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Entrevista a Ernesto Laclau; sociólogo
e historiador
"Es el momento en que el juego se
rompe en el que la política empieza"
El momento del antagonismo
define lo político. Una dimensión de la convivencia social
que es irrevocable. Señala que la teoría neoliberal está
perdiendo sus fuentes de validez. Y aboga por un mundo multipolar donde
el unilateralismo estadounidense se vea contrarrestado.
Juan Pablo Palladino
La política no es
un universo donde los jugadores se atienen fielmente a las reglas establecidas.
Esto, como lo indica Ernesto Laclau, sería "bastante lindo".
Pero el teórico tiene claro que la política demuestra más
formar parte de una lógica donde las reglas son "constantemente
puestas en cuestión" y es justamente la idea de antagonismo
el elemento central que la define.
En esta entrevista con teína,
el sociólogo e historiador argentino habla sobre la relación
de la política con el juego, y sobre algunas de las características
que configuran el escenario político mundial.
Es profesor de Teoría Política
en la Universidad de Buffalo, New York, y en la Universidad de Essex,
Inglaterra, donde reside desde hace casi 40 años cuando el historiador
Eric Hobsbawm lo invitó a estudiar en Oxford.
Desde aquel país, Laclau mantuvo la
siguiente conversación telefónica con esta revista:
-
¿Es posible observar en la política rasgos lúdicos? Teniendo
en cuenta que en ambos campos intervienen características como
la acción libre, se desarrollan en un tiempo y espacios determinados,
están sujetos a reglas, se lucha por algo...
- Yo diría que cuando
hay política hay siempre algo más que ludismo; es
decir, el que hace política no es el que juega dentro de las reglas
de un sistema, sino bien el que patea el tablero. Es decir, que la política
se relaciona con el momento del antagonismo, que para mí es más
importante que la gramática que ajustaría todo el movimiento
de piezas.
El punto es el siguiente:
¿Quién es exactamente el que juega y qué es lo que está
implicado en el juego? Si, por ejemplo, uno tiene un juego muy elemental,
tal como el ajedrez, la gramática del juego está fijada
desde el principio. Pero para mí el juego viene a ser de una naturaleza
diferente cuando el que juega no juega realmente, sino que es el que patea
el tablero. Es decir, es el momento en que el juego se rompe en el que
la política empieza. Por supuesto que hay una gramática
incluso del juego. Pero hasta qué punto uno está jugando
un juego o hasta qué punto el juego empieza en un juego sucio porque
la ruptura de las reglas es lo que define el juego.
- Debemos pensar entonces
que la política se renueva permanentemente.
- Si uno pudiera definir
la política como un universo en el cual los juegos fueran definitorios
todo sería bastante lindo, pero eso es bastante irreal. Si uno
define la política como un universo en el cual las reglas del juego
son constantemente puestas en cuestión, entramos en un universo
mucho menos pacífico, pero también mucho más real.
- ¿En este momento quién
cree que patea el tablero?
- Hay mucha gente que patea
el tablero. (George) Bush lo está haciendo desde hace años,
desde que asumió la presidencia (de Estados Unidos). Lo que está
haciendo es un juego sucio desde Guantánamo en adelante. Hay un
cierto esfuerzo internacional para restablecer el tablero, pero no sé
si va a tener éxito.
- Desde hace tiempo se
escuchan con frecuencia críticas a las instituciones públicas
por su "falta de eficacia", a la vez que se reivindica el mercado
como el administrador ideal. ¿Cuál es el espacio de la política
en este contexto?
- El espacio de la política
emerge exactamente cuando ese espacio público deja de operar con
sus requisitos habituales. El momento de la política es el momento
en el cual el antagonismo predomina sobre cualquier forma agonística
de juego.
- El panorama de la política
y la economía actual nos muestra un campo donde la gran mayoría
queda afuera de la puja por marcar el rumbo de los asuntos públicos.
Sólo una elite parece intervenir en las grandes decisiones. ¿Cómo
se interpreta esto en la dinámica democrática?
- Lo que ha ocurrido en la
política contemporánea reciente, pensando en las democracias
occidentales, es el hecho de que ha habido cada vez menos formas de construcción
de políticas alternativas. Lo que ha estado ocurriendo es que en
buena medida todas las decisiones han sido tomadas dentro de un marco
ya acordado, de consenso; es decir, que todo lo que fuera más allá
del consenso no tenía forma de presión política real.
En esa medida se dio la marginación de la posibilidad de alternativas
democráticas.
LA FALACIA DEL MERCADO COMO
ADMINISTRADOR TOTAL
- ¿El sistema neoliberal,
donde sólo algunos parecen tener derechos básicos satisfechos,
no desvirtúa la idea de democracia como un sistema de participación
común?
- En primer lugar, neoliberalismo
es la idea de que el mercado de por sí generaría un tipo
de acuerdo global que haría la pugna política innecesaria.
Ahora, eso es evidentemente falso. Lo que se está dando es el comienzo
de una puja política de tipo nuevo, por la cual distintos sectores
en distintos niveles de la actuación política ponen en cuestión
ese gran administrador que es el mercado. Es decir, que la teoría
neoliberal está perdiendo sus fuentes de validez.
- Por un lado vemos grandes
agujeros de corrupción y, por otro, ingentes poblaciones que tienen
una mala concepción de lo que se dice "político",
de todo lo que se anuncia como tal. ¿Se trata de un círculo que
se retroalimenta y que va en detrimento de la política como actividad
común?
- En parte, eso es verdad.
La cuestión es cuál es la alternativa frente a esto. Hay
toda una política alternativa que dice "abandonemos el campo
de la política"; como se decía en Argentina hace algunos
años: "que se vayan todos". Pero que se vayan todos quiere
decir "que alguien se quede". Y entonces, ¿quién se queda?.
Es decir, lo que yo creo que tenemos que pensar es una forma de ir más
allá de una política institucionalista como la que ha existido,
pero no ir más allá de la política. La política
tiene que quedar y es esencial.
- En este sentido, una
de las funciones de lo político es poner orden al caos de la realidad.
Sin embargo, es común escuchar frases que reniegan de lo político.
¿Puede la gente mantenerse al margen de lo político por simple
elección?
- Lo político es una
dimensión de la convivencia social que no puede ser evitado; no
hay forma de ir más allá de lo político. Lo que sí
se puede poner en cuestión es la forma en que la política
ha sido construida hasta hoy día. Por ejemplo, en cuanto al caos
de la realidad, pensemos el comienzo de la teoría política
moderna: Hobbes planteaba una situación de caos extrema que es
lo que llamaba "estado de Naturaleza", un momento en el cual
no había formas de construcción de la comunidad en ningún
sentido. Evidentemente, hay momentos en que la comunidad política
está afectada por situaciones de ese tipo, pero no es frecuente.
Más bien lo que se da es la construcción de lo político
a partir de formas intermedias; eso es lo que estamos enfrentando hoy
día.
- ¿Tiene sentido entonces
hablar de apatía política? ¿Esta apatía política
no termina siendo en definitiva una posición política?
- La apatía política
de las sociedades actuales es el resultado del llamado pensamiento único.
Hemos llegado a situaciones en las cuales la gente piensa que las opciones
políticas que les representan no ofrecen realmente alternativa.
Por ejemplo, si uno dice: entre la izquierda y la derecha no hay realmente
diferencias, en este caso cuál es el sentido de una opción
política. Tony Blair dijo hace un tiempo que no hay políticas
económicas de izquierda o de derecha, hay sólo políticas
económicas que funcionan. En ese caso, si no hay opciones políticas
internas al juego institucional, las únicas opciones son las políticas
que se opongan al juego institucional. Éste es el momento en el
cual una derecha radical empieza a tener un cierto discurso eficaz.
- Frente a las voces que
proclaman la consagración de un pensamiento único, y teniendo
en cuenta la necesidad de alternativas, ¿cree que existe margen actualmente
para la creatividad política?
- Yo creo que sí,
y las alternativas están siendo creadas por el sistema dentro del
cual estamos viviendo. Estamos viviendo una transformación del
sistema político mundial como resultado del avance del neoconservadurismo
en Estados Unidos. Es esencial en este momento en que existe un mundo
unipolar que podamos movernos hacia un modelo multipolar de la política.
El movimiento unilateralista de los Estados Unidos tiende evidentemente
a crear una noción de un imperio que tiene un solo centro y que
tiene una parte de decisiones que no es discutida. Un mundo multipolar
tendería a crear puntos de desacuerdo. Eso es importante desarrollar.
- ¿Dónde se evidencian
esas transformaciones? ¿En la construcción de Europa, por ejemplo?
- Sí, definitivamente.
España ha dado un enorme paso adelante en las ultimas elecciones
con la elección de (José Luis Rodríguez) Zapatero
y con la posibilidad de crear un eje alternativo en Europa constituido
por España, Francia y Alemania. Con eso, el mundo puede pasar a
tener una estructura de tipo diferente. Y ésa es la alternativa
en la cual estoy poniendo todos mis esfuerzos.
- ¿No se cae con frecuencia
en el "no" reiterativo por parte de los movimientos antisistema?
Es decir, se sabe lo que no se quiere en cuanto al rumbo del mundo; ahora,
¿cómo hacer para concretar las alternativas?
- Todos los movimientos sociales
han sido siempre así. Usted me menciona movimientos recientes,
pero yo le diría los movimientos clásicos. Cuando la gente
se proponía, en un sentido anticapitalista más clásico,
la lucha por el aumento de salarios o la lucha por la redistribución
del ingreso o cosas similares; finalmente, ninguna de estas medidas eran
totalmente antisistémicas. La cuestión es que lo que puede
llegar a ser antisistémico no son las propuestas concretas de un
grupo u otro, es simplemente el hecho de que ciertas demandas que de pronto
no son tan corrosivas respecto al sistema en sus objetivos específicos,
representen algo que ponga en cuestión un arreglo más global;
ahí es donde yo veo la posibilidad de un cambio. No sé exactamente
lo que un cambio puede significar hoy día en Europa occidental
o en el arreglo mundial del cual Europa occidental es una parte. Pero
de lo que estoy seguro es de que eso va a ser siempre resultado de una
aglutinación de demandas, que pueden ser demandas aparentemente
muy puntuales, pero que su efecto global puede ser más álgido.
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