Entrevista a Vicente Verdú, escritor
y periodista
La infantilización de la cultura
El autor de El estilo del mundo y columnista
de El País se refiere aquí a una tendencia regresiva visible
en todos los órdenes de la vida. Está íntimamente
ligada a la cultura de masas, donde se sustituye la reflexión
por las emociones y sensaciones. Y alude al juego como un elemento constitutivo
de esta realidad.
Por
Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es
Para
el periodista y escritor Vicente Verdú, el juego está
más presente que nunca en la sociedad actual. Una sociedad anegada
por la industria del entretenimiento donde la cultura de masas, en relación
dialéctica con una educación de las personas más
pragmática que reflexiva, hace primar las emociones y las sensaciones
como características principales. Sus productos, por tanto, nacen
desde esta lógica.
Por ello, Verdú
sostiene que se asiste a una infatilización de la sociedad, una
auténtica regresión donde todos los órdenes de
la vida se viven desde una posición infantil: desde el trabajo
–que se confunde con el ocio- hasta los vestuarios de las personas adultas,
pasando por la prácticas seudodeportivas.
En este lado del mundo
donde imperan las leyes del mercado –en el otro la gente se muere a
millares y todo sigue su rumbo-, el sueño de ser tocado por la
fortuna y alcanzar el éxito propuesto por el estilo de vida capitalista
explica las identificaciones de las personas con multimillonarios deportistas
y estrellas del espectáculo.
El juego, al no tener fin
en sí mismo, se muestra no sólo como una forma de alivio
ante las vicisitudes de la vida, sino como una forma de continuar el
simulacro de intrascendencia de las cosas.
Éstos y otros conceptos
fueron vertidos por Verdú en la entrevista con teína.
- ¿Cree que existe
una relación entre el grado de desinterés político
y la gran atracción que suscitan los espectáculos deportivos
como el fútbol?
- El desinterés
político es importante de por sí, haya o no atracción
de los espectáculos deportivos. Digamos que el desprestigio de
la política, y de los políticos, ha sido enorme en estos
últimos años, o se han visto más claras las conexiones
con el poder económico; se ha visto que el político no
tiene ningún programa ideológico esperanzador, sino que
se atiene al resultado de los sondeos y trata de hacer un programa de
acuerdo a los gustos del público. Y la atracción por los
espectáculos deportivos, que a través de la adhesión
a un equipo se ha asociado a una sustitución de empresas colectivas,
creo que es algo más complejo. Tendría que ver sin duda
con la búsqueda de una representación elemental, casi
tribal, pero también con la infantilización de la cultura
que hace consumir productos y consumir sencillos.
- ¿Cuáles
son las causas de esta infantilización a la que hace referencia?
- La cultura de masas ha
sido una cultura que ha buscado un denominador común hacia abajo
para lograr un mercado más amplio, y ha producido, en consecuencia,
una cultura de emociones y sensaciones. Una cultura formada en dialéctica
con la clase de formación que recibe ahora el ciudadano, una
formación muy pragmática, donde desaparece la filosofía
y la historia, donde se reduce la idea de proceso y el ejercicio de
la reflexión. Éste es el mundo actual de la mayor parte
de la oferta televisiva, de la radio y de buena parte de las revistas.
La infantilización, además, se manifiesta en el disfrute
de videojuegos, por ejemplo, donde la edad media del usuario es ya de
30 años, en la infantilización de los vestuarios, las
camisetas estampadas, las gorritas en adultos, la compra de golosinas,
la práctica continua y extensiva de cualquier juego seudodeportivo
por una parte creciente de la población. Se trata de la misma
tendencia infantil que hace un éxito mundial a Harry Potter y
productos parecidos...
- Da la impresión
de que señala esta infantilización como algo negativo,
como una regresión.
- Es una regresión
la propagación de un modelo de conocimiento que rehúye
el esfuerzo y busca aprender jugando, trabajar como en un juego, divertirse
sin fin y patinar sobre la superficie emocional de las cosas. Hacer
surfing sobre la cultura o manifestar un "no a la guerra"
o un "no la contaminación" por impulsos morales que
no llegan a proponer otro sistema por el que trabajar revolucionariamente.
Sólo se dice "no" como los niños empiezan a
decirlo a los dos años, como un gesto de identidad personal y
de rechazo a lo exterior sin haber llegado aún a poder enunciar
concretamente una alternativa.
- ¿Debemos entender
ahora más que nunca la industria del entretenimiento como un
elemento indispensable del capitalismo neoliberal para mantener a la
gente alejada de aquellos temas fundamentales que afectan al bienestar
general?
- La teoría conspiratoria,
la idea de un programa para la manipulación de las conciencias,
no tienen vigencia. El sistema ávidamente busca el mayor beneficio
sin más. Si ahora desarrolla una vasta industria del entretenimiento
es porque los medios de comunicación, alcanzado audiencias multimillonarias,
generan enormes beneficios. El porqué de la gran demanda de entretenimiento
se corresponde tanto con la pérdida de valor del trabajo como
por el fenómeno de infantilización que comentaba antes.
Protestamos contra la mala televisión, pero sin duda somos los
consumidores los primeros responsables de que sobreviva. Tenemos esta
oferta porque hay una demanda que la absorbe. Y la absorbe porque la
educación es cada vez más una educación utilitaria
y superficial.
DOS MUNDOS PARALELOS:
DENTRO Y FUERA DEL MERCADO
- En un mundo plagado
de injusticias sociales, donde la mayoría debe realizar proezas
para subsistir diariamente, ¿es una contradicción que se endiose
a multimillonarios deportistas y artistas del espectáculo?
- No es una contradicción
porque se trata de dos mundos. Un mundo que está dentro del mercado
y otro que no lo está. Este último no existe o es como
un basurero. En África mueren las gentes por cientos de miles
y no se alteran las cosas. El mundo que existe y que está dentro
del mercado desarrolla unas reglas, donde jugadores convertidos en estrellas
valen tanto como artefactos que brindan una alta oportunidad de inversión
con rentabilidades suculentas. Como se ve en el caso de Beckham o Ronaldo,
el Madrid los contrata no sólo pensando en sus prestaciones deportivas
sino en su rendimiento mediático.
- Recién mencionaba
la identificación que se da entre públicos y estrellas.
¿Esta identificación está relacionada con ciertas frustraciones
personales generadas por el estilo de vida capitalista y los parámetros
de éxito basados en el poder de consumo?
- Debemos hablar de identificaciones
en el sentido de proyecciones, porque ciertamente una de las bases de
la cultura del éxito en nuestro tiempo es que cualquiera puede
llegar a ser una estrella si le bendice la suerte, puede soñar
con la parte más simplificada del sueño americano. Es
la idea matriz de programas televisivos como Operación Triunfo
donde gente anónima se convierte en superpopular en tiempos récord.
- Algo que se ve
de forma más seguida en los estadios europeos, y sobre todo en
los latinoamericanos, es un mayor nivel de agresión, de violencia.
¿Qué lectura hace usted de esto?
- Esto se ha analizado,
bien a través de la teoría de la agresividad desplazada,
mediante la cual el individuo frustrado descarga su malestar no sobre
el sujeto superior que lo provoca sino sobre alguien cercano que hace
de chivo expiatorio. O bien mediante la teoría de las tribus
urbanas en la que ha trabajado durante los últimos quince años
Maffesoli. En este último caso se trataría de buscar una
identidad fuerte a través del grupo y sus actuaciones violentas
en negación de los demás, adversarios o diferentes tal
como en otros ámbitos provocan los nacionalismos.
- En psicología
infantil el juego es empleado para que los niños manifiesten
ciertos traumas. ¿Considera posible analizar algunas características
de las sociedades actuales a partir de sus juegos más recurrentes
o, incluso, de la falta de juego?
- Yo creo que acaso nunca
ha jugado más gente adulta. Adidas salió en 1926 al mercado
fabricando zapatillas para atletas profesionales, pero el éxito
posterior de Nike se debió a que la gente que salía a
hacer footing o a jugar deportivamente se había multiplicado
por cien al menos en los años ochenta. En nuestra sociedad el
juego no sólo cumple un papel de alivio, sino que llega a ser
un elemento constitutivo de una cultura que simula confundir el trabajo
con el ocio, el arte con la sensación. El shopping con
la creación personal, etcétera. Lo característico
del juego es que no busca un destino, y de esa manera, jugando, contribuimos
al simulacro de la intrascendencia que es al cabo, en su máximo
efecto, el olvido del destino último y la tragedia de morir.