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Entrevista:

Salvador Giner
«Necesitamos algún
sentido de lo sagrado»


 

ENTREVISTA A SALVADOR GINER, SOCIÓLOGO

«Necesitamos algún
sentido de lo sagrado»

Salvador Giner analiza en esta entrevista el concepto de Religión civil planteado por Rosseau en El contrato social. Se trata de un tipo de religiosidad que sacraliza la sociedad, a través de cultos y ritos, y que no es difícil de detectar en lo cotidiano. Sus valores son republicanos, es decir, esta creencia enaltece la solidaridad de las relaciones humanas. Por eso, contrasta en muchos aspectos con la dinámica neoliberal imperante.

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

«Ahí está el asunto, en el hecho de que necesitamos algún sentido de lo sagrado: la convivencia pacífica debe darse entre seres con intereses encontrados y por eso necesitamos apelar a lo trascendente, no digo a lo sobrenatural». Así explica Salvador Giner, sociólogo y profesor en la Universidad de Barcelona, la esencia del concepto de Religión civil formulado por Rosseau. En su Contrato social, éste incurre en una clara contradicción, explica Giner: impulsa una sociedad fundada en el contrato entre individuos libres, pero termina recurriendo a la idea de que, para convivir, las personas necesitan compartir creencias públicas de naturaleza sagrada que les otorgue un sentimiento de unidad.

Nada mejor que la transcripción de un párrafo de un ensayo de Giner para familiarizarse con el concepto de marras: «La religión civil es una versión atenuada de la sobrenatural. Una religión tal vez atea. No es la primera. Cada época genera la sacralidad que necesita y a la nuestra le cuesta creer en un Dios perverso. Pero tiene sus tótems, sus lares, sus arcángeles, sus guías carismáticos, sus sacerdotes, sus tribus predestinadas a la gloria, sus villanos, sus demonios, sus maldiciones. Sigue siendo necesaria una visión mínimamente coherente del cosmos (empezando por el más banal y cotidiano) que sólo con impresiones, emociones e imágenes pueden comprender mentes poco analíticas o remisas o contemplar el mundo sin el don de la fe. Se trata de una sacralidad que se caracteriza por sus ausencias: aquellas fuerzas mágicas o trascendentes que ya no están, cuya presencia ni se invoca ni se revoca. La religión civil desconoce, sin despreciarlo, cuanto trasciende su esfera mundana.» (1)

El ejemplo más estudiado es el de la religión civil norteamericana, donde el culto a la sociedad y a ciertos valores sociales se ve reflejado en rituales como el saludo a la bandera en las escuelas o la imagen de los Estados Unidos en los billetes.

Pero la época moderna trajo consigo cientos de ejemplos. «Hemos hecho jurar fidelidad al pueblo y a la constitución a los príncipes y a los poderoso en su nombre, que no es otro que el de la patria», ejemplifica Giner en el mismo texto.

Las religiones civiles varían y su determinación es escurridiza, es decir, no se puede demarcar con exactitud dónde comienza y dónde termina una religión civil. Lo evidente es que está asociada a una concepción republicana —ni comunitaria ni liberal— de la vida, donde el altruismo, la solidaridad, es un pilar fundamental sobre el que se apoyan las relaciones sociales.

Se trata de una expresión cotidiana en las sociedades actuales —en las cuales asume, claro, características propias según cada caso—, y su manifestación no hace más que demostrar la naturaleza religiosa del hombre. Sobre el tema, teína conversó con Salvador Giner:

- ¿Hay una desaparición de lo religioso en el mundo actual?

- Desde el siglo XX ya nadie sostiene eso, lo que está clarísimo es que ha habido una transformación de lo religioso. Han aparecido religiones mundanas, civiles, además de nuevas sectas e iglesias, pero lo religioso no ha desaparecido en absoluto.

- ¿El concepto de religión civil, que en un primer momento esboza Rousseau como fundamento de sociabilidad, pondría de manifiesto el papel de cohesión que muchos autores le atribuyen a lo religioso?

- Cuando he dicho que hay religiones en el siglo XX y XXI me refiero a un sentido de lo trascendente, donde la trascendencia se define de muchas maneras, y si no se cree en lo sobrenatural, entonces la trascendencia es mundana, como en el caso del nacionalismo, que es una religión política. La religión civil es de esta naturaleza pero no es necesariamente nacionalista, sino que atribuye a la sociedad una cualidad sagrada; cuando hay un culto a la sociedad hay una religión civil. Lo que sucede es que puede identificarse con una nación determinada y pasa a ser entonces religión civil nacional; el hombre rinde culto a su tribu y a su sociedad con una serie de símbolos y de rituales, como se ve cada día.

- Existe, entonces, una diferencia entre nacionalismo y religión civil...

- Es cuestión de grado: hay religiones mucho más tenues, ligeras, livianas que se sustentan en la virtud pública, la solidaridad, la fraternidad entre los hombres, y otras religiones civiles que pueden llegar hasta el fascismo o nazismo, en su forma extrema y de dejar de ser cívicas. No obstante, cuando usamos la expresión religión civil siempre pensamos en una religión de cultos y conductas cívicas. Hay que ir con mucho cuidado en estas cosas porque son términos escurridizos. Por ejemplo, la religión civil norteamericana, que es una de las más antiguas de las que se han estudiado, tiene una serie de rituales públicos —como al instauración del presidente, la imagen de los Estados Unidos en todos los billetes, el saludo a la bandera cada mañana en las escuelas— que pueden manipularse y ser convertidos en formas extremas de patriotismo, como ha ocurrido en las últimas elecciones; y en otros casos se rutinizan y se banalizan, y no pasan a conformar una religión civil fuerte. Es decir, que hay como mínimo un espectro de posibilidades. La intensidad del sentimiento de religiosidad civil varía: puede ser muy suave o no, puede confundirse con el nacionalismo, o puede convertirse en una suerte de piedad pública mínima que fomenta la convivencia y de buenos modales.

- En todo caso, ¿la religión civil se encuentra estrechamente ligada al espíritu democrático?

- Más que al espíritu democrático, al espíritu republicano. La noción de religión civil viene ya desde Rousseau, en contradicción absoluta con su propia teoría, porque él hablaba de un contrato social entre personas libres y acaba su ensayo sobre el Contrato Social con unas páginas dedicadas a la religión civil, porque se dio cuenta que si no compartimos creencias públicas —no contractuales sino de dogmas, algo sagrado que nos una— no podemos convivir. Ahí está el asunto, en el hecho de que necesitamos algún sentido de lo sagrado: la convivencia pacífica debe darse entre seres con intereses encontrados y por eso necesitamos apelar a lo trascendente, no digo a lo sobrenatural. Por ello la religión civil no está ligada ni al comunitarismo ni al liberalismo, sino sobre todo a la versión republicana de la vida, la cual refiere que los seres humanos no están en lucha unos con otros, sino que pertenecen a una comunidad de convivencia en la cual lo importante es la vida medianamente virtuosa, en el sentido de tener una visión fraterna que nos permita ser solidarios. Tener una vida pública decente.

UNA LABOR DE CONTRASTE

- ¿Cómo encaja esta noción de religión civil en un mundo donde hay una economía salvaje que no respeta derechos civiles, un individualismo egoísta, un desinterés político general, un alto nivel de pluralismo que, a su vez, no se ve reflejado en el acceso a la ciudadanía?

- El lugar que ocupa la religión civil es de contraste: está ahí delante de lo que está proponiendo la sociedad contemporánea con la lucha individualista y egoísta de cada uno por sus llamados intereses. (Mejor dicho, por sus pasiones, como la codicia.) El capitalismo y el liberalismo proponen unas reglas del juego universales donde todos luchamos unos contra otros; hay unas reglas del juego que más o menos se respetan y dentro de las cuales uno puede hacerse millonario o caer en la pobreza. En cambio, el republicanismo pide unos mínimos de solidaridad y fraternidad, esto es, esencialmente, el ejercicio del altruismo. La religión civil propone una sociedad fraterna en la cual el altruismo sea el cemento de la vida social. Eso se conjuga muy mal con el mundo silvestre al que acaba de aludir. Pero la vida está llena de contradicciones: por un lado se nos pide que vayamos a lo nuestro y por otro que seamos solidarios. ¿Y si en la batalla ganan las fuerzas del mal? Hay que ver la cantidad de movimientos cívicos de solidaridad, la indignación moral que causa la explotación de lo que antes se llamaba el tercer mundo, la preocupación por la mortandad infantil; una especie de indignación moral que sentimos todos ante la injusticia del universo. Lo malo es que hemos construido esta sociedad absurda, dedicada a la prosperidad pero que no es próspera, a la libertad pero que no es libre, a la solidaridad y que no es solidaria. Hay una tensión entre lo que hemos proclamado como virtudes públicas y lo que ocurre en la práctica.

- Invirtiendo la pregunta, ¿en qué medida ayuda la religión civil a consolidar y legitimar un sistema político que, pese a ser democrático, genera desigualdades e injusticias?

- Una religión civil no se proclama como las demás cosas, pero existe, se amolda y luego se transforma en ideología, y sirve para dar cohesión a una sociedad determinada. Tiene el peligro de degenerar en culto al propio país o a la propia nación. O puede ser inocua, como en Inglaterra, por ejemplo, con el suave culto a la monarquía británica. En el otro extremo, una religión civil esencialmente republicana puede transformarse en una ideología totalitaria como ha ocurrido en la Unión Soviética, donde el stalinismo era la religión civil original (comunismo es fraternidad) trasnformada en su contrario. En esos casos la religión civil se hunde y se transforma en ideología totalitaria. Y en su forma más fanática se niega a sí misma, se transforma en ideología impuesta. En negación de la virtud cívica y la participación política.

- ¿Existen nuevas manifestaciones de religión civil a partir de la globalización de la sociedad?

- En la medida en que existe una mundialización de la sociedad civil tiene que existir una religión civil mundial, no digo que todo el mundo la sienta, pero hay cierta gente de clase media, con movilidad geográfica, con preocupaciones internacionales, que no sólo están a favor de una sociedad civil mundial, sino que también lo están, aunque no lo digan siempre con esas palabras, de una religión civil mundial. Eso está clarísimo, se puede leer en textos, en declaraciones; es el caso del foro de Porto Alegre, que se llevó este año a La India. La mundialización de la religión civil es indudable pero es aún muy incipiente.

- ¿El caso más cercano quizá sea el de la Unión Europea?

- Sí, uno de los más cercanos. Pero también ahora en Cuzco, Perú, se está dando un intento de Unión Sudamericana (N del E: los presidentes de los países sudamericanos se reunieron a principios de diciembre en esa ciudad para conversar sobre la gestación de una integración regional). A la larga, si esto cuaja, será el sueño de Bolívar, pero no podrá serlo si no se apoya sobre una infraestructura de culto a una idea soñada de Hispanoamérica. En el caso de la Unión Europea el culto cívico está claro aunque se haya empezado por signos externos: el perfil del continente en los billetes de banco, la bandera de la Unión, su himno, de Beethoven, y así sucesivamente. Estos símbolos no despiertan aún las pasiones que puede desencadenar un estandarte nacional.

- Pareciera observarse en el panorama mundial una gran hipocresía donde, por un lado, se rinde culto a ciertos principios civiles, pero por otro, la realidad y el sistema económico imperante demuestran todo lo contrario.

- Estoy de acuerdo, eso se constata. Pero no olvidemos que toda civilización incluye una forma de hipocresía, por definición. La hispánica, la británica, la china... La convivencia social entraña hipocresía. Sin hipocresía no hay vida civilizada.

- ¿Se puede encontrar rasgos de religión civil en la ideología neoliberal?

- No. Aunque en algunos casos, como en Estados Unidos o en algunos países anglosajones, hay algo de eso, cuando se habla del American way of life que incluye subrepticiamente el liberalismo económico como si fuera la religión sagrada de los yanquis: cualquier puesta en tela de juicio del capitalismo como forma de vida parece que viole los principios básicos de ese modelo, entonces sí que el liberalismo es parte de la religión civil. Pero en cualquier otro país no es así, en la Argentina, en Chile, en México no forman parte de la religión civil de esos países. Estos temas son complicados porque se mezclan con el nacionalismo, con la ideología, en el caso de Francia con el laicismo... Son terrenos nebulosos. Por un lado, sabemos que existen y que son importantes y que tienen relaciones muy directas con la ideología predominante en un país, pero por otro son difíciles de demarcar, de establecer en qué lugar comienzan y en cuál acaban. No obstante, son importantes y existen.

- Lo que puede afirmarse es que la religión civil, cualquier sea su manifestación, pone en evidencia la incuestionable dimensión humana de la fe, la necesidad del hombre de creer en algo.

- Absolutamente. Insisto: no sé si es la naturaleza humana —mi maestra Hanna Arendt siempre evitaba esta expresión porque decía que no sabremos nunca lo que eso es—, pero la condición humana hace al hombre un homo religiosus. Unos son más místicos que otros, eso sí. La diferencia de religiosidad es esencial entre seres humanos: la intensidad de las creencias varía de unos a otros. Generalizando, sin embargo, el hombre tiene una dimensión religiosa y si no rinde culto a Dios o algo sobrenatural, rinde culto a una estrella de cine, a un equipo de fútbol, a una nación. El alfa y omega de nuestros cultos están muy separados; pero, que necesitamos rendir cultos, tener símbolos y atribuir poderes carismáticos a las cosas es algo para lo que no hace falta más que abrir los ojos y ver nuestra conducta cotidiana. Para simplificar mucho la fórmula podemos decir que cuanto más secular es el mundo más religión civil hay.

 

 

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¿Quién es Salvador giner?

Es catedrático de Sociología en la Universidad de Barcelona. Fue fundador y presidente de la Federación Española de Sociología y Director del Instituto de Estudios Sociales Avanzados del CSIC. Editor de la Revista Internacional de Sociología y Director Asociado del European Journal of Social Theory. Autor de Historia del pensamiento social, el manual más conocido en las universidades españolas, del primer Diccionario de Sociología en español, y otras obras como Sociedad Masa, Ensayos civiles y Carta sobre la democracia.

Notas 

1) Salvador Giner. La religión Civil, en Formas modernas de religión. Alianza Universidad.

Algunos libros de Salvador Giner:

Carisma y Razón, Alianza. 2003

La cultura de la democracia: el futuro. 2000.

Sociología (Ciencias humanas)

La governabilitat i l'esdevenidor de les societats modernes (Llibres a l'abast).

La Gobernabilidad: Ciudadania y Democracia en la Encrucijada Mundial (Sociologia y Politica)

El destino de la libertad: Una reflexión frente al milenio (Ensayo)

Carta sobre la democracia (Ariel)

Comunidades Sociales Adultas (Serie Sociología)

Diccionario de Sociologia (Libro Universitario)