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Contra la herética pravedad y la apostasía
La
inquisición en Hispanoamérica (judíos, protestantes
y patriotas) A
fines del siglo XVI la Inquisición de México procesó
post mortem a Antonio Machado, sastre paralítico y judío
ferviente, cuyos huesos mandó desenterrar y quemar, junto con su
estatua, en el auto de fe de 1601. Según surge de su proceso, aún
inédito pero en nuestro poder, el hijo de este israelita tan apegado
a su fe, doctor Juan Machado, abogado de la Audiencia de México,
era un católico sincero y practicante. Incluso la Inquisición
lo que es decir mucho no vio ningún motivo para proceder
contra él. Sin embargo, halló suficientes justificativos
para proceder, en 1604, contra su hija Antonia, porque a pesar de ser
nieta de un relajado, «trae vestidos de seda con franja de oro».
Cabe destacar que fueron los vecinos de la rea quienes la acusaron ante
el Santo Oficio. También a causa de una denuncia de personas de
su trato fue procesado Gonzalo Medina, otro nieto de Antonio Machado.
Se le acusaba de «traer armas, vestidos de seda y paño fino
y andar a caballo», todas cosas prohibidas a los descendientes de
condenados hasta la segunda generación, inclusive. (pág.
171) En 1569, Felipe II recomendó «nombrar Inquisidores Apostólicos contra la herética pravedad y apostasía, y los oficiales y ministros necesarios para el uso y ejercicio del Santo Oficio.» en las colonias de América. Si ya entonces el Sacrosanto Circo Imperial presentaba al otro lado del Atlántico atracciones varias como el deslome de indios en las minas del Potosí a ritmo de multinacional moderna, el florecimiento de lujosas iglesias como si fueran McDonalds, el expolio por toneladas de cualquier mineral precioso o la devastación de los suelos a fuerza de plantar caña de azúcar y café como escribieron Marx en 1848 y más tarde Galeano, sólo faltaba enviarles la Inquisición para convertir el continente en un cuadro perfecto de El Bosco. Según
Lewin, la raíz del odio español por los judíos tiene
un fuerte componente económico. La evolución de los hechos
puede sintetizarse como sigue: 1)
En 1184 se celebra el Concilio de Verona y aparece la figura del Inquisidor
ordinario, obispo que vigilaba, reglamento en mano, la herejía
en sus parroquias y diócesis. El papa Lucio III y el emperador
Francisco Barbarroja acordaron que «el crimen cometido en ofensa
de la majestad divina debía ser juzgado mucho más severamente
que el cometido contra la majestad humana.» A
partir de ahí: Sin ser un virtuoso del estilo, Boleslao Lewin salva con honor el obstáculo que supone para los investigadores mostrar los resultados de su trabajo, y convierte en interesante y ordenada la densidad informativa que maneja; aunque a veces ésta resulta demasiado abrumadora. En esos momentos se nota que la orientación del libro es eminentemente histórica y, en cierta medida, alejada de la divulgación: incluye muchas citas extensas, llamadas a otros textos, reproducciones de facsímiles, una amplia bibliografía, discusiones con otros investigadores... Este último apartado resulta llamativo, pues los damnificados son clásicos españoles: Claudio Sánchez-Albornoz es señalado como antisemita por su versión sobre Luis Vives, Américo Castro el ídolo de Juan Goytisolo es acusado de falsificar una cita de Menéndez Pelayo y éste, aunque encaja menos golpes, sale intitulado como «el más alto exponente del pensamiento católico español moderno.» En definitiva, un buen libro cuya lectura sólo se puede recomendar. |
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