóvenes
cristianas)./ Dije: Me gusta esto, ¿puedo quedarme?/
¿Tenéis plaza para un arrastrado?»
¿Qué broma es ésta?,
pensaría Dios. Si Morrisey quiere unirse a alguno de
mis club de fans, que lo haga en el apropiado, ¡el de
hombres! Ya en 1984, Morrisey había expresado sus dudas
sobre la estima que Dios podía tenerle. En Heaven
knows i am miserable now, no paraba de repetir esas palabras
del título: «Dios sabe que ahora soy un desgraciado.»
Sin embargo, el vocalista de The Smiths libró a su grupo
del infierno gracias a la canción Please, please,
please (también de 1984). En ella se mostraba más
humilde: «No he tenido un sueño/ en mucho tiempo./
Mira mi vida:/ puede hacer de un hombre bueno uno malo./ Así
que, por favor, por favor, por favor/ déjame por esta
vez conseguir lo que quiero./ Dios sabe que sería la
primera vez./ Dios sabe que sería la primera vez.»
De momento, The Smiths están
en cuarentena religiosa. Depende de su cantante, el aturullado
Morrisey, subir al Cielo o no. Sus últimos discos en
solitario le están gustando a Dios, pues en ellos Morrisey
muestra claramente lo conservador que se está volviendo.
Por
último, ocupa el purgatorio U2. Sí, ya sabemos
todos que U2 son irlandeses, y que Irlanda, junto a Polonia
y España, son los países más católicos
del planeta. Sin embargo, ante la actitud filantrópica
de Bono, el cantante del grupo, Dios no puede dejar de preguntarse:
«¿De qué va este tío?» Y es
que Bono tiene a Dios quemadito con sus apariciones beatíficas,
siempre haciéndose fotos con los líderes mundiales
y musicando el dolor ajeno. La competencia es algo que al Altísimo
le molesta sobremanera. Esto, unido a las letras de If god
will send his angels (1997), han hecho a Dios tomar está
dura medida contra el hijo predilecto de su predilecta Irlanda.
En la mencionada canción se dice: «Si Dios enviara
a sus ángeles,/ ¿iría todo mejor?/ Si Dios
enviara a sus ángeles,/ ¿dónde vamos nosotros?»
Y también: «Jesús nunca me abandona./ Tú
sabes que Jesús siempre me muestra el sentido./ Pero
han hecho de Jesús un negocio/ y ya no soy capaz de llegar
a su puerta.»
CARA C (INFIERNO)
Es posible que en el infierno haga calor,
pero desde luego es donde ponen la mejor música. Empezamos
con The Rolling Stones y su Sympathy for the devil (1968):
«Por favor, permitid que me presente:/ soy un hombre de
salud y gusto,/ he estado por aquí mucho tiempo/ robando
la fe y alma de las personas./ Estuve cuando Jesús/ tuvo
su momento de duda y dolor,/ estad seguros de que Pilatos/ se
lavó las manos y sello su destino./ Encantado de conocerte,/
supongo que adivinas mi nombre./ Aunque confundirte/ forma parte
de mi modo de ser.» Y más adelante: «Todos
los policías son unos criminales,/ y los santos, pecadores;/
llámame sólo Lucifer/ pues necesito un poco de
reserva.»
La actitud de The Rolling Stones no
queda muy lejos de la de The Velvet Underground, pero mientras
el grupo de Lou Reed encarna al pecador recuperable, el de Mick
Jagger representa sin duda al pecador vocacional, ése
que pide a gritos visitar el infierno. Allí
podrán
encontrarse con Sinead O`Connor, otra irlandesa. El motivo de
que esta mujer tan peculiar no pueda sentarse en el halda de
Dios es conocido: rompió la foto del Papa en un programa
de televisión. Ella se declara creyente, pero lo que
menos necesita Dios es un cristiano que haga pensar a todo el
mundo que su fe vuelve a la gente majareta. Canciones como Jerusalem
no conseguirán su absolución, y menos aún
ese look de hare-krishna que siempre luce.
The Sex Pistols andarán también
por allí. Su canción God save the Queen
(1977) les acredita de sobra para cocerse en las llamas: «Dios
salve a la reina,/ su régimen fascista./ Ellos te convierten
en morón/ y en una posible bomba H./Dios salve a la reina,/
no es un ser humano./ No hay futuro/ en el sueño de Inglaterra.»
Y luego: «Dios salve la historia,/ Dios salve tu loco
desfile,/Dios es misericordioso/ y todos los crímenes
son pagados.»
Finalmente, entran con honores en el
averno, The Dead Kennedys. «Jesús fue un terrorista»,
dicen en una canción. Y en Moral Majority (1981):
«Vosotros os llamáis la moral,/ nosotros nos consideramos
a nosotros mismos la gente del mundo real,/ tratáis de
borrarnos del mapa pero vamos a sobrevivir./ Dios tiene que
estar muerto si vosotros estáis vivos.» Para después
añadir: «Queman miles de libros para hacerte tragar
sus mentiras/, masturbándose con una bandera y una biblia.»
Y también: «No queréis abortos, queréis
niños estropeados,/ queréis prohibir la píldora
como si eso solucionara los problemas./ Y ahora queréis
obligarnos a rezar en la escuela.»
Para
Dead Kennedys la confesión cristiana no es el único
mal del mundo. Todas las religiones lo son. Así se deduce
de su canción Religious vomit (1981):«Todas
las religiones me hacen querer vomitar,/ todas las religiones
me ponen enfermo./ Todas las religiones me hace querer vomitar,/
todas las religiones apestan./ Todas ellas dicen tener la verdad/
que te hará libre./ Basta con que les des todo tu dinero
y te harán libre,/ libre por un precio./ Todas ellas
dicen tener la Respuesta,/ pero ninguna conoce siquiera la Pregunta./
Son sólo una panda de mentirosos,/ sólo quieren
tu dinero y tu conciencia.»
BONUS TRACK
La canción extra del Disco de
Dios es Check the meaning (2002) de Richard Ashcroft.
Se trata de un tema a medio camino entre la fe y la desesperanza
que resume cabalmente las diferentes tendencias espirituales
que hemos oído en las tres caras de este LP. Su
letra reza así:
Cuando estoy bajo de ánimo,
y soy débil, y me siento perdido, no sé en quién
puedo confiar. Paranoia, el destructor empieza a llamar a mi
puerta. Tú sabes que el dolor se convierte en días,
se vuelve noches, pero finalmente amaina. Y cuando esto sucede,
me levanto, respiro y me pregunto qué voy a encontrar.
¿Puedes escuchar lo que digo? Tengo mi mente ocupada
en el amor. ¿Sientes lo que digo? Ahora estoy pensando
en el amor.
Demasiada sangre, demasiado dolor,
apaga el equipo, tiene que haber algo más. Cuando Mahoma,
Alá, Buda, Jesucristo están tocando a mi puerta.
Soy un agnóstico llegando a Dios, pero, amigo, él
toma forma de mujer. No hay tiempo, no hay espacio ni ley. Estamos
solos aquí abajo. Supongo que es la vida, haciendo su
camino. Haciéndote llorar, haciéndote pensar.
Sí, la vida. dando cartas. Haciéndote llorar porque
tú no entiendes nada, haciéndose pensar en el
dolor, haciéndote llorar y cantar, sí, la vida.
Arriba
