| 
Estambul x 9
Alberto Torres Blandina
albertorres@vodafone.es

0
merhaba. istanbul sokaklari:
müslum gürses. 1.000.000 T.L. narguilé. kenizé
mourad: de la part de la princesse morte. aya sofya. atatürk:
mustafá kemal. arabesk. iskender kebap. kilim. sultanahmet
camii. mevlana celaleddin rumi: derviches. ayrán. hammam.
omar faruk tekbilek. haliç. galatasaray. nazím hikmet.
kapaliçarsi. raki. süleyman. topkapi. allahaismarladik.
,1
Está anocheciendo.
El silencio se rompe. Una voz se eleva sobre la ciudad. Es el
canto que llama a los fieles a la oración. Repetitivo,
melancólico suena desde los cientos de minaretes, envolviéndolo
todo, hipnotizándote, obligándote a detener la marcha,
a cerrar los ojos y perderte en su cadencia. Las puertas de la
mezquita Süleymaniye
se han cerrado con cortinas. La gente ha ido entrando lentamente.
Pequeños grupos. Familias. Encuentros. Saludos. De pronto
todos los murmullos cesan. La oración ha empezado. Unos
pasitos apresurados. Te giras. Una niña corre hacia la
mezquita. Sube las escaleras. Sin detener su marcha se quita los
zapatos. Las mejillas enrojecidas. Te mira. No se detiene. Con
los zapatos en la mano aparta la cortina y entra. Sonríes.
,2
Kapaliçarsi. Laberinto
de calles cubiertas. Joyas, alfombras, souvenirs, pipas de agua,
lámparas, especias. Paseas lentamente, observándolo
todo pero sin detenerte. Los vendedores salen de sus tiendas.
Te saludan en italiano. Niegas con la cabeza. ¿English? ¿Español?
Sonríes. Sabes que tiene alguna frase para ti. Para llamar
tu atención. Alguna frase para el turista español.
Tal vez sepa algo más. Tal vez haya aprendido tu lengua.
Lo justo para contarte alguna anécdota. Te hablará
de la liga de fútbol. O tal vez de algún familiar
que vive en España. Te dirá que no le gustan alemanes
ni americanos. Pero españoles, sí. Te dirá
que son parecidos a los turcos. Tu asentirás.
,3
Un paseo por el puente
Gálata. La ciudad se extiende por todo el horizonte. Desde
aquí Estambul no tiene fin, no tiene fronteras. Sólo
el mar, el estrecho del Bósforo, dividiéndola en
tres orillas. Los pescadores se
agolpan sobre la baranda del puente. En sólo unos minutos
dos de ellos han llenado un cubo de sardinas. Un niño lo
coge y se dirige a la orilla de Eminönü. Lo sigues.
Deja el cubo en una barca donde tres hombres fríen pescado.
Uno de ellos te mira. En turco te invita a probar las sardinas.
Aceptas. Pagas y te sientas en una de las pequeñas mesas
a la orilla del mar. Es hora punta. Detrás el tráfico.
Detrás la multitud. La gente que viene y va. Delante el
olor a pescado frito. Los gritos de los vendedores. El mar.
,4
Sultanahmet Camii, la
Mezquita Azul. Impresiona. Enmoquetada de rojo, con su gigantesca
lámpara de araña en el centro. Todos los turistas
están sentados, en silencio. Los imitas y te sientas. Permaneces
así, sin saber muy bien qué hacer exactamente. Algunas
veces es difícil ser turista. Mantener ese halo de empatía.
Parecer seguro de lo que hay que hacer —con un semblante
entre sorprendido y serio— aunque no tengas ni idea de lo
que estás haciendo. Te has sentado sobre el suelo de la
mezquita como si fuera algo habitual. Lentamente, esperando que
un movimiento algo ritualizado sea garantía de gran experiencia
y comprensión. Después esperas en silencio, observando
a los demás. Tan perdidos como tú. Poco a poco olvidarte
de protocolos. Cerrar lo ojos y relajarte. Dejar que los pensamientos
viajen solos. Obviar los matices del silencio. Perderte en trascendencias
ajenas y cotidianas.
,5
El hammam es de los turcos.
Su imperio de mármol y vapor. En la ciudad los visitantes
imponen su ley con la cartera. Pero, en los baños, los
hombres desnudos no llevan cartera. Allí están indefensos.
Allí los turcos muestran despóticamente su poder.
Las miradas frías imponen los límites. Los gritos.
Los masajes demasiado bruscos. Tu desnudez. Sus palabras ininteligibles
en tono poco amistoso. Sus risas irónicas. El calor. Inquietan.
Violentan. Te sientes escarnecido y sales de allí mucho
antes de lo que habías planeado... Dicen que en los baños
para mujeres las masajistas les susurran bonitas canciones.
,6
El camarero quiere aprender
español. Te ha servido algunos aperitivos y un kebab. Te
ha recomendado beber ayrán, yogur líquido con especias
y ajo. Se sienta a tu lado y saca su libreta. Quiere conocer chicas
españolas en la discoteca. Where are you from? Would
you like to go to the disco? Apunta con interés. Los
otros clientes esperan. No parece importarle. Tú traduces
mientras comes. Le preguntas sobre la ciudad. Aprovechas para
interrogarle. No te presta mucha atención. Responde con
monosílabos, con frases cortas. You are really beautiful,
How are you?
,7
Tres indicaciones sobre
los bares:
- Nunca te acabes el café turco.
No olvidarás el último trago.
- Prueba la mezcla del narguilé
(pipa de agua) con té de manzana.
- No pidas raki cerca de una mezquita.
,8
Pieza principal ella misma
del museo en que se ha convertido. Aya Sofia. Largas colas para
comprar una entrada. Visitas guiadas. Guardias de seguridad. Folletos
informativos en todos los idiomas. Mezquita disecada, convertida
en mera piedra, donde el sonido de los flashes ha ahuyentado el
eco de las viejas oraciones. Y sin embargo puedes imaginar su
viejo esplendor —y eso es quizá lo que más
duele—. Con la esperanza de acercarte al espíritu
milenario de la mezquita buscas la columna húmeda, a la
que desde hace siglos se atribuyen propiedades mágicas:
aquel que pida un deseo colocando su dedo en el agujero siempre
húmedo de la columna, lo verá sin duda realizado...
Última decepción. Cola
de diez minutos. Llega tu turno. Te acercas a la columna. Metes
el dedo en el agujero. Seco por el roce continuado. Tu deseo es
no volver a ser tan ingenuo. Por alguna razón imaginabas
que los cientos de turistas no se habrían percatado de
una vieja columna en un oscuro rincón, donde buscando detenidamente,
un antiguo secreto te esperaba. Un sorprendente arcano, un agujero
mágico del que habías tenido noticia de forma casual,
leyendo las páginas de una guía de bolsillo a la
venta en cualquier librería.
y 9
Los niños salen
del colegio. Grandes y pequeños con el mismo uniforme azul.
Les preguntas por el palacio Topkapi. Todos hablan inglés.
Te explican. Una adolescente se aleja del grupo. Se aleja junto
a su madre. Lleva la camisa por fuera de la falda y grandes botas.
Un pendiente en la ceja. Su madre viste a la forma tradicional.
Bombachos. Pañuelo en la cabeza. Le dice algo a su hija.
Habla muy rápido. Ella no parece hacerle mucho caso, ensimismada.
Pensando tal vez en alguno de los cantantes de moda. En su cuarto
un gran póster de Tarkan.
Arriba

|