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Arroz con bogavante

La oscura historia de la prima Montse
Juan Marsé

Los Ochoa
Juan Filloy

Tintalabios

Entrevista a:
Antonio Álamo

Alucinógenos

Libros que no

Venenos nutritivos

 

  

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Marsear: todas las conjugaciones

 

Por Alberto Olmos
alberto-olmos@terra.es

 

Juan Marsé (Barcelona, 1933) es uno de los intocables de la literatura española actual. Su obra representa la solidez narrativa absoluta, la coherencia y, también, un cierto inmovilismo. Sus novelas tratan siempre de diferencias de clase en la Barcelona de la dictadura. Normalmente la burguesía sale apaleada y la clase obrera recibe absoluciones. Formalmente, Marsé es un preciosista y su realismo no reniega del adjetivo juguetón ni de las innovaciones técnicas.

Iniciado en la joyería, Marsé dejó este oficio para ir a París y convertirse en escritor. Entonces ya había entrado en contacto con los intelectuales barceloneses más poderosos (Barral, Gil de Biedma, etcétera), a quienes —el propio Marsé lo ha declarado— les entusiasmaba codearse por una vez con alguien de un estatus inferior al suyo. No olvidemos que durante el franquismo toda esta gente de la cultura estaba forrada. O como decía Gil de Biedma en un poema: «Señoritos de nacimiento, por mala conciencia poetas sociales.»

Marsé desembarcó en Seix-Barral, y ahí ha seguido dada su amistad con uno de los mandamases, Pere Gimferrer. Curiosamente los últimos años de don Juan estuvieron salpicados de polémicas con otro intocable de su generación, Francisco Umbral. En alusión al aticismo del autor de Mortal y rosa, Marsé acuñó la venenosa etiqueta de «literatura sonajero», queriendo criticar así la musicalidad vacía que, en su opinión, impregna las obras de Umbral, Baltasar Porcel y otros. De hecho, es difícil dar con una entrevista de los últimos diez años donde Marsé no ataque de un modo u otro a Umbral.

En cuanto a epígonos y corifeos, Juan Marsé va sobrado. Desde Roberto Bolaño a Pérez Reverte, decenas de escritores han destacado su calidad y piden para él todos esos premios que ya tiene Umbral. Incluso el nombre de Marsé sale más en los periódicos por los premios que no le han dado que por las novelas que sigue escribiendo con suma profesionalidad.

La oscura historia de la prima Montse (1970) es una de sus novelas fundamentales. El protagonista es una especie de Pijoaparte —el personaje de central de otra novela marsística, Últimas tardes con Teresa— con más suerte, que se interna en los secretos del ala rica de su familia materna, los Claramunt. Llegado a Barcelona para rodar una película, Paco J. Bodegas vive ahora en París y ha dejado atrás su pasado de penurias junto a una madre con furor inguinal por los hombres menos convenientes. Durante los pocos días que pasa en la ciudad, tiene tiempo de rememorar junto a su prima Núria los sucesos que costaron la vida de la hermana de ésta, Montse, acaecidos hace diez años.

La novela se estructura en 26 capítulos bastante independientes entre sí. La ilusión de contigüidad la aporta ese adjetivo que adereza el título, «oscura». El lector sabe que algo grave va a pasar, y el autor espera hasta la última página para explicitarlo y mantener así la atención sobre lo que de verdad le interesa: retratos, reflexiones y sátiras.

Por un lado, tenemos diversos pasajes sobre la vida burguesa de los Claramunt. Destaca especialmente la labor altruista, de vertiente cristiana, que llevan a cabo las féminas de la familia. Se trata de obras de caridad y reuniones en defensa de la moral que entretiene las horas de estas mujeres ociosas. A través de una de esas actividades, Montse conoce a un presidiario y, después de visitarlo con frecuencia, acaba enamorándose de él, haciendo saltar así todas las alarmas de sus hipócritas progenitores.

Por otro lado, se realizan varias incursiones narrativas en los arrabales y se describen personajes miserables, en los que el autor siempre deja caer una mano de caridad y comprensión.

Por último, se ironiza sobre los círculos intelectuales y se describe con precisión la figura del arribista, representado en Salva Vadó, actual marido de Núria.

En La oscura historia de la prima Montse pasan muchas menos cosas de las que parece. En realidad, no pasa nada, salvo la muerte de Montse y un par de secretos de cama que se desvelan estratégicamente. La novela es más una fotografía de una época y un lugar que una narración en el tiempo. La obra convence sin ambages por el dominio absoluto del tema tratado, aunque el título desenfoca el texto, que centra la atención en el, finalmente, personaje menos importante del libro —de hecho, el único que queda un poco desdibujado—. La prima Montse, con su santidad y su acrisolado corazón, pasa por las páginas de la novela como un espíritu divino sin demasiado asidero real. Incluso el preso, Manuel, resulta más carnal y entrañable que ella, y protagoniza las mejores páginas, El pintalabios o los misterios de Colores (capítulo 15 y siguientes).

Lo más llamativo del libro, técnicamente, son los variados registros que se emplean para narrar cada capítulo; aunque la sucesión de personas y tiempos del verbo llega a ser algo caótica. Al principio parece que se van a alternar secuencias en presente (referidas a hace diez años) con secuencias en pasado (sobre la estancia momentánea en Barcelona de Paco), pero, a partir del capítulo 6, este planteamiento inicial se va al traste y lo que sigue es una mezcolanza virtuosa de primera, segunda y tercera persona, de pretéritos y presentes, y de estilos poéticos con estilos paródicos.

En algunos momentos, la facilidad verbal de Marsé parece rellenar páginas con excesiva glucosa. Se lee, por ejemplo: «Así que en este atardecer lánguido, cuando llego para la cena con dos horas de anticipación, veo el jardín durmiendo tranquilo después de los rigores del sol y me entretengo recorriendo con los ojos de la imaginación la perfumada geografía de las islas del recuerdo.» En otros, entra de lleno en la teoría política: «Quise saber por qué insistían tanto en acusar de violentos a los pueblos subdesarrollados y oprimidos que intentaban revelarse: ¿acaso no es una forma de violencia, le pregunté, el poder que ejercen sobre ellos las minorías privilegiadas? ¿No es una forma de violencia la ignorancia, el hambre, la emigración laboral, los salarios insuficientes, la prostitución organizada, la discriminación intelectual, etc.?»

En La oscura historia de la prima Montse, Juan Marsé ofrece todas las conjugaciones de su talento narrativo, dando como resultado una libro de variados tonos que ausculta una época de la que pocos escritores han dicho más cosas inteligentes y emotivas.

 

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