Editorial
Detrás de la palabra familia

¿Crisis del modelo nuclear?


Familia y homosexualidad

Colaboraciones

De familia, Estado y religión
Por Paloma Martínez

Entrevistas

José Ramón Flecha García
, sociólogo
"Defender la libertad de elección"


INMIGRACIÓN y FAMILIA

¿Aves en busca de
una mejor estación?

 

Por José Beltrán Llavador *
Jose.Beltran@uv.es

 

Comenzaremos con una afirmación taxativa: la familia no está en crisis. La familia, en tanto que institución social, que garantiza la continuidad de la especie humana en la línea del tiempo a través de generaciones sucesivas, no sólo no está en crisis, sino que goza de buena salud. Lo que, tal vez (pero ni siquiera) se pueda percibir como una crisis es la pervivencia de un modelo familiar específico, a saber, en nuestro caso, y tras el relevo de la familia extensa, el de la familia nuclear. Y decimos "ni siquiera" porque lo que estamos conociendo no es la desaparición de la familia nuclear, sino su coexistencia con estilos, organizaciones y estrategias familiares plurales y diversificadas. La combinación de todas estas formas de vida familiar es tan amplia que podríamos hablar de un auténtico bricolaje cultural. Y en esta suerte de caja de herramientas –que ofrece modelos para armar y desarmar- las familias monocromas también ceden su espacio, afortunadamente, a las familias policromas. La diversidad (cultural) es un signo de vitalidad (social). Y por mucho que la lógica de la dominación del biopoder, por usar la terminología de Foucault, se empeñe, no es fácil poner puertas al campo social.

En cualquier caso, hablar de familias y hablar de inmigración podría llevarnos a muy extensas y sugerentes consideraciones derivadas de cada uno de los sustantivos en sí mismos. Si, además, pretendemos poner ambos en relación, la complejidad y la dificultad está garantizada. Para acotar estas consideraciones, y aún a costa de elipsis inevitables, nos centraremos en algunas breves consideraciones de carácter empírico, sin otra pretensión que la de plantear algunas lecturas de nuestra tan cambiante (coyuntura) como contumaz (estructura) realidad social.

En 1993, la demógrafa Anna Cabré publicó un artículo revelador y provocador a un tiempo denominado "Volverán tórtolos y cigüeñas"(1), en el que realizaba una proyección de futuro sobre la evolución de la familia en España. En esta proyección Cabré arremetía contra las predicciones acerca de la supuesta "crisis de la familia", y a contracorriente del discurso dominante, anunciaba que "nupcialidad y fecundidad aumentarán, decaerá el auge de la cohabitación fuera del matrimonio, se detendrá la progresión del divorcio y contraerán nupcias un número de viudas y divorciadas que hoy encabezan hogares monoparentales y unifamiliares." (p. 114).

En un escenario como el de España, que desde hace años ostenta una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, la autora señalaba la necesidad de algunos ajustes ante un desequilibrio de efectivos generados por los altibajos del número de nacimientos. Entre estos ajustes apuntaba la "sobreinmigración del sexo deficitario y/o la sobreemigración del sexo excedentario." (p. 118).

Ha transcurrido más de una década desde que la profesora Cabré realizara su prognosis. Desde entonces, se ha ido incorporando al catálogo de lugares comunes la constatación de que España ha pasado de ser un país de emigración para convertirse, en muy poco tiempo, en un país de inmigración.

Con diez años de distancia, podemos preguntarnos ahora acerca del cambio de tendencia en el ciclo demográfico del caso español que se anunciaba en el mencionado artículo. Y si bien no podemos dibujar todavía un escenario totalmente nítido, al menos podemos ofrecer algunos datos recientes que ofrecen síntomas o señales del repunte demográfico de la sociedad española.

La oficina estadística de la Unión Europea, Eurostat, inauguró el curso 2004-2005 con la difusión de un estudio –del que se hizo eco El País el día siguiente 1 de septiembre- en el que encontramos esta información: "España es el país europeo con mayor aumento de población, debido sobre todo a la llegada de extranjeros. En 2003 acogió a casi 600.000 inmigrantes, al menos uno de cada tres llegados a la Europa de los 25 (1´ 6 millones). (...) A nivel continental, el ritmo de crecimiento de la población española (15´5 habitantes más por cada mil en 2003) sólo es inferior al de Chipre (21´5 por mil). Supera al de Estados de auge demográfico como India (14´7). Sin inmigración –concluye- España sólo habría ganado 53.000 habitantes en 2003." España recibe así la cifra más elevada de la UE, que supone el 35`3% del total, ganando 15´5 residentes por cada mil. Un ritmo éste de crecimiento superior al de un país en expansión demográfica como India.

Los datos son esperanzadores, como difíciles de superar las resistencias al cambio que suponen. Qué duda cabe que sin la inmigración España todavía no podría estar en condiciones de garantizar el reemplazo generacional. Y, sin embargo, pese a las recomendaciones de organismos internacionales como la UNESCO (que pedía a nuestro país una mayor apertura hacia los flujos migratorios), la inmigración ha sido durante demasiado tiempo un fenómeno sobrevenido, y para el que se ha puesto en práctica–coincidiendo en buena medida con la legislatura conservadora- una política de contención, prevención, temor y sospecha.

Frente al discurso mediático cotidiano sobre la inmigración, que algunos autores asocian con el denominado "racismo institucional", Gosta Esping-Andersen advertía no hace tanto (El País, 22 de noviembre de 2001) de "la necesidad de una nueva política de familia" en un artículo de título homónimo. Entre otros elementos, esa nueva política pasaba por "invertir en la infancia". Y la justificación del sociólogo era la siguiente: "La economía del conocimiento requiere ciudadanos crecientemente capacitados Los menos preparados quedarán atrapados, muy probablemente, en un ciclo vital de empleos precarios, bajos salarios y desempleo. La experiencia nos dice que aquellos que abandonen los estudios antes del nivel secundario es muy probable que se conviertan en perdedores de mañana. ¿Qué tiene ello que ver con la familia? (..) Sabemos que la pobreza y la inseguridad en la infancia causan un inferior desarrollo en los conocimientos y un mayor fracaso escolar. (...) Nuestro futuro se verá oscurecido si no aseguramos hoy mejores condiciones para las familias, porque es aquí donde encontramos las raíces del altísimo nivel de abandono escolar. Con un 30% de niños que no llegan a la escuela secundaria, España está a la cola de Europa".

En ese 30% que no finaliza la secundaria, debe incluirse ahora y en lo sucesivo, a no ser que de verdad "se invierta en la infancia", las cohortes de nuevos estudiantes procedentes de la inmigración. En nuestro caso, la administración educativa ha practicado una desatención –o si se prefiere, una desafección- sistemática hacia la escolarización de la población inmigrante. De hecho, la escuela reproduce fielmente la estratificación social entre ciudadanos de primera (que van a la escuela privada y concertada) y ciudadanos de segunda (que va a la escuela pública). La escuela ratifica así el mecanismo reproductor de la herencia social (capital cultural) de los hijos de las familias inmigradas y con menos oportunidades.

De modo que, si juntamos las primeras predicciones con las últimas descripciones, es posible que estén comenzando a cumplirse las tendencias que supo anticipar con lucidez Anna Cabré. Ahora bien, los tórtolos y cigüeñas que están volviendo lo hacen, de momento, no con dulces arrumacos los primeros y con la promesa de un "pan bajo el brazo" las segundas, sino de una forma maltrecha, incierta, rodeada de amenazas, con un elevadísimo coste de oportunidades, que requerirá el concurso de más de una generación para saldarlo.

En un reciente estudio de casos sobre población inmigrante, también utilizamos, como la demógrafa citada, la metáfora de la migración de las aves. Puede servirnos para ir cerrando estas primeras reflexiones: "El fenómeno de la inmigración revela no sólo los desplazamientos de contingentes humanos desde su lugar de origen, sino también el desasosiego del resto de seres humanos ante una suerte de pérdida de identidad creciente: la sensación de estar perdido, de no ser del todo de este mundo, de estar "fuera de lugar" (como reza el significativo título de la biografía de Edward W. Said) o de pertenecer a un mundo en continuo cambio, un mundo que se mueve deprisa (...) Sin embargo, no estamos ante un hecho natural –la aves en busca de la mejor estación- sino radicalmente social –los seres humanos, piezas en fuga, en busca de mejores oportunidades, o tratando de escapar de "la miseria del mundo".

Si la inmigración nos devuelve, frente a todo dogmatismo, a nuestro nomadismo, a nuestra condición social, histórica, contingente; la familia –cualesquiera que sea los modelos a que aluda este vocablo- nos remite a la ficción útil de una cierta permanencia en nuestra mudanza, al tiempo que dota de tanto sentido como queramos concederle a nuestro continuo peregrinar.

 

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* Es profesor del departamento de Sociología y Antropología social de la Universidad de Valencia.

Notas

1) En Luis Garrido Medina y Enrique Gil Calvo, eds.: Estrategias familiares. Madrid, Alianza, 1997, pp. 113-131 (reimp. de la 1ª edición de 1993). Sugerimos también la lectura de un libro magnífico, escrito hace 30 años y editado recientemente, pero que conserva su plena vigencia, del escritor John Berger y el fotógrafo Jean Mohr: Un séptimo hombre. Un libro de imágenes y palabras sobre la experiencia de los trabajadores emigrantes en Europa. Madrid, Huerga y Fierro, 2002.

Enlaces sobre familia:

Cambios en la familia (Diccionario crítico de ccss UAM)

Antropología histórica de la familia (Apuntes de M. Segalen)

La familia como institución económica

Sociología familiar en la red

La reinvención de la familia

Instituto de ciencias para la familia (U. Navarra).

Inst. Superior de CC. de la Familia (U. Salamanca)

Familis

Las diferencias de género en la familia y en la escuela

Reflexiones sobre la familia americana

Apuntes sobre la paternidad en la sociedad contemporánea

Familias homosexuale