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APUNTES
PARA UNA REFLEXIÓN SOBRE MÚSICA Y FAMILIA
Por
Javier Sanmartin
yavison@hotmail.com
"La
única gente que me resulta aburrida son los parientes"
Elías
Canetti
Suponemos
que tú, lector, lectora internauta, podrás o no compartir
estas palabras del viejo sabio búlgaro, según te haya tocado
en suerte padecer una u otra estirpe. Pero aunque haya sido tu experiencia
no demasiado desastrosa, y su recuerdo todavía te siga inspirando
ápices de confianza o incluso ambiguos antojos de proseguir con
la labor perpetuadora que nos toca, aun así, te digo, bien podrás
reconocer que, si no angustioso, falso, pesado, incompatible o en ocasiones
sangriento, al menos aburrido sí que es. Y sin embargo, como siempre,
por debajo de todo ese aburrimiento.
"Que
se divida el trabajo:
los
malos unten la flecha;
los
buenos tiendan el arco"
Antonio
Machado
Porque
en este meollo andamos metidos todos, y de ahí provenimos, nadie
escapa: tan tiernos venimos a caer en la panza de una sólida estructura
de rangos y valores de los llamados no escritos (ya Erasmo reconocía
en sus dictados sobre la buena educación de los niños, que
toda ley, una vez escrita, tanto más vulnerable se vuelve al ataque),
y conceptos tan peliagudos como el de subordinación, dependencia,
clase y disciplina han de malvivir con los sentimientos, para conformar
así el meollo abstracto donde el Poder deposita su Fe más
ciega: la Familia Nuclear, una fábrica que ya no echa humo porque
ahora funciona con tecnología digital; ah, y sin embargo, por debajo
de todo lo malo...
"La
familia es la muerte de la música"
Pedro
Aznar Mejías
Quizá
nuestro querido músico exagerase un poco en sus palabras, víctima
tal vez de cierto grado de embriaguez, como corresponde. Porque si damos
un vistazo hacia atrás, en el tiempo, lo que vemos es una
como confraternización entre ambas cosas. Parece que la música,
las canciones, tenían un sitio en el ámbito doméstico,
un uso según la ocasión. No nos pidáis, perdidos
navegantes, que ahora demos un repaso a dicha cuestión: a mano
quedan, eso dicen, algunos abuelos y abuelas que todavía lo cuentan.
Pero lo mismo ocurre si damos el vistazo hacia afuera, en el espacio,
hacia el no Desarrollo, que, aunque mayoritariamente a lo que aspire sea
a desarrollarse y vender su fuente natural de vida por este chorro de
monomando de muerte nuestra, todavía allí vemos una y otra
vez cómo era eso de la música y su vigor enmadejados con
el tránsito de las gentes por este mundo. Puedes ir allí
a comprobarlo, y si no, aún te queda el recurso de hacer ese viaje
desde la butaca: ponte un día Gato Negro, Gato Blanco de
Kusturika, o ponte Vengo o Swing de Tony Gatlif
mismo. Bien, entonces por qué, ¿cómo pues?, ¿a qué
santo tal afirmación?
"¡Estas
malditas cuádrigas!"
Séneca
Se
quejaba el anciano estoico del traqueteo de los carros que de vez en vez
pasaban junto a su ventana, y más aún de que los romanos
hubieran consentido en levantar extensas calzadas de piedra canteada por
doquier y así facilitar el tráfico a tales bichos. Qué
diría su calavera si por un instante cobrase vida y contemplara
un minuto solo de nuestras calles. Más tarde, Unamuno, echará
chispas por el trasiego y estrépito de los primeros autos, sus
motores y bocinazos. Hoy día, sin embargo, a pesar de haber ganado
la cosa en estruendo y contaminación, hemos aprendido a cohabitar
con los automóviles y su diaria presencia nos parece la naturaleza
misma. He aquí el sentido de la flecha que sigue el progreso: la
perfección en el dominio. Y no os extrañe, queridos cibernautas,
si al seguir este esquema y saltar del transporte al seno del hogar, descubrís
que este modelo de familia es entre todos los modelos el más perfecto,
el más acabado, el que más prestaciones tiene. Y, por tanto,
tampoco si veis que ese modelo atómico, llevado a su punto extremo
de compresión (todo se comprime en la era del chip), integrado
por dos miembros adultos (sin descarte de géneros, credos, clases,
eso eran rémoras del pasado, incorrecciones) y una o a lo sumo
dos crías, acabe, no siendo el objetivo primario de Gobiernos y
sus votaciones, del Capital y sus Grandes Almacenes, sino su propio fundamento.
Hablamos de la unidad de consumo digitalizada, un glóbulo de mercurio
insípido y brillante suspendido en el vacío de su propia
configuración. No os extrañe que ello, como antes dijera
el buen pianista, fuera la muerte de la música...
"¡Quince!"
Amelie
Poulain
Y
sin embargo, por debajo de toda confirmación de que los padres
ya no canten a sus niños, y se abandonen mudos a la visión
de vídeoclips y propagandas, al gasto finisemanal de cd´s para
el walkman o la cadena o el reproductor mp3 del coche; o inmolarse en
los conciertos para masas del Gran Estadio este verano, o en general a
vivir bajo el amparo del manto funesto de la TV, llenando cada rincón
de la casa con la actualidad en venta o con infames concursos para ver
el trepe de otro ídolo al sumo Mercado... Por debajo de todo Amelie
se responde con cara de traviesa a la pregunta de cuántos orgasmos
se darán durante esa noche en que lo piensa, sin hacerle falta
saber a ella, por supuesto, qué es eso de orgasmo ni nada, no,
si no imaginándose tal vez cuánta gente no ha sucumbido
por un día al Imperio, y aunque sea a través de un gruñido
o acaso un gritito de placer, vaya y les salga un resabio de la música
de atrás, de la de afuera.
"Viento
caliente
seca
mis ojos,
abre
mi frente,
resuena
en mis oídos,
oídos
de música transparente...
oído
a medias de la suave luz
de
un atardecer silente"
Encar
M. Santafé
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