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VIAJES IMAGINARIOS PARA CONSTRUCCIONES APARENTES
Nuevas ciudades invisibles (y 3)
Alba,
Joa y Estela cierran el recorrido por once destinos imaginarios
deudores de Las ciudades invisibles, el libro de Italo Calvino. Esta
vez son el deseo, la multiplicidad de lecturas y la duplicidad de
cualquier idioma los escalones por los que acceder a sus respectivas
puertas de entrada.
Texto :: Alberto Torres Blandina
Ilustraciones: Miguel Herranz
albertukituk@yahoo.es y mherranz@montebuono.com
Primera parte
Segunda parte 
LAS CIUDADES Y EL DESEO
Todo caminante llega tarde o temprano a la ciudad de Alba. Se deja seducir por su delicada silueta sobre el horizonte y se adentra en esta ciudad tranquila y aparentemente normal, que no llamaría la atención salvo por un curioso detalle: a esta ciudad siempre se llega buscando cualquier otra. Y, sorprendentemente, en ella podemos encontrar aquella que buscábamos.
LAS CIUDADES Y LOS SIGNOS
Cada uno de los viajeros que visitaron Joa cuenta cosas diferentes sobre ella. Algunos dicen que Joa es una ciudad de múltiples dioses, cuya representación sagrada son los rascacielos. Otros dicen que Joa es una ciudad sin dioses, donde los hombres muestran orgullosos su poder construyendo altos rascacielos. Unos dicen que Joa es la ciudad más alta que existe, que sus edificios desafían las leyes de la naturaleza. Otros dicen que Joa es pequeña, que ni siquiera sus construcciones más elevadas consiguen el efecto deseado: alejar de sus habitantes un viejo complejo de inferioridad. Una vez escuché decir que Joa es una ciudad amable y cariñosa, donde viven los unos pegados a los otros a pesar de que más allá de sus límites sólo hay campos vacíos. Otra vez escuché que Joa es la ciudad más fría del mundo. Tanto es así que sus gentes se amontonan para que la multitud los ayude a perderse y convertirse en seres invisibles de los que no es posible recibir ni un saludo. El último que estuvo en Joa afirmaba sonriente que es ésta la bella ciudad del amor. Contaba que cada calle, cada esquina y cada plaza incitan al corazón a perderse en besos, arrumacos y caricias. Yo llegué a Joa despechado, huyendo del recuerdo de una mujer. Si me preguntas afirmaré sin duda que cada calle, cada esquina y cada plaza incitan a la tristeza y a las lágrimas. Joa es la ciudad gris de la desesperación.
LAS CIUDADES CONTINUAS
Estela son en realidad dos ciudades. La que todos pueden ver y la que sólo sus habitantes conocen. A los niños de Estela les enseñan dos idiomas. Uno lo aprenden en el colegio. El otro lo aprenden de los padres y en algunas escuelas clandestinas. Con uno de ellos hablan. Con el otro miran y sienten.
Aunque a la gente de Estela le gusta mucho hablar, uno nunca puede estar seguro de lo que quieren decir si no ha nacido en Estela. Y, para evitar problemas, es mejor que el visitante calle, a riesgo de que sus palabras sean malinterpretadas y quede a ojos de todos como un desagradecido o un maleducado.
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