| Editorial
La ineludible necesidad del ser
Es
posible que el imaginario colectivo tenga una idea "mítica"
de lo que es la religión y la manera en que ésta
se manifiesta en la sociedad. Tales configuraciones imaginarias
acerca de fenómenos inherentes a la vida del hombre sobre
la Tierra son permanentes y se difunden por muchas vías.
Su origen no siempre es azaroso, y el que se transformen en discurso
imperante o, al menos, influyente, responde a múltiples
causas alojadas en el devenir histórico y social de los
pueblos. En este juego, los intereses de determinados grupos sociales
y la capacidad de emplear herramientas de difusión eficaces
desempeñan un gran papel.
Lo cierto (y tal vez decirlo resulte una
verdad de perogrullo) es que estos enfoques o miradas -científicas
o no- están cargados de un sesgo ideológico, de
una manera de interpretar el mundo.
Con la noción truncada de religión
y la percepción de que el tecnificado y aparentemente "escéptico"
mundo actual no tiene lugar para
albergar expresiones religiosas, parece suceder lo anterior. Seguramente,
si se le pregunta a una persona cualquiera qué entiende
por religión, su definición será limitada
y muchos incluso osarán subrayar, con tono superado, su
incredulidad con respecto a creencias de cualquier tipo.
Sin embargo, pese a estos discursos "desmitificacadores",
lo claro es que el mundo en general, incluido el occidental con
su "tradición" secular, se encuentra plagado
de mitos. Las manifestaciones religiosas -místicas
o terrenales, fundamentalistas o laxas- brotan por doquier, y
todo apunta a que tales expresiones están íntimamente
vinculadas con una necesidad insoslayable del ser humano. Sobre
esta base se erige el dossier número 7 de revista teína.
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