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Camboya 14 postales para El Campello |
Siem Reap x 9
Por Alberto Torres Blandina
,1 En Angkor los niños juegan a que ya no lo son. Una niña te vende una flauta de caña por un dólar. Le dices que tal vez más tarde. Te pide en perfecto inglés que la mires bien. Te pregunta si sabrás reconocerla entre toda las niñas que corretean por allí. Le prometes que sí. Otra quiere venderte unas pulseras hechas a mano. Niegas con la cabeza. Te pregunta tu edad. Te dice que ella ya tiene 11 años. Le dices que es muy guapa. Se ruboriza. Habláis unos minutos. Te ata una pulsera a la muñeca. No money. I like your face -y se toca la suya-. Present for you. Se aleja corriendo junto a más niños. Otra muchachita se sienta en la mesa donde vas a comer. Pone unas guías y unas postales sobre la mesa. No dice nada. Sólo te sonríe y pierde la vista. Está abstraída escuchando. Un grupo de chiquillos a lo lejos canta una canción. La niña comienza a cantar también, con voz dulce, sin reparar que estás allí, hasta que una camarera le pide que deje la mesa. Recoge las guías. Se aleja cantando. ,2 El asfalto y los postes de la luz acaban a unos kilómetros de Siem Reap. Sólo caminos de tierra atravesando la selva. Casas de madera aquí y allá. Sin orden fijo. Cabañas sobre cuatro pilares que evitan las inundaciones durante los monzones. El autobús avanza entre los baches regalándote estampas de tiempos que ya creías pasados. Los campesinos trabajan en los campos de arroz. Dos jovencitos pescan junto a un lago artificial. Una motocicleta se aleja con tres cerdos atados a su sillín. Alguien duerme en una hamaca. Una gallina y sus polluelos corretean entre la hierba. Un grupo de niños sentados al borde del camino saludan con alegría al autobús. Tú también los saludas. Te miran con curiosidad. No están acostumbrados a los turistas. Ríen mostrando su dentadura mellada. Todavía no han cambiado los dientes.
,4 Una mujer cruza el puente. Sus piernas ni siquiera le llegan a las rodillas. Lleva zapatillas. Camina con soltura. Viste las señales a la entrada de algunos caminos. Parecen unas señales de prohibido normales y corrientes. Pero si te acercas ves que alertan sobre el peligro de minas. Al principio te sientes furioso. Después impotente. Después solamente un estúpido europeo. ,5 Por la noche, cuando te alejas de Siem Reap, la oscuridad es total. Sólo las estrellas -todas las estrellas- y la luna. Observas detenidamente. Decenas de luciérnagas muestran su diminuta luz intermitentemente. Curiosamente descubres el fulgor azulado de pantallas de televisión. No hay luz pero el resplandor de los televisores escapa por la ventana de las cabañas. Aquí y allá. Un resplandor que parece un fuego. Una lumbre que brilla en el seno de cada familia y alrededor de la cual pasan sus noches. Crees que debería molestarte. Por el contrario, te entusiasma la idea. Casitas de madera perdidas en el bosque. Tan lejos del mundo. Y sin embargo tan cerca. ,6 Son las cinco y media. Las motos y las bicicicletas toman la carretera asfaltada. Siem Reap es una ciudad de tierra que crece a los lados de una sola carretera. No hay apenas coches en esta parte del mundo. Alguna camioneta. Algún tuk-tuk buscando turistas. En un ordenado desorden se mueven a uno y otro lado. Muchos niños de uniforme pedalean hacia casa. A veces tienes la sensación de que Siem Reap es una ciudad dominada por los niños. Se desvían en alguno de los caminos de tierra y siguen su marcha. El sol está a punto de desaparecer. Es ese momento del día en que todo parece adquirir un aire irreal. Por el contrario, tienes la sensación de que todo es real. Tan real que te aturde.
,8 Recordarás el cielo de Camboya. Por alguna razón intuyes que jamás podrás olvidarlo. Angkor Wat. Frente a ti, el puente hacia Angkor Wat. Custodiado por leones de piedra. El azul intenso se refleja en las tranquilas aguas del río, en contraste con el verde del bosque y el blanco de las nubes. Observas las torres del templo. Sus puntas matizan el cielo. Es como si los templos se elevaran en caprichosas formas para crear los contornos de un cielo que lo inunda todo. Cae sobre la selva como un manto protector. En Siem Reap el cielo está más cerca. No es extraño que al nombrarlo en su lengua nombren también a algún legendario dios. y 9 Hay otro Siem Reap. Un Siem Reap con aeropuerto y hoteles lujosos. Con piscinas y espectáculos cada noche. Un Siem Reap que se parece demasiado a otros lugares del mundo. Sabes que si te acercas podrás comer algún plato occidental. Después de tanto arroz y tallarines sientes la tentación. No te acercas. En el bar del hostal donde te alojas, un muchacho te alienta emocionado para que veas una película sobre la guerra del Vietnam que seguramente pone cada noche a los turistas. Look! It's Cambodia. It's a film about Cambodia. Está tan emocionado que te emocionas tú un poquito. Te preguntas si en el otro Siem Reap dejan a los camareros emocionarse.
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