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De familia, Estado
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"Hay que defender la libertad de vivir como decidamos". Para Flecha García, la mayor diversidad de formas familiares que se registran en la actualidad representa mayores opciones de estilos de vida. Así, la clave está en respetar las elecciones personales. Y no en imponer un determinado modelo, aun cuando el discurso oficial lo muestre como el normal...
Juan
Pablo Palladino
De este modo, para el profesor de Teoría Sociológica, Filosofía del Derecho y Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, es necesario socializar a los niños para que puedan vivir en un mundo "diverso y pluralista", en una sociedad en permanente cambio que contiene una gran variedad de formas de relacionarse y, en consecuencia, de tipos de familia. Ello implica tener en cuenta un concepto clave que Flecha García enfatiza a lo largo de la entrevista con teína: libertad. Lo cual comprende: entender, respetar y permitir que toda persona "pueda escoger libremente su opción de vida", incluidos, claro, aquellos que desean aferrarse a la tipología nuclear tradicional, una más entre otras alternativas. - La familia que se define como normal (padre, madre e hijos, que residen en una casa particular) ha sido concebida por el discurso oficial como la base de la sociedad. Al hilo de este discurso ¿cómo afectan, entonces, los numerosos cambios que se observan en los modos de establecer relaciones familiares al orden social? - La familia "normal" ha sido defendida tradicionalmente por el discurso oficial del sistema social y de los sectores que lo dominan. Sin embargo, en la sociedad, además del sistema y de los discursos oficiales, hay sujetos sociales, personas, colectivos, que pensamos y actuamos a veces de forma diferente a como nos han enseñado. De hecho, hoy hay un número creciente de personas que estamos viviendo en tipos de familias diferentes a donde nos educaron o nos socializaron. Eso quiere decir que los sujetos estamos produciendo efectivamente numerosos cambios en esos modos de establecer relaciones familiares. Pero eso no es ninguna amenaza real para las personas que quieren tener familias tradicionales. Como dicen dos grandes especialistas mundiales en el tema (Beck y Beck-Gernsheim 1998: 252-253), la forma conocida de familia nuclear es confrontada con alguna situación borrosa sin familia o se afirma que otro tipo de familia sustituirá a la familia nuclear. Mucho más probable es, sin embargo, -si el análisis de este libro es correcto- que un tipo de familia no marginará a otro tipo de familia, sino que se darán simultáneamente un gran abanico de formas de convivencia familiares y extrafamiliares. Aunque el orden social, por un lado, se siente amenazado por esos cambios, luego los va integrando. Esta integración puede entenderse no necesariamente en un sentido negativo. En general, se puede no estar a favor del matrimonio, pero considerar una ventaja el que haya personas que antes, por ejemplo, no se podían casar y ahora pueden hacerlo, porque esto proporciona más opciones sociales. Cuantas más opciones tengamos, más posibilidades habrá de que las personas y los grupos tomemos nuestras propias opciones y seamos por tanto más libres. Por otro lado, cabe destacar que gran parte de las personas que no vivimos en estas familias normales también resultamos muy útiles, en algunos aspectos, al sistema capitalista. Se trata de personas que son grandes consumidoras. En un hogar en el que conviven dos o tres personas cada una con su salario, se da un mayor consumo de determinados productos y servicios que en las familias nucleares; de manera que al sistema capitalista, y al neoliberalismo, le pueden resultar muy útiles las transformaciones que conllevan estas nuevas formas de vida. - ¿Es posible pensar que la apertura a nuevos tipos de familia (que muchos consideran aberrantes) daría pie, no al caos social, sino a un nuevo tipo de sociedad, incluso más tolerante con las diferencias? Empíricamente esto es así. No hay una crisis de lo social superior a la de los años 30 o 40, por ejemplo. Sin embargo, sí que hay formas de familias mucho más diversas. Estos nuevos tipos de familia han representado un incremento de la pluralidad de opciones en las sociedades actuales. En términos sociológicos, tener más pluralidad de opciones significa más libertad. Que aparezcan nuevos tipos de familia no supone que se obligue a nadie a vivir en ellas. Quien quiera puede vivir en las familias "normales". Considero que todas y todos los defensores de la libertad debemos respetar a quienes quieren tener familias tradicionales y su libertad de expresión para tratar de convencernos al resto. Lo que sería autoritario y contrario a la libertad sería que algún movimiento o institución que se dijera defensora de la familia quisiera impedir su libertad a quienes queremos vivir en tipos de familias diferentes a los que estas personas quieren para sí mismas. Una pareja de homosexuales no ataca ni trata de quitar su libertad a quien quiere vivir en familia normal. Quien defiende la familia tradicional atacando a quienes quieren tener otro tipo de familia y, además, trata de que se les impida legalmente tenerla, sí que ataca dictatorialmente su libertad. Quienes defendemos nuevos tipos de familia no pretendemos imponerlos a quienes quieren tener una familia normal, porque va en contra de la libertad. Muchas personas que defienden las familias tradicionales también son partidarias de esa libertad. Son gente que quieren que toda persona pueda escoger libremente su opción de vida. Sin embargo, hay algunas personas de estos movimientos defensores de los tipos tradicionales de familia que persiguen imponer a los demás el modelo tradicional. En este caso estamos ante prácticas autoritarias que limitan las libertades de los individuos en unos contextos sociales en continua transformación. - Por otra parte, se hace referencia a una institución cuya estructura al parecer nunca fue la misma a lo largo de la historia y, aún más, que algunos teóricos como Bourdieu señalan como una ficción histórica reciente. ¿Se trata entonces de alarmas que esconden posiciones ideológicas? Algunas voces presentan la situación como si desde los principios de la humanidad hubiera habido un tipo de familia que ahora se está disolviendo. Incluso la familia nuclear ha sido y fue en su día una conquista frente a otras formas de familia más tradicionales y más sujetas, no ya a la autoridad del padre, sino del abuelo o del señor feudal. Por ejemplo, había señores que querían determinar -y determinaban- con quién te casabas y con quién no y que ejercían el derecho de pernada. La conquista de la familia nuclear fue importante como una opción que fue extendiéndose a la mayoría de la población. Todavía podemos encontrar signos de esas luchas que se libraron. De Vilanova y la Geltrú, por ejemplo; se cuenta que en la Geltrú había un señor feudal que ejercía el derecho de pernada, y dos amantes enamorados, que decidieron transgredir y traspasar las murallas. Otras parejas les siguieron llegando a crear una villa nueva, Vilanova. Como entonces, también hoy hay gente que lucha por su libertad frente a los intentos de imposición de un único tipo de familia. Son esos intentos los que convierten la familia nuclear en un modelo opresivo, cuando en realidad debiera ser uno más entre los que podemos escoger. Las alarmas provienen de gente autoritaria, que quiere imponernos su forma de vivir y de entender las relaciones. Estas personas ejercen su libertad de tener el tipo de familia que desean, pero tratan de impedir a los demás la libertad de escoger otras formas de vida. Pero lo mismo que los señores feudales no pudieron parar aquella lucha por el amor, tampoco lo podrá hacer ahora el discurso dominante. Como dice Jesús Gómez (2004:14-15): constatamos cómo existen nuevas posibilidades para desarrollar unas vidas afectivo-sexuales satisfactorias, basándonos en cuatro claves: la modernidad y su radicalización, el protagonismo de los actores sociales, el papel del diálogo y del consenso, y el reencanto en la comunicación. El tratamiento del amor encuentra en estas claves la fórmula para su transformación. FAMILIA, ESTADO, NEOLIBERALISMO... - ¿Cumple la familia nuclear una función determinante dentro del sistema neoliberal? El sistema socioeconómico neoliberal no se corresponde automáticamente con un tipo de familia determinada. Ya se ha planteado anteriormente que a este sistema le interesa indudablemente la familia nuclear como unidad de consumo y también de control social. Pero al sistema neoliberal también le son funcionales aquellas personas que vivimos en formas familiares diferentes porque, en muchas ocasiones, somos más consumistas que las propias familias nucleares. Sin hijos e hijas, muchas de las personas que escogemos formas de vida no tradicionales reciben salarios elevados y mantienen un ritmo de consumo alto que contenta al mercado. El sistema socio-económico de hoy integra también gran parte de estos nuevos tipos de familia, que en muchas ocasiones responden de manera más continuada a los reclamos publicitarios constantes y cambiantes que nos llegan desde los medios de comunicación. - Hay autores que han establecido una clara relación entre la consagración del Estado moderno y la familia nuclear como base de éste. ¿Cómo explica esta relación? - Indudablemente, el Estado moderno también fue una conquista frente el Estado feudal, que implicó el llevar a cabo muchas luchas y la actuación de movimientos sociales. Entre estas luchas se encontraba la pugna por la conquista de la familia nuclear, que luego integró perfectamente el Estado moderno. De hecho, tanto el Estado moderno como la familia nuclear fueron resultado de estas luchas antifeudales y modernas. Sin embargo, el Estado moderno actualmente está en crisis. Estamos viviendo su proceso de reestructuración, en primer lugar, por las consecuencias que ha conllevado el paso de la sociedad industrial a la sociedad de la información. En segundo lugar, se ha visto afectado por la diversificación de formas de vida y por la pluralidad de formas familiares coexistentes. De hecho, los estados modernos y los organismos internacionales tratan de adaptarse a estos nuevos tipos de familia que están surgiendo. Cada vez se reclama con más fuerza una reelaboración de los derechos humanos que incluya esas nuevas realidades. Por ejemplo, Puigvert (2001:98), que dice: "Estoy de acuerdo en la necesidad de romper el constreñimiento de las normas de género y también en que la actual formulación de los derechos humanos debe ser revisada para eliminar las constricciones que provoca su actual elaboración -desde un predominio masculino y occidental- que han silenciado otras voces imprescindibles para la concreción de unos derechos humanos realmente universales". - La iglesia católica es una de las instituciones que más alertan sobre los peligros que amenazan a la familia. ¿Qué papel cumple y cumplió el modelo familiar nuclear en la constitución de la iglesia y, consecuentemente, cómo podría afectarle los cambios de ese modelo? La iglesia católica se ha ido adaptando también a los diferentes períodos de la historia. Pero su defensa de la familia nuclear no se ha realizado siempre con la misma contundencia. Durante el feudalismo, no siempre realizó contra los señores (que ejercían el derecho de pernada o que imponían límites a las posibilidades de elegir con quien casarse y construir una familia nuclear) campañas tan contundentes como las que realiza hoy contra parejas homosexuales. La propia iglesia se ha ido adaptando con retraso a este tipo de cambios en un proceso de adaptación que es irreversible, pero que va acompañado de muchas resistencias. Al mismo tiempo, encontramos estos nuevos tipos de relaciones en muchas de las personas que forman parte de la iglesia católica, si entendemos por iglesia toda la comunidad, no sólo las jerarquías eclesiásticas. Y, por supuesto, también encontramos muchas personas cristianas que siguen más a Jesucristo que a las jerarquías y que, aunque no practiquen esas nuevas formas de familia, defienden que otras personas que así lo sienten lo hagan. UNA SOCIALIZACIÓN DOMINANTE - La socialización del individuo, enseñarle a vivir en sociedad, es un argumento en el que muchos se apoyan para demostrar el importante papel que cumple el modelo familiar dominante. ¿Ello implica que otros modelos familiares no convencionales (como el que podría surgir de la adopción de hijos entre homosexuales o las ya comunes familias uniparentales) no pueden llevar a cabo tal tarea? Si socializamos a los niños y a las niñas en el modelo de familia dominante entendiéndolo como exclusivo, les creamos muchos problemas, porque cada vez más, los niños y niñas viven -y sobretodo van a vivir- en diferentes tipos de familia. La misma idea hoy de una familia en la que hay un padre, una madre y el niño o la niña, estadísticamente se da cada vez menos. En su día se dio un paso positivo de la denominación de asociaciones de padres (APAS) a la de padres y madres (AMPAS). Hoy ya debe pasarse a asociaciones de familiares (AFAS), entendiendo por ese nombre (además de sus padres y madres) todas las personas adultas que conviven en el mismo domicilio con las niñas y niños. Reconocer esta pluralidad de posibilidades en el contexto en el que se produce su socialización es clave para trasmitirles aquellos valores y pautas que les facilitarán el saber desenvolverse en la sociedad presente y futura. Partimos además del hecho que socializar es enseñar a vivir en una sociedad que está en continuo proceso de cambio y que es cada vez más diversa. Si queremos responder a ello debemos, necesariamente, contemplar la pluralidad de opciones que se están desarrollando. - Entonces, ¿se trata, en realidad, de defender un tipo de socialización sobre la base de patrones sociales dominantes que, precisamente, buscan reproducir un determinado sistema de valores? Efectivamente, esto es lo que ocurre y es necesario decirlo claramente. Pero esa reproducción fracasa porque la sociedad no sólo se reproduce sino que al mismo tiempo se transforma. La socialización que impone unos valores dominantes genera problemas serios en muchas niñas y niños. Los niños y niñas no van a vivir en la sociedad que les gustaría que existiera a aquellos y aquellas que hacen esa mala socialización. Van a vivir en un contexto lleno de posibilidades y de riesgos frente a los que tendrán que optar y decidir su propio camino a seguir. - La idea de la familia como fuente privilegiada de formación de la persona se ve afectada por la influencia de otros factores tales como, por ejemplo, los medios de comunicación o, incluso, la relación entre padres adolescentes. ¿Esto viene a desmitificar un poco la idea de la familia como lugar sagrado de formación de la persona, es decir, hasta qué punto la familia incide realmente en el carácter que forma un individuo? - La familia constituye un importante agente socializador, pero no es el único. Los niños y las niñas se ven influidos por las interacciones con su familia pero también, y muy intensamente, por la relación con su grupo de amigos y amigas, por sus vivencias en la escuela, por los medios de comunicación, así como por las tecnologías de la información y la comunicación. Las familias en algunos países ya empezaron a experimentar grandes cambios en los años 50, mientras en nuestro país llegaban en los años 60. Muchos de estos cambios tienen mucho que ver con la entrada de la televisión en las casas. Las y los adolescentes empezaron a conocer otro tipo de relaciones y otros tipos de familias diferentes a las que conocían y se les inculcaba. Con Internet el acceso a información sobre formas de vida distintas se incrementa. Además, ahora tenemos más posibilidades de convivencia con gentes de diferentes culturas y de diferentes religiones. Esta diversidad se convierte en inevitable y por tanto está garantizado su contacto con los niños y las niñas de nuestras sociedades, que viven, cada vez más, en un mundo mucho más diverso y pluralista. Los padres y las madres, los profesores y profesoras, tenemos la obligación moral de socializar a esos niños y niñas para que aprendan a vivir en esta sociedad, que es la de hoy, y no en otra, que sólo está en las mentes de quienes quisieran, pero no lograrán, que vuelva el pasado. - En definitiva, ¿estamos frente a un trance histórico de la institución familiar (y de otras) inevitable, donde nuevas tipologías luchan por legitimarse, o debemos mirar estos cambios con preocupación y reclamar la vuelta al pasado (o, en todo caso, a sus supuestos)? El pasado no vuelve nunca. Educar para el pasado es educar para la frustración. Al padre de un conocido le dieron la jubilación anticipada en los 80. Durante años, todos los días que no llovía paseaba hasta la puerta de su empresa con la secreta intención de encontrarla otra vez abierta. Las personas que quieren volver a ese tipo de familia me recuerdan a ese conocido. No lograrán nunca ese objetivo. Tienen derecho a defender el tipo de familia en la que ellos creen. Pueden hacerlo. Nadie se lo impide. Defendemos que lo hagan. Pero queremos lo mismo al revés. Que también defiendan ellos nuestra libertad de vivir como decidamos.
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