Editorial
Detrás de la palabra familia

¿Crisis del modelo nuclear?


Familia y homosexualidad

Colaboraciones

De familia, Estado y religión
Por Paloma Martínez

Entrevistas

José Ramón Flecha García
, sociólogo
"Defender la libertad de elección"

  
Sobre familia y homosexualidad

El reclamo por parte del colectivo gay de que le sea reconocido legalmente el derecho a casarse y a adoptar hijos ha ganado importancia en gran parte de las sociedades occidentales. Se trata de un asunto que debe ser abordado sin tapujos. Para lo cual es necesario liberarse de prejuicios y fatalismos.

 

Por Lucio Latorre
lucioteina@yahoo.es

 

El concepto, la idea, o al menos el acto casi reflejo de "vivir en familia" ha estado ahí desde siempre entre los humanos. Incluso en aquellos remotos tiempos en los que la especie estaba tratando aún de definirse.

Lo mismo puede decirse de la homosexualidad. Las conductas homosexuales, tan comunes en otras especies animales, han estado siempre presentes a lo largo de la evolución del hombre. En términos generales, puede decirse, entonces, que el ser humano ha venido practicando a lo largo de la historia la vida en familia y la homosexualidad de forma simultánea, aunque el grado de visibilidad y legitimación de una y otra han sido muy dispares.

Y en una simultaneidad sostenida durante tantos siglos, los puntos de contacto entre familia y homosexualidad no han sido pocos. De hecho, los argumentos acerca de la incompatibilidad de ambas prácticas van perdiendo fuelle.

MATRIMONIO Y ALGO MÁS...

Como se dijo antes, la "vida en familia", la idea básica, acompaña al hombre desde que éste se irguiera y comenzara su evolución como bípedo. Con el correr del tiempo, fue tomando forma el concepto más amplio de Familia. Y con la invención de la religión, este concepto terminó de ser consagrado a la vez que se le adosó otro, el de Matrimonio.

Básicamente, el matrimonio consiste en la unión de dos personas que mantienen una relación sexual estable. Esa unión puede ser refrendada tanto por la vía religiosa como por la legal.

La idea de matrimonio, históricamente, hacía referencia a la unión de dos personas de diferentes sexos. Una mujer y un varón que vivían bajo el mismo techo. Siempre. Ahora, en cambio, son muchos los que buscan que esa imagen tradicional pueda incluir indistintamente a parejas conformadas por personas del mismo sexo. Varón con varón, mujer con mujer, viviendo bajo el mismo techo, casados como cualquier pareja "normal".

En las últimas décadas, el colectivo gay ha obtenido, paso a paso, el reconocimiento de muchos de los derechos reclamados. Una de las demandas más persistentes hacía referencia al matrimonio entre homosexuales; un tema que, no sin polémicas y movimientos de rechazo, ha ganado importancia en el debate social de gran parte de las sociedades occidentales. Incluso hay países (Bélgica, Holanda, Dinamarca...) en los que la unión entre personas del mismo sexo es aceptada y reconocida legalmente. Y en otros países, como España, va camino a serlo.

Hay naciones en las cuáles el colectivo gay es tan grande y su influencia tan significativa que lo del matrimonio entre homosexuales aparece incluso en las campañas electorales. Sea para pronunciarse a favor o para rechazarlo tajantemente, candidatos y agrupaciones políticas ya no pueden pasar por alto este asunto y deben mostrar su postura al respecto.

Largamente discutido, parece éste ser un tema con una sentencia evidente: el casamiento por vía legal entre homosexuales se irá volviendo algo cada vez más común. Es cuestión de tiempo, evolución y apertura mental de las sociedades.

Resulta ya un anacronismo seguir insistiendo acerca de si es correcto que dos personas del mismo sexo tengan la libertad de decidir cómo vivir y de si tienen el derecho a hacerlo bajo el mismo techo gozando de los mismos derechos y obligaciones que los matrimonios heterosexuales.

Las cosas no parecen estar tan claras con relación a si los homosexuales pueden o no formar una familia. Es decir, si es aceptable que niños y niñas crezcan con dos padres o dos madres en lugar de una mamá y un papá, como ocurre en las familias "ortodoxas".

Los detractores de esta posibilidad muestran aquí su mayor rotundidad en el rechazo.

Además del religioso –probablemente el de más peso- existen otros argumentos que justifican la oposición a permitir que niñas y niños se críen con padres homosexuales. Aunque muy elementales en su argumentación, expresiones tales como "no es normal" o "no es natural" surgen, siempre, como las principales razones del rechazo. Y en su simplicidad está, quizá, su contundencia.

Un razonamiento tan limitado y tajante como éste no deja posibilidad para el análisis, ni siquiera para discusión alguna.

¿SEGURIDADES INFUNDADAS?

Quienes se oponen a que los homosexuales puedan casarse y formar una familia al igual que lo hacen los heterosexuales se refieren con frecuencia al impacto emocional y psicológico que pueden sufrir los niños y niñas que sean criados por esta tipología de pareja. La más de las veces, esas voces dan a entender, cuando no aseguran directamente, que quienes crezcan en esas circunstancias se verán afectados negativamente.

Conflictos de personalidad, de identidad, de orientación sexual, de discriminación y otras múltiples disfuncionalidades emocionales y sociales les espera a quienes se críen en hogares con cabezas de familia homosexuales, sostienen desde los sectores más conservadores. Como si se tratara de un destino inevitable, de una relación causa-efecto automática. Sin embargo, no hay evidencias contundentes que así lo demuestren.

Puede ocurrir, claro, como de hecho ocurre en numerosas familias "normales" con padres heterosexuales.

Otro lugar común es creer que los niños y niñas que vivan en este tipo de hogares ineludiblemente terminarán siendo gays como sus padres, lo cual no necesariamente tiene que ser de esa manera. El hecho que los padres sean heterosexuales no garantiza que los hijos se definan en ese sentido, y viceversa.

Si hay algo que las investigaciones sobre la sexualidad han demostrado es que sobre éstas cuestiones no puede hablarse en términos de determinismos absolutos. Son muchos, y algunos de ellos insondables, los factores que intervienen en la conformación de la identidad sexual de una persona. La vida familiar debe ser, sin duda, uno de los que más influencia ejerce. Por esos sería más conveniente aspirar a que los padres sean especialmente sensibles y sinceros con sus hijos para darles una buena educación sexual. Pero sensibilidad y sinceridad no son conceptos que estén reñidos per sé con la homosexualidad.

Como señala el sociólogo inglés Antonhy Giddens, "la configuración del hogar puede no ser tan importante como la calidad de los cuidados, la atención y el apoyo que los niños reciben de sus integrantes" (1).

Siguiendo a Giddens, vale la pena reproducir la referencia que éste hace de un caso ocurrido en Estados Unidos: En 1999 un tribunal defendió el derecho de paternidad que tenía una pareja homosexual masculina a dar el apellido de ambos a los hijos que tuvieran a través de una madre de alquiler. Uno de los hombres que había presentado la demanda afirmó: "Estamos celebrando una victoria legal. La familia nuclear, tal como la conocemos, está evolucionando. No se debería hacer hincapié en el hecho de que esté constituida por un padre y una madre, sino en el de que en ella haya adultos que se ocupen de la crianza de los hijos, independientemente de que sean una madre sola o una pareja homosexual dentro de una relación responsable". (2)

Guste más o menos, el matrimonios entre homosexuales y la posibilidad de que conformen familia con hijos, por las vías que sea, es uno de los temas más polémicos y espinosos de la actualidad. Los interrogantes y las hipótesis que se plantean son múltiples, y las respuestas, hasta ahora, parciales o simples aproximaciones. Debido a la presencia creciente que tiene en la vida social es un asunto que debe ser abordado sin tapujos.

Los intentos y anuncios de legalización del matrimonio entre homosexuales en países como Francia, Estados Unidos, Inglaterra o España, con toda la polémica generada, no son más que el preludio de lo que se avecina. Después del derecho a casarse, es evidente que el siguiente derecho a conquistar por el colectivo gay será el de tener hijos. Y, como en todo debate, liberarse de prejuicios y fatalismos sería un punto de partida esencial.

 

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