Editorial
Detrás de la palabra familia

¿Crisis del modelo nuclear?


Familia y homosexualidad

Colaboraciones

De familia, Estado y religión
Por Paloma Martínez

Entrevistas

José Ramón Flecha García
, sociólogo
"Defender la libertad de elección"

  
Mª ANGELES CEREZO, DIRECTORA DE LA UNIDAD DE INVESTIGACION "AGRESION Y FAMILIA" DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA

"La riqueza de la familia está
en la aceptación incondicional
de sus miembros"

Para esta profesora de Psicología, se trata del requisito principal con el que debe contar la institución básica para ser funcional. Lo cual no está relacionado, aclara, con el tipo de familia, es decir, con quiénes la integran. Afirma que esta agrupación no se encuentra aislada de la sociedad y que, por ello, la violencia intrafamiliar también encuentra sus causas en el contexto. Y advierte sobre la necesidad de invertir en la investigación de la agresión humana, para no seguir sólo apagando el fuego y atacar también sus orígenes.

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

La violencia es un tema que causa impotencia en quien la percibe no sólo como víctima, sino también como espectador. Y los sucesos que la contienen generan reacciones encontradas en cuanto a la forma de combatirla, acudiéndose muchas veces, quizá por esa misma impotencia, a atacar los síntomas de la problemática más que las causas que la engendran. Sobre todo, cuando se trata de la violencia dentro del seno familiar, el lugar que el imaginario colectivo tiende a suponer más seguro, pero que, según las estadísticas, es donde existen mayores posibilidades de sufrir una agresión.

La violencia no solamente tiene que ver con realidades extremas como la muerte de un pariente a manos de otro, como ocurre diariamente con las mujeres asesinadas por sus parejas (o ex) en España. También adquiere formas más sutiles -y a veces imperceptibles- como las verbales, y que pueden ocasionar daños psicológicos inconmensurables, por ejemplo, en los niños.

Así, dentro de la familia está lo mejor, pero al mismo tiempo puede manifestarse lo peor, como explica la profesora titular de Psicología Básica María Ángeles Cerezo en esta entrevista con teína.

Cerezo dirige la Unidad de Investigación "Agresión y familia" en la Universidad de Valencia y, desde esta posición, reivindica la importancia de invertir en el estudio especializado de los problemas relacionados con la agresión humana.

Ello, porque tanto o más necesario que "apagar el fuego" es entender sus orígenes y combatirlos, sugiere. Orígenes que, en el caso de la violencia doméstica por ejemplo, pueden estar ligados al contexto social y no sólo a la personalidad de los agresores, aunque ello no justifique en absoluto sus actos.

- Cuando se habla de violencia intrafamiliar parece prevalecer la idea de que ésta sólo tiene que ver con la violencia de los hombres hacia las mujeres. ¿Qué se entiende en realidad por este tipo de violencia y por qué cree que sólo se tiene en cuenta una de sus tipologías: la de género?

- Hay mucho alarma social con el tema de las muertes de mujeres provocadas por la agresión de sus parejas, lo cual hace que se atienda a unas áreas más que a otras. Pero eso no significa que en un buen enfoque no se vean otros aspectos de la violencia intrafamiliar. Está claro que el tema de la mujer tiene más relevancia porque es un elemento muy vulnerable dentro del ámbito doméstico. Sin embargo, los niños son tanto o más vulnerables que los adultos. Y a veces también se olvida que, dentro de la violencia intrafamiliar, ellos la sufren, algunas veces físicas y otras psicológicas.

- Una idea común en el imaginario social es que la violencia hace referencia al castigo físico. ¿No cree que se subestima el poder de la agresión verbal?

- Sí, si por violencia se considera sólo el aspecto físico, sí se está limitando el contenido de la idea. Pero, claro, lo que más se ve siempre es lo tangible. Ahora, efectivamente, la agresión verbal y la humillación constante, incluso ni siquiera de una manera violenta, produce daño psicológico tanto en el niño como también en la pareja: el "no vales para nada", "más vale que no hubieras nacido", "lo bien que estaría sin ti", etcétera, todo esto que puede ser dicho sin tantos aspavientos pero de una manera constante. Como dicen lo chinos: "nada es más suave que una gota de agua y, sin embargo, puede hacer agujeros en las rocas". Esta agresión A un niño en particular, lo expones a un goteo constante que afecta a la percepción de sí mismo: "¿quién soy yo?", "¿realmente valgo?"; y eso deja unas secuelas muy importantes en sus capacidades para relacionarse con los demás y para establecer una relación amigable consigo mismo.

- Existe la idea de que la reprimenda -en forma de castigo físico o verbal- de los padres hacia los niños es a veces necesaria ya que se está intentando educarlos ¿Hasta qué punto los padres tiene derecho a ejercer métodos violentos sobre los menores?

- Hay que distinguir. Los niños que están a nuestra merced para convertirse en adultos y en personas que desempeñen un papel en la sociedad sitiéndose bien consigo mismas son una responsabilidad de sus padres; una responsabilidad que comporta dirigir, señalar qué está bien y qué no. Y nos podemos equivocar pero hay unos elementos básicos que hacen que el niño se encuentre protegido. Pongo un ejemplo muy básico: para un niño el comer salchichas todos los días no le es bueno, aunque coja rabietas y diga que sólo quiera comer salchichas. Pero yo tengo que ver más allá, y sé que eso no le conviene, y por lo tanto me tengo que enfrentar. La disciplina es necesaria para indicar y para dar caminos, guías. Luego, cuando el individuo se hace mayor va cuestionando cosas, pero para ello debe haber pasado por lo otro. Los métodos de disciplina son muchos y variados, y no necesariamente cuando se está regañando a un niño, se indica con ello que se están utilizando métodos violentos; los cuales, por supuesto, están desaconsejados completamente. Si le dices: "te dejo la bicicleta pero si sales por fuera del carril te quedas sin ella por tres días", eso es un castigo no violento, y es una consecuencia clara de no seguir una norma. El padre que abdica de esta obligación tampoco está protegiendo adecuadamente a su hijo.

- Pero, en definitiva, ¿hasta qué punto el concepto de "socialización" y "formación" de la personalidad no lleva implícito actos violentos, control y direccionamiento forzado de un ser humano?

- No lo creo. Cuando se hacen preguntas de este estilo se está proyectando la mentalidad del adulto. Se dice: "El que formen mi personalidad implica que me están forzando". Pero no hay que ir por esa vía. Cuando estamos hablando de socialización y formación estamos hablando de una persona desde que nace hasta que se va haciendo adulto. Socializar implica indicar qué esta bien y qué no, qué pasa si no se cumple una norma, qué normas son ésas; y eso sí conlleva un aspecto de control y direccionamiento, lo cual no significa un forzar a la persona. Porque una de las características importantes en el ejercicio de la parentalidad es, conforme el niño se va haciendo mayor, ir dándole más margen, más posibilidades de negociar. Los padres tienen el deber y la obligación de proteger y tienen la capacidad de no dar permiso. ¿Que ello implica control y dirección? Por supuesto. Pero no por ello se debe entender como una violación a los derechos de la otra persona.

LO MEJOR Y LO PEOR

- La palabra "familia" remite a ese ámbito íntimo y seguro por excelencia. Sin embargo, se dice que las personas están más expuestas a actos de violencia dentro de ella que fuera. ¿Esto tiene que ver con que se trata de un lugar donde existen intereses y tensiones contrapuestos?

- El dato es correcto. Se tiene la idea de que el daño te lo producirá alguien de afuera, pero la probabilidad de que te lo produzca alguien del ámbito familiar es siempre más alto. Lo que ocurre es que la familia tiene unas características propias, y ahí radica su riqueza y su problema; como todas las cosas, tiene su parte positiva y su parte negativa. La riqueza de la familia está en que es un ámbito donde a uno se le quiere por ser quien es, no porque sea guapo o listo o buen trabajador; hay un amor incondicional, una aceptación incondicional, diría yo. Y cuando hay disfunciones familiares no hay una aceptación incondicional. Se da el mensaje: "si no eres tal cosa o no hace tal otra no tienes mi aceptación incondicional".

Por otro lado, es un grupo donde se dan distintas edades y, por lo tanto, distintos intereses; es un núcleo que está constantemente en conflicto de intereses. Pero, por ello, ésta es una escuela de aprendizaje muy peculiar, porque estás constantemente forzado a convivir con personas de distinta edad, intereses, problemáticas, etcétera. y, por lo tanto, a negociar, a ceder, a discutir, a pelear para que cada uno encuentre su lugar. Esto no ocurre con otros grupos humanos, donde si no te gustan las reglas te marchas -pero también si no eres buen jugador de golf, por ejemplo, no serás bien aceptado en el club de golf-. La característica de la diversidad de intereses hace que existan tensiones, pero también convierte a la familia en una escuela donde se aprende a convivir con esas tensiones y a superarlas. El problema es cuando los conflictos escalan y se convierten en abusivos. La familia puede causar estragos enormes en sus miembros o ser todo lo contrario y darles la capacidad de apreciarse a sí mismos y de superar las adversidades de la vida.

- Desde algunos discursos del poder parecería asociarse con demasiada facilidad esa idea de funcionalidad a la imagen de la familia nuclear tradicional donde está el padre que trabaja y la madre ama de casa que cuida de sus hijos. Sin embargo, surgen cada vez nuevos tipos de familias que no se corresponden con ésta ¿Es correcto asociar la funcionalidad de la familia con el hecho de ajustarse o no a la tipología nuclear tradicional?

- No hay que confundir familia funcional o disfuncional con tipo de familia, eso sería un grave error. La característica funcional, en principio, no propugna cuáles son los componentes de una familia; lo que indica es que se da el requisito básico de la aceptación incondicional de los miembros más débiles, los niños; aceptación en el sentido de apoyarles, dirigirles, asumir la responsabilidad cuando son pequeños, con una apertura a negociar según se vayan haciendo mayores. Disfuncionalidad es cuando se apropian indebidamente los que ejercen la parentalidad, ni siquiera digo quiénes, de la capacidad de decisión cuando el niño ya la tiene; cuando no se lo acepta incondicionalmente porque se le exige que sea de una determinada manera, o cuando se lo rechaza emocionalmente. La funcionalidad/disfuncionalidad es un tema y quiénes componen la foto de familia es otro.

- Y discursos como el de la iglesia católica que critican ciertas tipologías de familia por considerarlas "no naturales" llevaría implícita la idea de disfuncionalidad. ¿Qué piensa al respecto?

- La sociedad está cambiando, y la tipología y quiénes forman una familia es un tema que está en constante evolución y se está abriendo a todas las posibilidades. Hasta que no se tenga un bagaje en el tema no podremos saber si hay algún elemento dentro de esas tipologías que pudiera afectar al funcionamiento adecuado de la familia, sobre todo para el desarrollo de los niños. En principio, no hay suficiente información para que podamos rechazar una tipología. La importancia está en las condiciones que yo le he dicho, y esas condiciones pueden no cumplirse en distintos tipos de familia, con lo cual la funcionalidad es un elemento que no está asociado a la tipología.

 

MEDIOS, VIOLENCIA Y POLITICA

- ¿Cuál es su opinión sobre el tratamiento de los medios masivos al tema de la violencia de género, en particular, y de la violencia intrafamiliar en general?

- Es una pregunta complicada. Gracias a los medios de comunicación se ha incrementado la conciencia social de ciertos problemas, como la violencia de género y, en cierta medida, el maltrato infantil. En ese sentido la sociedad tiene una deuda con los medios. Dicho esto, los medios de comunicación, a veces, por su rutina de trabajo -muy trepidante- entran en caminos donde no se profundiza en la noticia. Y después de haber cumplido la función de incrementar la conciencia social de los ciudadanos, convendría entrar en una fase de reflexión sobre la problemática, sobre todo cuando se trata de una temática donde está en juego la vida de las personas. En ocasiones echo de menos que, después de dar las noticias de la muerte de mujeres, se hiciera una reflexión mayor sobre qué podría haber detrás de la historia de los agresores; porque si queremos proteger a las víctimas deberemos conocer mejor a éstos; aproximarnos mejor al infierno que viven, aunque en absoluto justifica sus actos. Pero si no abrimos un poco la perspectiva nos quedaremos llorando a los muertos y no haremos gran cosa por los que todavía pueden sobrevivir.

- La gente y la lógica mediática tienden a aislar el fenómeno de la violencia intrafamiliar del contexto social y a pensarlo como algo privado, desconectado del mundo exterior al seno familiar, sólo ligada a las personalidades enfermas. ¿Existen causas sociales que colaboran para que las personas en general sean violentas y descarguen sus tensiones en el hogar?

- Por supuesto que la familia no se encuentra en una especie de campana de cristal aislada del mundo. Cuando hablamos de maltrato infantil, evidentemente tenemos factores externos que están afectando a la capacidad que tiene, por ejemplo, el padre de tolerar la frustración por los conflictos de crianza, de afrontar una situación de un adolescente rebotado, etcétera. El que un padre o una madre estén deprimidos o estén pasando una problemática de pareja afecta a cómo van a atender a sus hijos. Y, a su vez, esas problemáticas pueden estar relacionados con conflictos económicos y de exclusión social. Así, se reduce el rango de atención de los padres para enfrentar la situación con el niño, y no lo hacen o lo hacen inadecuadamente y los conflictos pueden escalar.

En el caso de la violencia de género, es evidente que en el agresor hay problemas que se deben resolver, aproximarnos a esos problemas, prevenirlos y tratarlos. Y que pueden tener relaciones y asociaciones con coflictos sociales. Por ejemplo: el hecho de que la figura de la mujer aparezca vinculada a un objeto, más que a un sujeto; esta especie de doble mensaje donde se dice que la mujer es un sujeto con derechos y, por otra parte, los medios impactan con fotografías e imágenes donde se la muestra como objetos. Es una situación de doble rasero muy extraña que tiene que ver con políticas sociales y que está más allá de la personalidad de un individuo concreto. No todos son afectados por lo mismo, es una interacción entre unas cosas y otras.

- La violencia, más allá de lo repudiable que sea en cualquiera de sus formas, es un fenómeno que acompaña a la especie humana desde sus orígenes. En este sentido, ¿no cree que se tiende a confundir un poco este fenómeno al tratarlo como algo actual? ¿No es utópico pensar que se puede erradicar completamente la violencia del instinto humano?

- Erradicar la violencia del instinto humano, así dicho, es un poco difícil, porque hay aspectos de la agresividad que son incluso protectivos, como el reaccionar ante un ataque. Lo que sí se puede, y de hecho se hace, es aprender a inhibir la violencia. Un niño a los tres años sabe patear, morderle la oreja al otro, tirarle de los pelos... Pero a partir de esa edad la inmensa mayoría aprende a inhibir la agresión, aprende que hay otros modos de resolver los problemas, que hay que saber controlarse. Esto se aprende y es lo que nos hace sociables y capaces de convivir.

- ¿No le parece que vivimos en una sociedad bastante frustrante para la mayoría de las personas y que genera en éstas constantes tensiones que luego son más fáciles de descargar en el ámbito familiar?

- Sí, pero las frustraciones son parte de la vida. La vida en color de rosa sin problemas y frustraciones sólo existe en los catálogos de vacaciones. Lo importante no es que no haya problemas, lo que hay que lograr es que las personas sean más fuertes, resistentes, flexibles, capaces de resolverlos; y que sepan cómo, en la medida de lo posible, sacar lecciones para aprender y mejorar.

- Últimamente se discute mucho sobre las medidas políticas a tomar para combatir la violencia de género. Sin embargo, parecen tratarse sólo de medidas penales. ¿No se están combatiendo los síntomas más que la enfermedad?

- Sí. Pero, claro, es más fácil endurecer penas y pensar que con castigos de más tiempo se resuelve algo; esa es una reacción más o menos esperable, sobre todo en temas de violencia. Lo que ocurre es que, efectivamente, se está apagando el fuego y no combatiendo su origen. Además, sería razonable que se articularan medidas más educativas y de investigación, porque no tenemos soluciones para todos los problemas hasta que los estudiamos. Si no se invierte en investigación y no se conecta con quienes tienen más experiencia para abrir caminos, difícilmente vamos a saber hacer otra cosa que sacar la manguera y apagar el fuego. Esto va para todos los ámbitos, pero en especial para el de la agresión humana y las relaciones humanas. Hay que conocer más y mejor, y por otra parte seguir apagando el fuego.

- ¿Cómo cree que está abordando políticamente la violencia intrafamiliar en España?

- Esa sería una opinión de carácter personal, como ciudadana más que como investigadora. Se hace lo que se puede, lo que pasa es que lo urgente tapa lo importante y ese es quizá el problema. Y lo importante es conocer más y mejor para poder entender y abordar el problema desde una perspectiva amplia.

- Usted hacía referencia a la importancia de inhibir las agresiones y a que la frustraciones son parte de la vida. De cualquier manera, insisto, ¿no cree que se está apagando el fuego porque combatir las causas en el ámbito social sería mucho más complicado? ¿No cree que este sistema (socio- económico) potencia las frustraciones?

- Esa sería una afirmación muy genérica y tampoco daría mucha luz. Durante largo tiempo la psicología ha trabajado sobre la investigación de problemas. En los últimos años se está viendo un giro muy importante hacia el estudio de aquellas personas que son capaces de afrontar la adversidad y de sobrevivirla, haciéndolo además adecuadamente. Se trata de un ámbito nuevo. ¿Si este sistema potencia realmente las frustraciones?... La sociedad tiene en sus manos también la posibilidad de potenciar la capacidad de resistir las frustraciones para aprender a superarlas en forma adecuada. Las frustraciones, dependiendo de los niveles en que estemos hablando, pueden convertirse en oportunidades.

 

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