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DOGMA
'95
Las
reglas del Juego
Por Lucio Latorre
lucioteina@yahoo.es
En
su clásico libro Homo Ludens, Johan Huizinga destacaba que el juego,
su concepto, hace referencia a una actividad esencialmente libre que está
sujeta a reglas. "Cada juego tiene sus reglas propias. Determinan lo que
ha de valer dentro del mundo provisional que ha destacado", decía. Las
reglas son inherentes al juego, son éstas la que lo definen y dan sentido.
"Las
reglas del juego no determinan lo que debe suceder, sino solamente lo
que no debe ocurrir. No prefiguran el curso de la acción, sino que permiten
su desenvolvimiento libre e incierto dentro de límites definidos".
Esta
no demasiado exhaustiva introducción al mundo teórico del Juego, de lo
Lúdico (que, por cierto, cuenta con un vasto corpus de estudios e investigaciones
multidisciplinares) tiene algunos puntos destacables. Por ejemplo, a la
hora de relacionar los conceptos de Juego y Cine, permite evitar simplificaciones
del tipo "toda práctica cinematográfica, en cuanto proceso creativo, lleva
incorporada la esencia del juego, de lo lúdico". Lo cual, incluso en los
más grandes plagios y en las películas de casi nulo rasgo creativo, no
dejaría de ser cierto en alguna parte. Pero limitar cualquier intento
de análisis de la relación Juego-Cine a esta mirada obligaría, acto seguido,
a poner el punto final y condensarlo todo en una frase de ese estilo.
Por lo tanto, las definiciones esgrimidas en el primer párrafo permiten
afinar la mirada y posarla en puntos que den opción a argumentaciones
menos dispersas. Surge entonces la ecuación (arbitraria, pero no infundada)
Juego + Cine = Dogma '95.
En
realidad hay muchas formas de hacer cine que se ciñen a una reglas, a
unos sistemas determinados de realización. En ese sentido existen muchos
"dogmas" (la nouvelle vague, el neorrealismo, el cine independiente,
cine de clase B, las propias superproducciones de Hollywood, etcétera),
casi tantos como directores hay. Pero es la movida iniciada por Lars Von
Trier y Thomas Vintenberg, la que hace más explicita su visión de la realización
cinematográfica como juego.
LIMITAR
PARA CREAR
Básicamente, lo que el Dogma plantea es una serie de reglas, unos mandamientos
(aquello de usar sólo luz natural, nada de maquillaje, grabación
en formato digital, ...), que deben ser cumplidos a rajatabla para obtener
el certificado que acredite que se trata de una peli Dogma '95, y a partir
de allí se puede contar la historia que se quiera y como se quiera. Sin
quebrar las reglas, claro. No es casual que las reglas sean netamente
restrictivas. Lo que se busca es demostrar que aquello de que "la necesidad
agudiza el ingenio" también se cumple en el cine.
Según
Graciela Scheines, doctora en Filosofía y Letras e investigadora del Juego,
"las reglas son un desafío permanente al ingenio, la creatividad, la imaginación,
la habilidad, la picardía. Avanzar en el juego pese a las reglas: eso
es jugar". Eso es el Dogma'95. Lo que también está claro (o debería, después
del camino que ya lleva andado) es que el Dogma no es la revolución total
del Cine. Tampoco fue pensado como tal cosa. Fue una llamada de atención
sobre otra manera de hacer cine; una forma de demostrar que la creatividad
no va necesariamente ligada al volumen del presupuesto; fue, en definitiva,
un más que válido ejercicio cinematográfico que permitió demostrar que
también se pueden hacer buenas películas sin tener que usar la "receta
tradicional".
Como
es sabido, el Dogma tuvo su explosión, tuvo su momento de "boom" cinematográfico.
Siguiendo la estela de Von Trier y Vintenberg, decenas de realizadores
de todo el mundo se largaron a hacer sus propios trabajos siguiendo las
consabidas reglas. Y, como en todo, en el mundo Dogma hay películas realmente
buenas, otras aceptables, y muchas que apenas si resisten ser miradas.
Por eso sería un error idealizar todo lo que sea "dogmático" simplemente
porque tenga el certificado firmado por el binomio Von Trier / Vintenberg.
Igual de ridículas resultan las críticas hacia los padres de la criatura
por el hecho de que hayan dejado atrás (al menos de momento) esa etapa
y estén haciendo ahora un cine más "normal". O aquellas que, una vez conocido
que el Dogma reportaba no sólo buenos comentarios sobre sus creadores
sino también buenas cantidades de billetes, empezaron a menospreciarlo
ya que consideraban se trataba de una mera estrategia comercial.
Todavía
resulta difícil de entender (al menos para quien esto escribe) que existan
personas que juzguen el contenido y valor cinematográfico de una película
valorando primero la cuenta bancaria de su realizador o las estrategias
de marketing desplegadas para su difusión. La crítica de películas
deben ceñirse a lo que muestra la pantalla, ni más ni menos. Existen (por
razones para mí insondables) personas para quienes el valor de
una película o de un director radica, casi exclusivamente, en su carácter
minoritario. Se me ocurre que si uno de estos días Bergman aparece en
un playa de California rodeado, à la Baywatch, de siliconadas féminas
y con un daikiri en cada mano; o si en los canales abiertos de
televisión comienzan a pasar la filmografía completa de Kyeslowski y Kurosawa
los sábados por la tarde, serán muchos los que archivarán los DVDs de
esos directores acusándolos de masivos y hasta de peseteros.
MÁS
ALLA DEL DOGMA
Cuando
en 2003 estuvo en Valencia presentando All About Love, su primer
película post-Dogma y también primer producción made in Hollywood,
el director de Festen (La Celebración), Thomas Vintenberg, declaraba
que el espíritu punkie con el que había surgido el Movimiento Dogma,
ya estaba agotado. "Cuando surgió esto, el cine estaba dormido y arrogante,
y queríamos hacerlo despertar. Queríamos evitar los convencionalismos
a la hora de filmar. Por eso lo de las reglas y restricciones. Cuantos
más límites te pones más te liberas. Es irónico, pero funciona", comentaba.
Y explicaba también por qué tanto él como Von Trier habían decidido alejarse
del movimiento que ellos mismos habían creado: "Salimos del Dogma para
no repetirnos. Cuando la revolución tiene éxito y se pone de moda, no
hay opciones. No hay riesgos en el repetirse. Tienes que ir a lo opuesto.
Por eso en All About Love hay muchos efectos, mucha luz artificial
y mucho maquillaje". Añadía que "el Movimiento está ahora en un punto
distinto respecto a cuando surgió. Yo ya lo hice. Ahora ya no me sirve
y hago lo contrario para respetarlo".
Pues
eso, que para no aburrirse no se puede jugar siempre al mismo juego. Y
lo que importa es poder jugar, aunque los juegos y las reglas vayan cambiando.
Quizá sea hora ya de que nuevas corrientes vayan tomando la posta.
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