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Mª
ANGELES CEREZO, DIRECTORA DE LA UNIDAD DE INVESTIGACION "AGRESION Y FAMILIA"
DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA
"La
riqueza de la familia está
en la aceptación incondicional
de sus miembros"
Para
esta profesora de Psicología, se trat del requisito principal con
el que debe contar la institución básica para ser funcional.
Lo cual no está relacionado, aclara, con el tipo de familia, es
decir, con quiénes la integran. Afirma que esta agrupación
no se encuentra aislada de la sociedad y que, por ello, la violencia intrafamiliar
también encuentra sus causas en el contexto. Y advierte sobre la
necesidad de invertir en la investigación de la agresión
humana, para no seguir sólo apagando el fuego y atacar también
sus orígenes.
Por
Juan Pablo Palladino
La
violencia es un tema que causa impotencia en quien la percibe no sólo
como víctima, sino también como espectador. Y los sucesos
que la contienen generan reacciones encontradas en cuanto a la forma de
combatirla, acudiéndose muchas veces, quizá por esa misma
impotencia, a atacar los síntomas de la problemática más
que las causas que la engendran. Sobre todo, cuando se trata de la violencia
dentro del seno familiar, el lugar que el imaginario colectivo tiende
a suponer más seguro, pero que, según las estadísticas,
es donde existen mayores posibilidades de sufrir una agresión.
La
violencia no solamente tiene que ver con realidades extremas como la muerte
de un pariente a manos de otro, como ocurre diariamente con las mujeres
asesinadas por sus parejas (o ex) en España. También adquiere
formas más sutiles -y a veces imperceptibles- como las verbales,
y que pueden ocasionar daños psicológicos inconmensurables,
por ejemplo, en los niños.
Así,
dentro de la familia está lo mejor, pero al mismo tiempo puede
manifestarse lo peor, como explica la profesora titular de Psicología
Básica María Ángeles Cerezo en esta entrevista con
teína.
Cerezo
dirige la Unidad de Investigación "Agresión y familia" en
la Universidad de Valencia y, desde esta posición, reivindica la
importancia de invertir en el estudio especializado de los problemas
relacionados con la agresión humana.
Ello,
porque tanto o más necesario que "apagar el fuego" es entender
sus orígenes y combatirlos, sugiere. Orígenes que, en el
caso de la violencia doméstica por ejemplo, pueden estar ligados
al contexto social y no sólo a la personalidad de los agresores,
aunque ello no justifique en absoluto sus actos.
-
Cuando se habla de violencia intrafamiliar parece prevalecer la idea de
que ésta sólo tiene que ver con la violencia de los hombres
hacia las mujeres. ¿Qué se entiende en realidad por este tipo de
violencia y por qué cree que sólo se tiene en cuenta una
de sus tipologías: la de género?
-
Hay mucho alarma social con el tema de las muertes de mujeres provocadas
por la agresión de sus parejas, lo cual hace que se atienda a unas
áreas más que a otras. Pero eso no significa que en un buen
enfoque no se vean otros aspectos de la violencia intrafamiliar. Está
claro que el tema de la mujer tiene más relevancia porque es un
elemento muy vulnerable dentro del ámbito doméstico. Sin
embargo, los niños son tanto o más vulnerables que los adultos.
Y a veces también se olvida que, dentro de la violencia intrafamiliar,
ellos la sufren, algunas veces físicas y otras psicológicas.
-
Una idea común en el imaginario social es que la violencia hace
referencia al castigo físico. ¿No cree que se subestima el poder
de la agresión verbal?
-
Sí, si por violencia se considera sólo el aspecto físico,
sí se está limitando el contenido de la idea. Pero, claro,
lo que más se ve siempre es lo tangible. Ahora, efectivamente,
la agresión verbal y la humillación constante, incluso ni
siquiera de una manera violenta, produce daño psicológico
tanto en el niño como también en la pareja: el "no vales
para nada", "más vale que no hubieras nacido", "lo bien que estaría
sin ti", etcétera, todo esto que puede ser dicho sin tantos aspavientos
pero de una manera constante. Como dicen lo chinos: "nada es más
suave que una gota de agua y, sin embargo, puede hacer agujeros en las
rocas". Esta agresión A un niño en particular, lo expones
a un goteo constante que afecta a la percepción de sí mismo:
"¿quién soy yo?", "¿realmente valgo?"; y eso deja unas secuelas
muy importantes en sus capacidades para relacionarse con los demás
y para establecer una relación amigable consigo mismo.
-
Existe la idea de que la reprimenda -en forma de castigo físico
o verbal- de los padres hacia los niños es a veces necesaria ya
que se está intentando educarlos ¿Hasta qué punto los padres
tiene derecho a ejercer métodos violentos sobre los menores?
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Hay que distinguir. Los niños que están a nuestra merced
para convertirse en adultos y en personas que desempeñen un papel
en la sociedad sitiéndose bien consigo mismas son una responsabilidad
de sus padres; una responsabilidad que comporta dirigir, señalar
qué está bien y qué no. Y nos podemos equivocar pero
hay unos elementos básicos que hacen que el niño se encuentre
protegido. Pongo un ejemplo muy básico: para un niño el
comer salchichas todos los días no le es bueno, aunque coja rabietas
y diga que sólo quiera comer salchichas. Pero yo tengo que ver
más allá, y sé que eso no le conviene, y por lo tanto
me tengo que enfrentar. La disciplina es necesaria para indicar y para
dar caminos, guías. Luego, cuando el individuo se hace mayor va
cuestionando cosas, pero para ello debe haber pasado por lo otro. Los
métodos de disciplina son muchos y variados, y no necesariamente
cuando se está regañando a un niño, se indica con
ello que se están utilizando métodos violentos; los cuales,
por supuesto, están desaconsejados completamente. Si le dices:
"te dejo la bicicleta pero si sales por fuera del carril te quedas sin
ella por tres días", eso es un castigo no violento, y es una consecuencia
clara de no seguir una norma. El padre que abdica de esta obligación
tampoco está protegiendo adecuadamente a su hijo.
-
Pero, en definitiva, ¿hasta qué punto el concepto de "socialización"
y "formación" de la personalidad no lleva implícito actos
violentos, control y direccionamiento forzado de un ser humano?
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No lo creo. Cuando se hacen preguntas de este estilo se está proyectando
la mentalidad del adulto. Se dice: "El que formen mi personalidad implica
que me están forzando". Pero no hay que ir por esa vía.
Cuando estamos hablando de socialización y formación estamos
hablando de una persona desde que nace hasta que se va haciendo adulto.
Socializar implica indicar qué esta bien y qué no, qué
pasa si no se cumple una norma, qué normas son ésas; y eso
sí conlleva un aspecto de control y direccionamiento, lo cual no
significa un forzar a la persona. Porque una de las características
importantes en el ejercicio de la parentalidad es, conforme el niño
se va haciendo mayor, ir dándole más margen, más
posibilidades de negociar. Los padres tienen el deber y la obligación
de proteger y tienen la capacidad de no dar permiso. ¿Que ello implica
control y dirección? Por supuesto. Pero no por ello se debe entender
como una violación a los derechos de la otra persona.
LO
MEJOR Y LO PEOR
-
La palabra "familia" remite a ese ámbito íntimo y seguro
por excelencia. Sin embargo, se dice que las personas están más
expuestas a actos de violencia dentro de ella que fuera. ¿Esto tiene que
ver con que se trata de un lugar donde existen intereses y tensiones contrapuestos?
-
El dato es correcto. Se tiene la idea de que el daño te lo producirá
alguien de afuera, pero la probabilidad de que te lo produzca alguien
del ámbito familiar es siempre más alto. Lo que ocurre es
que la familia tiene unas características propias, y ahí
radica su riqueza y su problema; como todas las cosas, tiene su parte
positiva y su parte negativa. La riqueza de la familia está en
que es un ámbito donde a uno se le quiere por ser quien es,
no porque sea guapo o listo o buen trabajador; hay un amor incondicional,
una aceptación incondicional, diría yo. Y cuando hay disfunciones
familiares no hay una aceptación incondicional. Se da el mensaje:
"si no eres tal cosa o no hace tal otra no tienes mi aceptación
incondicional".
Por
otro lado, es un grupo donde se dan distintas edades y, por lo tanto,
distintos intereses; es un núcleo que está constantemente
en conflicto de intereses. Pero, por ello, ésta es una escuela
de aprendizaje muy peculiar, porque estás constantemente forzado
a convivir con personas de distinta edad, intereses, problemáticas,
etcétera. y, por lo tanto, a negociar, a ceder, a discutir, a pelear
para que cada uno encuentre su lugar. Esto no ocurre con otros grupos
humanos, donde si no te gustan las reglas te marchas -pero también
si no eres buen jugador de golf, por ejemplo, no serás bien aceptado
en el club de golf-. La característica de la diversidad de intereses
hace que existan tensiones, pero también convierte a la familia
en una escuela donde se aprende a convivir con esas tensiones y a superarlas.
El problema es cuando los conflictos escalan y se convierten en abusivos.
La familia puede causar estragos enormes en sus miembros o ser todo lo
contrario y darles la capacidad de apreciarse a sí mismos y de
superar las adversidades de la vida.
-
Desde algunos discursos del poder parecería asociarse con demasiada
facilidad esa idea de funcionalidad a la imagen de la familia nuclear
tradicional donde está el padre que trabaja y la madre ama de casa
que cuida de sus hijos. Sin embargo, surgen cada vez nuevos tipos de familias
que no se corresponden con ésta ¿Es correcto asociar la funcionalidad
de la familia con el hecho de ajustarse o no a la tipología nuclear
tradicional?
-
No hay que confundir familia funcional o disfuncional
con tipo de familia, eso sería un grave error. La característica
funcional, en principio, no propugna cuáles son los componentes
de una familia; lo que indica es que se da el requisito básico
de la aceptación incondicional de los miembros más
débiles, los niños; aceptación en el sentido de apoyarles,
dirigirles, asumir la responsabilidad cuando son pequeños, con
una apertura a negociar según se vayan haciendo mayores. Disfuncionalidad
es cuando se apropian indebidamente los que ejercen la parentalidad, ni
siquiera digo quiénes, de la capacidad de decisión cuando
el niño ya la tiene; cuando no se lo acepta incondicionalmente
porque se le exige que sea de una determinada manera, o cuando se lo rechaza
emocionalmente. La funcionalidad/disfuncionalidad es un tema y quiénes
componen la foto de familia es otro.
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Y discursos como el de la iglesia católica que critican ciertas
tipologías de familia por considerarlas "no naturales" llevaría
implícita la idea de disfuncionalidad. ¿Qué piensa al respecto?
-
La sociedad está cambiando, y la tipología y quiénes
forman una familia es un tema que está en constante evolución
y se está abriendo a todas las posibilidades. Hasta que no se tenga
un bagaje en el tema no podremos saber si hay algún elemento dentro
de esas tipologías que pudiera afectar al funcionamiento adecuado
de la familia, sobre todo para el desarrollo de los niños. En principio,
no hay suficiente información para que podamos rechazar una tipología.
La importancia está en las condiciones que yo le he dicho, y esas
condiciones pueden no cumplirse en distintos tipos de familia, con lo
cual la funcionalidad es un elemento que no está asociado a la
tipología.
MEDIOS,
VIOLENCIA Y POLITICA
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¿Cuál es su opinión sobre el tratamiento de los medios masivos
al tema de la violencia de género, en particular, y de la violencia
intrafamiliar en general?
-
Es una pregunta complicada. Gracias a los medios de comunicación
se ha incrementado la conciencia social de ciertos problemas, como la
violencia de género y, en cierta medida, el maltrato infantil.
En ese sentido la sociedad tiene una deuda con los medios. Dicho esto,
los medios de comunicación, a veces, por su rutina de trabajo -muy
trepidante- entran en caminos donde no se profundiza en la noticia. Y
después de haber cumplido la función de incrementar la conciencia
social de los ciudadanos, convendría entrar en una fase de reflexión
sobre la problemática, sobre todo cuando se trata de una temática
donde está en juego la vida de las personas. En ocasiones echo
de menos que, después de dar las noticias de la muerte de mujeres,
se hiciera una reflexión mayor sobre qué podría haber
detrás de la historia de los agresores; porque si queremos proteger
a las víctimas deberemos conocer mejor a éstos; aproximarnos
mejor al infierno que viven, aunque en absoluto justifica sus actos. Pero
si no abrimos un poco la perspectiva nos quedaremos llorando a los muertos
y no haremos gran cosa por los que todavía pueden sobrevivir.
-
La gente y la lógica mediática tienden a aislar el fenómeno
de la violencia intrafamiliar del contexto social y a pensarlo como algo
privado, desconectado del mundo exterior al seno familiar, sólo
ligada a las personalidades enfermas. ¿Existen causas sociales que colaboran
para que las personas en general sean violentas y descarguen sus tensiones
en el hogar?
-
Por supuesto que la familia no se encuentra en una especie de campana
de cristal aislada del mundo. Cuando hablamos de maltrato infantil, evidentemente
tenemos factores externos que están afectando a la capacidad que
tiene, por ejemplo, el padre de tolerar la frustración por los
conflictos de crianza, de afrontar una situación de un adolescente
rebotado, etcétera. El que un padre o una madre estén deprimidos
o estén pasando una problemática de pareja afecta a cómo
van a atender a sus hijos. Y, a su vez, esas problemáticas pueden
estar relacionados con conflictos económicos y de exclusión
social. Así, se reduce el rango de atención de los padres
para enfrentar la situación con el niño, y no lo hacen o
lo hacen inadecuadamente y los conflictos pueden escalar.
En
el caso de la violencia de género, es evidente que en el agresor
hay problemas que se deben resolver, aproximarnos a esos problemas, prevenirlos
y tratarlos. Y que pueden tener relaciones y asociaciones con coflictos
sociales. Por ejemplo: el hecho de que la figura de la mujer aparezca
vinculada a un objeto, más que a un sujeto; esta especie de doble
mensaje donde se dice que la mujer es un sujeto con derechos y, por otra
parte, los medios impactan con fotografías e imágenes donde
se la muestra como objetos. Es una situación de doble rasero muy
extraña que tiene que ver con políticas sociales y que está
más allá de la personalidad de un individuo concreto. No
todos son afectados por lo mismo, es una interacción entre unas
cosas y otras.
-
La violencia, más allá de lo repudiable que sea en cualquiera
de sus formas, es un fenómeno que acompaña a la especie
humana desde sus orígenes. En este sentido, ¿no cree que se tiende
a confundir un poco este fenómeno al tratarlo como algo actual?
¿No es utópico pensar que se puede erradicar completamente la violencia
del instinto humano?
-
Erradicar la violencia del instinto humano, así dicho, es un poco
difícil, porque hay aspectos de la agresividad que son incluso
protectivos, como el reaccionar ante un ataque. Lo que sí se puede,
y de hecho se hace, es aprender a inhibir la violencia. Un niño
a los tres años sabe patear, morderle la oreja al otro, tirarle
de los pelos... Pero a partir de esa edad la inmensa mayoría aprende
a inhibir la agresión, aprende que hay otros modos de resolver
los problemas, que hay que saber controlarse. Esto se aprende y es lo
que nos hace sociables y capaces de convivir.
-
¿No le parece que vivimos en una sociedad bastante frustrante para la
mayoría de las personas y que genera en éstas constantes
tensiones que luego son más fáciles de descargar en el ámbito
familiar?
-
Sí, pero las frustraciones son parte de la vida. La vida en color
de rosa sin problemas y frustraciones sólo existe en los catálogos
de vacaciones. Lo importante no es que no haya problemas, lo que hay que
lograr es que las personas sean más fuertes, resistentes, flexibles,
capaces de resolverlos; y que sepan cómo, en la medida de lo posible,
sacar lecciones para aprender y mejorar.
-
Últimamente se discute mucho sobre las medidas políticas
a tomar para combatir la violencia de género. Sin embargo, parecen
tratarse sólo de medidas penales. ¿No se están combatiendo
los síntomas más que la enfermedad?
-
Sí. Pero, claro, es más fácil endurecer penas y pensar
que con castigos de más tiempo se resuelve algo; esa es una reacción
más o menos esperable, sobre todo en temas de violencia. Lo que
ocurre es que, efectivamente, se está apagando el fuego y no combatiendo
su origen. Además, sería razonable que se articularan medidas
más educativas y de investigación, porque no tenemos soluciones
para todos los problemas hasta que los estudiamos. Si no se invierte en
investigación y no se conecta con quienes tienen más experiencia
para abrir caminos, difícilmente vamos a saber hacer otra cosa
que sacar la manguera y apagar el fuego. Esto va para todos los ámbitos,
pero en especial para el de la agresión humana y las relaciones
humanas. Hay que conocer más y mejor, y por otra parte seguir apagando
el fuego.
-
¿Cómo cree que está abordando políticamente la violencia
intrafamiliar en España?
-
Esa sería una opinión de carácter personal, como
ciudadana más que como investigadora. Se hace lo que se puede,
lo que pasa es que lo urgente tapa lo importante y ese es quizá
el problema. Y lo importante es conocer más y mejor para poder
entender y abordar el problema desde una perspectiva amplia.
-
Usted hacía referencia a la importancia de inhibir las agresiones
y a que la frustraciones son parte de la vida. De cualquier manera, insisto,
¿no cree que se está apagando el fuego porque combatir las causas
en el ámbito social sería mucho más complicado? ¿No
cree que este sistema (socio- económico) potencia las frustraciones?
-
Esa sería una afirmación muy genérica y tampoco daría
mucha luz. Durante largo tiempo la psicología ha trabajado sobre
la investigación de problemas. En los últimos años
se está viendo un giro muy importante hacia el estudio de aquellas
personas que son capaces de afrontar la adversidad y de sobrevivirla,
haciéndolo además adecuadamente. Se trata de un ámbito
nuevo. ¿Si este sistema potencia realmente las frustraciones?... La sociedad
tiene en sus manos también la posibilidad de potenciar la capacidad
de resistir las frustraciones para aprender a superarlas en forma adecuada.
Las frustraciones, dependiendo de los niveles en que estemos hablando,
pueden convertirse en oportunidades.
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