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El
Pelícano, o la destrucción
Por
Alejandra Garrido Buzeta
Fredrik:
ˇNuestra vida está destruida...!, ˇ Nada que venerar, nada en que
buscar ejemplo...!, y olvidar no es posible..., ˇ vivamos para rehabilitarnos
a nosotros mismos y también la memoria de nuestro padre!
Gerda:
ˇY también para hacer justicia!
Fredrik:
ˇVenganza querrás decir!
August
Strindberg, dramaturgo sueco (1849-1912), estaba obsesionado con la familia
y, en especial, con la mujer castradora y capaz de abandonar a sus hijos.
De entre las muchas obras que dedicó a esta temática, destaca
El Pelícano por su especial simbolismo.
El Pelícano da su sangre para salvar la vida de sus hijos
(Personajes:
La criada: Margret // La Madre / La hija: Gerda / El hijo: Fredrik
/ El Marido de Gerda: Axel)
La
obra cuenta la historia de los últimos días de una familia
marcada por el horror. Tras la muerte del padre, la madre y los dos hijos
deben seguir habitando la casa familiar hasta que se resuelva el testamento.
La criada —Margret— abandona el hogar cuando Gerda se casa. Antes de hacerlo
le reprocha a su antigua señora el maltrato que sufrió y
las privaciones que les infligió desde niños a Fredrik y
Gerda, los dos hijos de ésta. También le vaticina que se
acerca el día en que deberá pagar por toda su mezquindad.
A
partir de este momento, la madre se atormentará constantemente
con la presencia del fantasma de su marido en la casa, al que cree notar
en cada objeto, puerta o ventana.
Tras
la luna de miel, Axel —el marido de Gerda— se instala también en
la casa. Él mantiene una relación muy especial con la madre:
tiempo atrás, ambos se habían unido para hacerle la vida
imposible al padre. Lo humillaron tanto que éste, preso de la desesperación,
abandonó la casa. En su huida él había enfermado,
y esa enfermedad le provocó la muerte.
Axel,
mientras rebusca entre los muebles por si había algún testamento
o ahorros, encuentra una carta del padre de Gerda dirigida al hijo de
ambos. Cuando la madre de Gerda la lee la arroja a la chimenea. Sin embargo,
como ella es muy tacaña, la chimenea está encendida al mínimo;
por lo que la carta no se quema y la descubren los hijos. Por otro lado,
Axel, al no encontrar lo que buscaba se siente engañado por la
suegra: la única razón por la que se había casado
con Gerda era el dinero; de hecho, si alguna vez él la quiso, ella
se había encargado de eliminar todo rastro de ese amor.
Los
hijos se encuentran en el salón de la casa donde mantienen una
conversación reveladora: desde un principio, el padre siempre había
rechazado al novio de Gerda, Axel. Éste, Gerda y la madre se hicieron
cómplices para echar al padre de Gerda de la casa. Cuando éste
se marchó, su hijo se fue con él. Gerda siempre estuvo del
lado de la madre y jamás habría abierto los ojos de no ser
porque sintió que ella le arrebataba lo único que había
querido en su vida: su marido.
A
la muerte de su padre, mientras conversan, Fredrik y Gerda deciden rebelarse
contra su madre. Su primer acto de rebelión es encender la chimenea...,
pero allí encuentran la carta. La leen y se enteran del complot
entre su madre y Axel contra su padre. Ignorante de las verdaderas intenciones
de éstos hasta ese momento, Gerda se da cuenta de que había
sido cómplice de ellos.
La
carta revela la verdadera personalidad de la madre: una ladrona que robaba
el dinero de la casa, falsificaba las cuentas, comía sola en la
cocina por las mañanas y que luego les daba a ellos comidas aguadas
y recalentadas. Incluso ella robaba el dinero de la leña, y por
eso pasaban tanto frío. La carta acusaba a Axel de ser el amante
de la madre y que ambos, al verse descubiertos por el padre, ocultaron
su romance pidiendo la mano de Gerda.
Los
sórdidos descubrimientos provocan que afloren las confesiones mutuas
entre Fredrik y Gerda, y que despierte su antiguo resentimiento contra
la madre. Así, Fredrik logra convencer a su hermana de que se venguen
por los abusos y torturas de ésta, culpable de tanta infelicidad.
A partir de ese momento, Gerda cocina y tortura a su madre con las antiguas
comidas que ella les hacía comer. Fredrik hace lo suyo atormentándola
con recuerdos del pasado que ella trata de negar a toda costa. Pese a
los intentos por recuperarse del daño sufrido, los hijos se dan
cuenta de su incapacidad para olvidar, pero también de enfrentarse
a sus vidas. Por esta razón, Fredrik incendia la cocina de la casa
y decide acabar con todo. Las llamas se propagan rápidamente y
La Madre, al verse atrapada, se mata lanzándose por el balcón.
Los dos hermanos, deciden morir abrazados en el incendio. Ambos, incapaces
de seguir viviendo tras todo lo sufrido, optan por el suicidio y mueren
felices mientras huelen las esencias y perfumes de los alimentos que nunca
pudieron comer, que nunca tuvieron en el cuerpo ni en el alma.
Uno
está indefenso contra su madre; la madre es sagrada
La
simpleza de esta obra resulta demoledora, pero a la vez hermosa. La mezquindad
y egoísmo de la madre se hace visible en los cuerpos de sus hijos.
Por ejemplo, Gerda, la hija, es una muchacha escuálida y enfermiza,
débil de carácter y cuyo cuerpo —también frágil—
no ha alcanzado el desarrollo que debería a sus veinte años.
Aun así es incapaz de culpar a su madre: ha vivido tan cerca de
ella que está completamente ciega hasta el descubrimiento de la
carta. Sin embargo, ella elige estar ciega porque no podría vivir
de otra manera y se niega a descubrir lo que intuye. Incluso una vez descubierto
todo, siente que no puede hacer nada.
Fredrik,
su hermano, también esquelético y con una tos crónica,
se ha abandonado al alcohol para compensar el frío y el hambre
que tiene desde que nació. También para no estar sobrio
y dejar de ver su miseria. Se pasa la mayor parte del día tocando
el piano para entrar en calor. A pesar de que él siempre estuvo
muy cerca de su padre, no logró salvarse de la desgracia; sin embargo,
tras confirmar sus horribles intuiciones, la fuerza del vínculo
con su padre le sirve para tomar la iniciativa.
Strindberg
habla de manera contundente sobre las consecuencias de abandonar a los
hijos. A Fredrik y Gerda, su madre les falló en algo vital: la
comida, vehículo, quizá, de la primera relación entre
la madre y sus hijos. La debilidad con que han crecido sus cuerpos, debido
a la falta de alimento, salta a la vista. La desnutrición de sus
almas resulta irremediable.
La
obra usa la comida como hilo conductor: las principales obsesiones
de los personajes son los olores y la insipidez de la comida, el hambre
nunca saciado. Este abandono muestra el grado de destrucción de
sus vidas.
Para
completar la metáfora de horror, Strindberg presenta no sólo
a una madre que abandona a sus hijos, sino a una madre egoísta
y desnaturalizada, capaz de privar a sus hijos de comida para alimentarse
ella. Literalmente: ella se alimenta con la comida de sus hijos, los
priva de la leche materna y de cuanto en esta vida es símbolo de
alimento y de calor humano.
Por
último, otra irónica coincidencia: la madre recuerda constantemente
la metáfora del Pelícano. Ella está orgullosa de
esa comparación que Axel, su yerno, le dedicó en unos versos
cuando éste se casó con Gerda: él la comparaba
a ella con el Pelícano, que da su sangre para salvar la vida de
sus hijos.
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