| De la biotecnología
a la bioética
Rubén A. Arribas
revistateina@yahoo.es

Hombres a la carta (Los dilemas de la biotética)
Javier Sádaba / José Luis Velázquez
Editorial temas de hoy, Madrid, 1998
184 páginas
4 pesos, Libros Lucas, Av. Corrientes 1247
La moral es un cosmos de convicciones,
principios y creencias que determinan y arraigan en nuestras relaciones
con los demás seres humanos colocándonos antes los
hechos de una u otra manera. Una moral extraña a los hechos
que configuran nuestras vidas puede acercarnos al cielo, pero
sólo al precio de ignorar lo que tenemos más cerca.
Una moral parapetada en p rincipios
trascendentales y creencias dogmáticas, que se cierra en
banda antes de examinar las nuevas posibilidades de mejorar nuestras
condiciones de vida, sólo logrará empequeñecer
al ser humano. No son las verdades trascendentales las que contribuyen
a mejorar nuestra condición moral, sino la convicción
de que los nuevos problemas requieren, al menos, soluciones provisionales.
Desde el epígrafe de A. Pope con que se abre este libro,
«Conócete a ti mismo. No pretendas que Dios lo haga.
El estudio propio de la humanidad es el hombre.», los autores
dejan claro cuál será el norte de sus ideas. Esta
invitación al conocimiento profundo y sin intermediarios
divinos reivindica una sociedad ilustrada y secular, «que
argumente en vez de imponer nada», que favorezca la investigación
y sea prudente a la hora de poner límites, que apueste
por una ética universal y no por teocentrismos que buscan
parcializarla de manera excluyente. Las nuevas tecnologías
biomoleculares sirven para enriquecer el humanismo del hombre,
y éste debe caminar sin miedo hacia delante y asumir los
dilemas éticos asociados a ese avance. Es un error considerar
la moral como algo estático o endogámico; como señalan
los autores cuando parafrasean a Ortega y Gasset: el objetivo
es lograr una moral a la altura de nuestro tiempo.
El ADN contiene más secretos de
la vida que la calenturienta interpretación literal de
cualquier libro sagrado acreedor de verdades reveladas.
El progreso de la especie humana debe apoyarse en datos científicos,
y no en especulaciones teológicas. En relación a
otras especies, el ser humano tiene una biología joven;
apenas hace 200 000 años que viene construyéndose.
Para seguir creciendo, la especie humana necesita reconocerse
como un sistema abierto a los cambios. Estamos hechos de genes
no de polvo y saliva divina y tenemos una semejanza
genética con los chimpancés de un 98,4 %; eso, y
no el Génesis, explica antropológicamente qué
somos. Ninguna doctrina dogmática puede encerrar moralmente
al hombre, y menos si ésta es de carácter excluyente:
la moral la decidimos entre todos, y no entre unos pocos, histéricos
y reprimidos. La biotecnología debe mejorar las condiciones
de vida del ser humano y evitar el sufrimiento; está en
juego el bien de la especie y los genes ofrecen muchas posibilidades
para mejorar el futuro: la hemofilia o la fibrosis quística
pueden tener remedio.
La clonación consiste en reproducir
o copiar un individuo y obtener otro que sea exactamente igual
al primero. Igual, pero no idéntico: la libertad no está
en los genes. La clonación sucede con frecuencia en
la naturaleza, por ejemplo en ciertos vegetales, bacterias o estrellas
de mar; sin embargo, en el caso del hombre este hecho tiene implicaciones
teológicas debido a que toca la pasión humana por
crear y aproxima al hombre hacia el misterio del origen y fin
de la vida. Ante los dilemas éticos que esto suscita, los
autores abogan por una ciencia colectiva y prudente y defienden
una moral consensuada y que se expanda a diario.
En 1990 se puso en marcha el proyecto
genoma humano, que tiene por objeto descifrar el libro de la vida,
el ADN. Aunque en 1993 la UNESCO declaró el genoma patrimonio
de la humanidad, el capitalismo rampante del siglo XXI no perdona
un solo mercado: el principal problema asociado a este proyecto
científico mundial es la biopiratería de las transnacionales
médicas como la Hoffman-Laroche, en especial
en los países pobres. Como se ve, además de problemas
éticos, las nuevas tecnologías plantean novedosos
enredos con la legalidad; por algo se habla del derecho bioético.
Por ejemplo, un típico conflicto será cómo
evitar que las compañías de seguros o las empresas
usen el código genético de sus empleados para cobrarles
pólizas de seguros más caras o discriminarlos laboralmente.
Ensayo útil, lleno de ideas inquietantes
y esclarecedoras sobre los tabúes morales clonación,
aborto, fecundación artificial, uso de embriones o eutanasia
asociados a las nuevas tecnologías, bien escrito y documentado,
y que precede a otros publicados sobre el mismo tema por parte
de Javier Sádaba, filósofo español. Atención:
páginas no aptas para fundamentalistas que profesen algún
credo dogmático (¿o todo lo contrario?)
Nota: el libro incluye un glosario de
términos científicos y una bibliografía con
páginas web relacionadas.
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