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ENTREVISTA
A PERE LAVEGA
"No
es bueno que se estimulen sólo los
juegos
orientados a la competición y la búsqueda del éxito"
Actualmente,
la mayor parte de los juegos y juguetes en uso resaltan el individualismo,
la belleza, el ser "exitoso y popular" como valores, y en ocasiones incitan
también a la violencia. Al mismo tiempo, aquellos juegos tradicionales
que demandan una mayor participación y fomentan otra clase de valores,
están cayendo en desuso. Así, no son pocos los que ven en esta tendencia
una muestra más de los intentos de imponer un mismo modelo cultural en
todas las latitudes. Sobre esto y mucho más gira la entrevista que Teína
mantuvo con Pere Lavega, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación,
e investigador del Juego.
Lucio
Latorre
lucioteina@yahoo.es
Recuadro: Pere Lavega es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación,
Licenciado en Educación Física, Profesor en el INEFC-Universidad de Lleida
desde 1988 de 'Teoría y práctica del juego' y de 'Juegos y deportes Tradicionales'.
Actualmente es el director de este centro.
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Los conceptos de Juego y Violencia con frecuencia se ven relacionados.
Hay juegos que, por su naturaleza, implican grados de violencia en su
práctica, y da la sensación también de que hay juegos y juguetes que predisponen,
que inducen a la violencia. ¿Es esto realmente así? Y en ese caso, ¿tiene
necesariamente algo de malo?
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Hay que partir de la idea de que el juego es un laboratorio de relaciones
sociales, donde jugar, relacionarse y compartir una aventura que está
marcada en unas coordenadas lúdicas que nos traslada a un mundo fantástico
es una constante; donde ese mundo es real e irreal, y que además debería
considerarse que está lleno de símbolos y valores.
Cada juego dispone de una lógica interna, es decir, de unas propiedades
o gramática que orienta a sus jugadores a participar en un determinado
tipo de relaciones. Cada juego tiene una "partitura". También hay que
decir que no hay juegos buenos o malos, sino más o menos adecuados a los
objetivos que podamos plantearnos. Bien, nuestra sociedad está llena de
actividades competitivas y por eso es inevitable encontrar que hay gran
cantidad de juegos competitivos, los cuales distinguen buenos de malos,
ganadores de perdedores. Y precisamente son este tipo de situaciones las
que pueden desencadenar ciertos niveles de incidencias, conflictos e incluso
situaciones de violencia.
Sin
embargo en nuestras vidas cotidianas también aparecen un sinfín de actividades
sociales cooperativas, como la relación de los padres con los hijos, el
trabajo compartido en una empresa, la actuación que llevamos a diario
para conservar el medio ambiente, etcétera; por ello, también deberían
considerarse aquellos juegos que favorecen, vamos a decirlo así, partituras
asociadas al pacto, al diálogo, al compartir antes que al competir.
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¿Cómo se hace para que se favorezcan ese tipo de juegos?
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El éxito estaría en mostrar una variedad de opciones más que en promocionar
una orientación unidireccional del juego, una orientación focalizada en
general en una exagerada competición y desafío. Encontraríamos la respuesta
en hacer uso de ese abanico tan plural de posibilidades y de opciones
que nos ofrece el universo del juego en sus distintas manifestaciones.
El problema está cuando se adopta una visión más bien miope y sólo
se centra la atención en hacer uso de un solo modelo o un solo tipo de
juegos, como podrían ser aquéllos en los cuales se distingue a
los buenos de los malos.
No
es que sean perjudiciales los juegos competitivos, pero sí que si sólo
se utiliza este grupo de juegos y además se focalizan en enfatizar quién
gana y quién pierde, pues bien, cuando nos encontramos ante ese tipo de
circunstancias, es obvio pensar que van a aparecer situaciones al menos
no tan cómodas o agradables como sí pueden ocurrir en otras situaciones
donde no es necesario obsesionarse en distinguir quién gana y quién pierde,
sino simplemente en compartir una serie de retos. Y de ahí que la variedad
nos daría una buena respuesta para encontrar una solución al uso desmesurado
del juego entendido en una única dirección y orientado hacia la competición
exagerada.
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Usted ha realizado investigaciones en las que demuestra que los juegos
tradicionales están muy enraizados con los entornos en los que se practican
y que contienen características muy propias de esos lugares. ¿Es necesario
que se retome la práctica de esos juegos?
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Podemos decir que los juegos se comportan como una microsociedad que refleja
los valores, los símbolos y en definitiva las pautas de comportamiento
de la sociedad en la que se han instalado. Por ejemplo, si acudimos a
la familia de los juegos tradicionales, aquéllos que se han transmitido
de generación en generación y vemos qué es lo que nos dicen ese tipo de
prácticas -porque si se han mantenido y conservado a lo largo del tiempo,
seguramente tendrán determinadas características, a pesar de haberse podido
transformar a lo largo del tiempo-, seguramente nos podrán dar algunas
pistas interesantes a considerar. Por ejemplo, a través de distintos estudios
realizados hemos obtenido un catálogo de juegos tradicionales de distintas
regiones de Europa y de España. Analizando la partitura de esos juegos
hemos evidenciado algunos rasgos predominantes asociados a valores socializadores
muy interesantes.
Entre
otros aspectos, observamos que se destaca el valor del pacto y del diálogo
negociador entre los actores. Es decir, la mayoría de los juegos aparecen
con reglas más o menos abiertas y flexibles que pueden acomodarse a los
intereses de los protagonistas. Un segundo aspecto que vemos es que, curiosamente,
predominan los juegos colectivos ante los jugos individuales. Son aquellos
juegos que para llevarlos a cabo es necesario efectuarlos ante otro grupo
de personas y no necesariamente se trata de que haya equipos, sino un
grupo de personas que comparten esa actividad. Un tercer aspecto interesante
es que se hace un uso muy variopinto y variado de objetos del entorno
cercano.
Podríamos
intuir que se pueden asociar al concepto de calidad de vida si es que
este concepto se asocia, por ejemplo, a la adquisición y promoción de
determinados valores, como el respeto a la convivencia, a la sostenibilidad,
y el conocimiento del mundo que nos rodea. Entonces, para terminar con
esta reflexión, podríamos preguntarnos: ¿acaso estos valores se pueden
considerar rancios u obsoletos, o que están en desuso? ¿Seguro que no
merecería la pena seguir ahondando y fomentando este tipo de valores en
aras de favorecer y obtener una sociedad y un mundo mejor?
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¿Cómo se hace para incentivar este tipo de juegos cuando desde los medios
de comunicación los mensajes que se dan son muchas veces totalmente contrarios?
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La respuesta a esta pregunta no es fácil. Tal como acabamos de comentar,
los juegos se han ido transformando, al igual que la propia sociedad.
Así, actualmente en las sociedades de países desarrollados, yo diría económicamente,
hay una exagerada promoción de juguetes y de juegos que estimulan el individualismo,
la competición, el consumismo, la falta de empatía y de conductas que
podríamos denominar asertivas. Sin embargo, en otro tipo de sociedades,
como las denominadas en vías de desarrollo, estas constantes no siempre
son las predominantes. Y sus juegos se caracterizan por algunos de los
rasgos que hemos comentado anteriormente. Claro, en este terreno nos podríamos
preguntar cuáles son verdaderamente las sociedades avanzadas y cuáles
las subdesarrolladas; y precisamente en ese sentido podríamos encontrar
la respuesta.
La
solución pasaría por, en primer lugar, entender que más allá de jugar
hay un sinfín de relaciones y de aspectos que se están manifestando y
conjugando, con lo cual estamos haciendo que la persona se exprese con
todos los rasgos que le caracterizan, y que si sólo está orientada la
respuesta hacia un modelo de relación, como podría ser el ganar o el perder,
o el individualismo o el exagerado consumismo, se está haciendo que sobre
esa persona poco a poco se vaya alimentando una manera de ser que luego
va a generar como efecto dominó un círculo cerrado que no va a favorecer,
en absoluto, lo que nos podría interesar.
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Entonces...
Habría que partir de una sensibilidad desde la propia escuela. Los estudiantes
tendrían que recibir estímulos suficientes para saber que lo asociado
a la alta competición, al separar entre malos y buenos, no es el único
modelo, la única vía. Pero también es cierto que hay otra cara de la moneda;
el juego, a diferencia de otras actividades que se aprenden en las escuelas,
se manifiesta sobre todo en contextos espontáneos; es decir, fuera de
la escuela, sin que nadie, ningún adulto les diga que jueguen. Ahí es
donde verdaderamente se manifiesta. Y el niño, en sus primeras edades,
lo que hace no es más que imitar lo que ve a su alrededor y a esos héroes
que pueden aparecer desde los estímulos de las familias a los de la televisión,
etcétera... Yo entiendo que la respuesta pasaría también por que las familias
hicieran lo posible por implicarse, y qué manera mejor que seguir estimulando
determinados valores a través del juego, que es uno de los principales
lenguajes que tienen los padres para comunicarse con los hijos.
Los juegos tradicionales no tienen límites de edad y permiten que participen
personas de todas las edades. Yo creo que por ahí encontraríamos la vía
de sensibilización y de educación, compartiendo la implicación de organismos
oficiales, como la escuela, con la de las familias.
COLONIZACIÓN
CULTURAL
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Recién hablaba de la influencia de la televisión... En la actualidad,
los medios de comunicación tienen una influencia notable en las sociedades.
De hecho, a través de ellos se imponen determinados valores culturales,
particularmente los de Estados Unidos. Justamente, en momentos en que
ese país está en un estado de guerra permanente, la proliferación de juegos
y juguetes de naturaleza bélica es abrumadora, y en la mayoría de los
casos presentan los valores (y hasta la bandera) estadounidenses como
universales. La pedagoga e investigadora mexicana Patricia Ehlrich considera
que esto no es casualidad sino una muestra de que lo que se busca es imponer
el modelo cultural norteamericano por esas vías. ¿Qué lectura se puede
hacer de esto?, ¿puede resultar exagerado este tipo de acusaciones?
- Sí es cierto, y hay muchos estudios que lo han demostrado, que en épocas
en que se ha querido colonizar alguna determinada sociedad, el juego se
ha utilizado como un instrumento que ha podido orientar a sus protagonistas
hacia la promoción de determinadas pautas culturales. Ciertamente, es
inevitable saber que ante estímulos y valores que tenemos en un entorno
cotidiano, caracterizados por rasgos como pueden ser la violencia o los
conflictos bélicos, parece inevitable que éstos se trasladen al juego.
En
los países en los que el conflicto de la guerra es algo habitual, existe
una gran proliferación de actividades inspiradas en esas circunstancias,
ya que el juego no es más que una actividad social que se inspira en lo
que se observa en el entorno más cotidiano. Además a nadie le puede sorprender
el hecho de que en Estados Unidos se fomenta la búsqueda del éxito individual
y la consecución del máximo rendimiento como algunos de los valores que
incorporan en sus pautas de comportamiento. De ahí que no sea sorprendente
que, por ejemplo en el terreno de los deportes, se hayan orientado en
esa dirección. Por ejemplo, hay deportes, como el béisbol, que
se basan en buena parte en la suma de individualidades y que es reflejo
de un modelo totalmente distinto al de otras culturas, como las de algunos
países de la Polinesia, donde no se concibe el jugar si no es compartiendo
sentimientos y complicidades con los demás.
En Estados Unidos aparece un escenario con toda una serie de estímulos
cotidianos que alimentan la proliferación de un determinado tipo de mensajes
y de actividades. Pero tampoco deberíamos olvidar que en determinadas
zonas de los Estados Unidos, como en California, han surgido corrientes
pioneras en la búsqueda de actividades alternativas. Un ejemplo de eso
son los new games surgidos luego de la guerra de Vietnam y que
buscaban promover la educación de la paz, el recuperar valores ecológicos...
Creo que incluso en Estados Unidos es posible ver el cruce de ambos modelos,
aunque sí es cierto que a través de los medios y de los juguetes, los
que más venden son los que están orientados a esa violencia o a esa situación
bélica que desafortunadamente es también la más fácil de exportar.
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De todas formas siempre queda espacio para las alternativas...
Sí,
evidentemente. Y es cuestión de tener la mente muy despejada, de ser conscientes
de qué es lo que significa nuestra vida diaria; de saber valorar qué significa
estar con otras personas compartiendo actividades y relaciones, y que
el juego nos ofrece una magnífica oportunidad para abrir los brazos ante
cualquier persona que puede plantearse estas cuestiones.
Por
ejemplo, en el Fòrum de las Culturas que se está desarrollando
en Barcelona y que promociona valores como la paz, la sostenibilidad y
la diversidad cultural, una de las manifestaciones que se han tenido en
cuenta han sido los juegos tradicionales porque, precisamente, como ya
hemos dicho antes, llevan implícitos esos valores. Es curioso ver cómo
en el Fórum personas de diferentes lugares y edades comparten actividades
muy interesantes a pesar de que en muchos casos no se entiendan hablando
con la palabra, pero sí cuando utilizan el juego como herramienta.
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