|
||
|
|||||||||||||||||||
| |
Ciudad y Juego ¿Qué
se juega en el arte? Juego
de (v)ida y vuelta Ernesto Laclau,
sociólogo e historiador |
y la búsqueda del éxito" Actualmente, la mayor parte de los juegos y juguetes en uso resaltan el individualismo, la belleza, el ser "exitoso y popular" como valores, y en ocasiones incitan también a la violencia. Al mismo tiempo, aquellos juegos tradicionales que demandan una mayor participación y fomentan otra clase de valores, están cayendo en desuso. Así, no son pocos los que ven en esta tendencia una muestra más de los intentos de imponer un mismo modelo cultural en todas las latitudes. Sobre esto y mucho más gira la entrevista que Teína mantuvo con Pere Lavega, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, e investigador del Juego.
Lucio Latorre
- Los conceptos de Juego y Violencia con frecuencia se ven relacionados. Hay juegos que, por su naturaleza, implican grados de violencia en su práctica, y da la sensación también de que hay juegos y juguetes que predisponen, que inducen a la violencia. ¿Es esto realmente así? Y en ese caso, ¿tiene necesariamente algo de malo? - Hay que partir de la idea de que el juego es un laboratorio de relaciones sociales, donde jugar, relacionarse y compartir una aventura que está marcada en unas coordenadas lúdicas que nos traslada a un mundo fantástico es una constante; donde ese mundo es real e irreal, y que además debería considerarse que está lleno de símbolos y valores. Cada juego dispone de una lógica interna, es decir, de unas propiedades o gramática que orienta a sus jugadores a participar en un determinado tipo de relaciones. Cada juego tiene una "partitura". También hay que decir que no hay juegos buenos o malos, sino más o menos adecuados a los objetivos que podamos plantearnos. Bien, nuestra sociedad está llena de actividades competitivas y por eso es inevitable encontrar que hay gran cantidad de juegos competitivos, los cuales distinguen buenos de malos, ganadores de perdedores. Y precisamente son este tipo de situaciones las que pueden desencadenar ciertos niveles de incidencias, conflictos e incluso situaciones de violencia. Sin embargo en nuestras vidas cotidianas también aparecen un sinfín de actividades sociales cooperativas, como la relación de los padres con los hijos, el trabajo compartido en una empresa, la actuación que llevamos a diario para conservar el medio ambiente, etcétera; por ello, también deberían considerarse aquellos juegos que favorecen, vamos a decirlo así, partituras asociadas al pacto, al diálogo, al compartir antes que al competir. - ¿Cómo se hace para que se favorezcan ese tipo de juegos? - El éxito estaría en mostrar una variedad de opciones más que en promocionar una orientación unidireccional del juego, una orientación focalizada en general en una exagerada competición y desafío. Encontraríamos la respuesta en hacer uso de ese abanico tan plural de posibilidades y de opciones que nos ofrece el universo del juego en sus distintas manifestaciones. El problema está cuando se adopta una visión más bien miope y sólo se centra la atención en hacer uso de un solo modelo o un solo tipo de juegos, como podrían ser aquéllos en los cuales se distingue a los buenos de los malos. No es que sean perjudiciales los juegos competitivos, pero sí que si sólo se utiliza este grupo de juegos y además se focalizan en enfatizar quién gana y quién pierde, pues bien, cuando nos encontramos ante ese tipo de circunstancias, es obvio pensar que van a aparecer situaciones al menos no tan cómodas o agradables como sí pueden ocurrir en otras situaciones donde no es necesario obsesionarse en distinguir quién gana y quién pierde, sino simplemente en compartir una serie de retos. Y de ahí que la variedad nos daría una buena respuesta para encontrar una solución al uso desmesurado del juego entendido en una única dirección y orientado hacia la competición exagerada. - Usted ha realizado investigaciones en las que demuestra que los juegos tradicionales están muy enraizados con los entornos en los que se practican y que contienen características muy propias de esos lugares. ¿Es necesario que se retome la práctica de esos juegos? - Podemos decir que los juegos se comportan como una microsociedad que refleja los valores, los símbolos y en definitiva las pautas de comportamiento de la sociedad en la que se han instalado. Por ejemplo, si acudimos a la familia de los juegos tradicionales, aquéllos que se han transmitido de generación en generación y vemos qué es lo que nos dicen ese tipo de prácticas -porque si se han mantenido y conservado a lo largo del tiempo, seguramente tendrán determinadas características, a pesar de haberse podido transformar a lo largo del tiempo-, seguramente nos podrán dar algunas pistas interesantes a considerar. Por ejemplo, a través de distintos estudios realizados hemos obtenido un catálogo de juegos tradicionales de distintas regiones de Europa y de España. Analizando la partitura de esos juegos hemos evidenciado algunos rasgos predominantes asociados a valores socializadores muy interesantes. Entre otros aspectos, observamos que se destaca el valor del pacto y del diálogo negociador entre los actores. Es decir, la mayoría de los juegos aparecen con reglas más o menos abiertas y flexibles que pueden acomodarse a los intereses de los protagonistas. Un segundo aspecto que vemos es que, curiosamente, predominan los juegos colectivos ante los jugos individuales. Son aquellos juegos que para llevarlos a cabo es necesario efectuarlos ante otro grupo de personas y no necesariamente se trata de que haya equipos, sino un grupo de personas que comparten esa actividad. Un tercer aspecto interesante es que se hace un uso muy variopinto y variado de objetos del entorno cercano. Podríamos intuir que se pueden asociar al concepto de calidad de vida si es que este concepto se asocia, por ejemplo, a la adquisición y promoción de determinados valores, como el respeto a la convivencia, a la sostenibilidad, y el conocimiento del mundo que nos rodea. Entonces, para terminar con esta reflexión, podríamos preguntarnos: ¿acaso estos valores se pueden considerar rancios u obsoletos, o que están en desuso? ¿Seguro que no merecería la pena seguir ahondando y fomentando este tipo de valores en aras de favorecer y obtener una sociedad y un mundo mejor? - ¿Cómo se hace para incentivar este tipo de juegos cuando desde los medios de comunicación los mensajes que se dan son muchas veces totalmente contrarios? - La respuesta a esta pregunta no es fácil. Tal como acabamos de comentar, los juegos se han ido transformando, al igual que la propia sociedad. Así, actualmente en las sociedades de países desarrollados, yo diría económicamente, hay una exagerada promoción de juguetes y de juegos que estimulan el individualismo, la competición, el consumismo, la falta de empatía y de conductas que podríamos denominar asertivas. Sin embargo, en otro tipo de sociedades, como las denominadas en vías de desarrollo, estas constantes no siempre son las predominantes. Y sus juegos se caracterizan por algunos de los rasgos que hemos comentado anteriormente. Claro, en este terreno nos podríamos preguntar cuáles son verdaderamente las sociedades avanzadas y cuáles las subdesarrolladas; y precisamente en ese sentido podríamos encontrar la respuesta. La solución pasaría por, en primer lugar, entender que más allá de jugar hay un sinfín de relaciones y de aspectos que se están manifestando y conjugando, con lo cual estamos haciendo que la persona se exprese con todos los rasgos que le caracterizan, y que si sólo está orientada la respuesta hacia un modelo de relación, como podría ser el ganar o el perder, o el individualismo o el exagerado consumismo, se está haciendo que sobre esa persona poco a poco se vaya alimentando una manera de ser que luego va a generar como efecto dominó un círculo cerrado que no va a favorecer, en absoluto, lo que nos podría interesar. - Entonces... Habría que partir de una sensibilidad desde la propia escuela. Los estudiantes tendrían que recibir estímulos suficientes para saber que lo asociado a la alta competición, al separar entre malos y buenos, no es el único modelo, la única vía. Pero también es cierto que hay otra cara de la moneda; el juego, a diferencia de otras actividades que se aprenden en las escuelas, se manifiesta sobre todo en contextos espontáneos; es decir, fuera de la escuela, sin que nadie, ningún adulto les diga que jueguen. Ahí es donde verdaderamente se manifiesta. Y el niño, en sus primeras edades, lo que hace no es más que imitar lo que ve a su alrededor y a esos héroes que pueden aparecer desde los estímulos de las familias a los de la televisión, etcétera... Yo entiendo que la respuesta pasaría también por que las familias hicieran lo posible por implicarse, y qué manera mejor que seguir estimulando determinados valores a través del juego, que es uno de los principales lenguajes que tienen los padres para comunicarse con los hijos. Los juegos tradicionales no tienen límites de edad y permiten que participen personas de todas las edades. Yo creo que por ahí encontraríamos la vía de sensibilización y de educación, compartiendo la implicación de organismos oficiales, como la escuela, con la de las familias. COLONIZACIÓN CULTURAL - Recién hablaba de la influencia de la televisión... En la actualidad, los medios de comunicación tienen una influencia notable en las sociedades. De hecho, a través de ellos se imponen determinados valores culturales, particularmente los de Estados Unidos. Justamente, en momentos en que ese país está en un estado de guerra permanente, la proliferación de juegos y juguetes de naturaleza bélica es abrumadora, y en la mayoría de los casos presentan los valores (y hasta la bandera) estadounidenses como universales. La pedagoga e investigadora mexicana Patricia Ehlrich considera que esto no es casualidad sino una muestra de que lo que se busca es imponer el modelo cultural norteamericano por esas vías. ¿Qué lectura se puede hacer de esto?, ¿puede resultar exagerado este tipo de acusaciones? - Sí es cierto, y hay muchos estudios que lo han demostrado, que en épocas en que se ha querido colonizar alguna determinada sociedad, el juego se ha utilizado como un instrumento que ha podido orientar a sus protagonistas hacia la promoción de determinadas pautas culturales. Ciertamente, es inevitable saber que ante estímulos y valores que tenemos en un entorno cotidiano, caracterizados por rasgos como pueden ser la violencia o los conflictos bélicos, parece inevitable que éstos se trasladen al juego. En los países en los que el conflicto de la guerra es algo habitual, existe una gran proliferación de actividades inspiradas en esas circunstancias, ya que el juego no es más que una actividad social que se inspira en lo que se observa en el entorno más cotidiano. Además a nadie le puede sorprender el hecho de que en Estados Unidos se fomenta la búsqueda del éxito individual y la consecución del máximo rendimiento como algunos de los valores que incorporan en sus pautas de comportamiento. De ahí que no sea sorprendente que, por ejemplo en el terreno de los deportes, se hayan orientado en esa dirección. Por ejemplo, hay deportes, como el béisbol, que se basan en buena parte en la suma de individualidades y que es reflejo de un modelo totalmente distinto al de otras culturas, como las de algunos países de la Polinesia, donde no se concibe el jugar si no es compartiendo sentimientos y complicidades con los demás. En Estados Unidos aparece un escenario con toda una serie de estímulos cotidianos que alimentan la proliferación de un determinado tipo de mensajes y de actividades. Pero tampoco deberíamos olvidar que en determinadas zonas de los Estados Unidos, como en California, han surgido corrientes pioneras en la búsqueda de actividades alternativas. Un ejemplo de eso son los new games surgidos luego de la guerra de Vietnam y que buscaban promover la educación de la paz, el recuperar valores ecológicos... Creo que incluso en Estados Unidos es posible ver el cruce de ambos modelos, aunque sí es cierto que a través de los medios y de los juguetes, los que más venden son los que están orientados a esa violencia o a esa situación bélica que desafortunadamente es también la más fácil de exportar. - De todas formas siempre queda espacio para las alternativas... Sí, evidentemente. Y es cuestión de tener la mente muy despejada, de ser conscientes de qué es lo que significa nuestra vida diaria; de saber valorar qué significa estar con otras personas compartiendo actividades y relaciones, y que el juego nos ofrece una magnífica oportunidad para abrir los brazos ante cualquier persona que puede plantearse estas cuestiones. Por ejemplo, en el Fòrum de las Culturas que se está desarrollando en Barcelona y que promociona valores como la paz, la sostenibilidad y la diversidad cultural, una de las manifestaciones que se han tenido en cuenta han sido los juegos tradicionales porque, precisamente, como ya hemos dicho antes, llevan implícitos esos valores. Es curioso ver cómo en el Fórum personas de diferentes lugares y edades comparten actividades muy interesantes a pesar de que en muchos casos no se entiendan hablando con la palabra, pero sí cuando utilizan el juego como herramienta.
|
|
||||||||||||||||