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ESCENA DE GABRIEL OCHOA, DRAMATURGO ESPAÑOL
La bolsa de la compra
Carmen no quiere abrirle la puerta a Winston, el repartidor del supermercado. Este ha cometido un error imperdonable en el reparto de la mañana, nada grave salvo porque hoy es nochevieja.
Gabriel Ochoa
gabianchoa@hotmail.com
Ilustración: Paloma Gómez
Personajes:
Carmen, 60 años, enfermera.
Winston, 36 años, repartidor.
En el oscuro, un fuerte golpe desconcierta. Seguido, oímos otro golpe más. Y otro. Suenan golpes en la madera. Puñetazos. Se hace luz gradualmente. Una puerta. A un lado Carmen, en batín, asustada. Al otro, Winston, valiente, furioso, golpeando.
CARMEN
¿¡Cuándo dejará de ser un simio!? ¡He llamado a la policía!
WINSTON
¡Ábrame, vieja zorra!
CARMEN
¡No me grite! Nadie en este país levanta la voz, simio. ¿No se lo enseñaron en el supermercado?
WINSTON
¿¡Sabe que acaba arruinar mi vida!? ¿¡Sabe que estas navidades mis hijas se han quedado sin juguetes!?
CARMEN
Debería habérselo pensado antes de dejarle mi pedido a la vecina. ¡Esa bruja y yo no nos hablamos!
Winston golpea de nuevo la puerta.
WINSTON
¡Le he dicho que me abra! No puedo dejar a mis niñas sin sus juguetes. Se lo prometí a mi mujer. Necesito ese trabajo. Por favor, acepte mis disculpas. Le pido perdón.
CARMEN
Con esa actitud no me lo creería. ¡Pare ya de dar golpes!
Winston para de golpear la puerta. Silencio. Descansa.
WINSTON
Puedo recompensarla. Le vuelvo a hacer la compra con mi dinero. Por favor, tiene que retirar la denuncia. El jefe no quiere verme el pelo. Necesito ese trabajo.
CARMEN
¿¡Y mi cena de nochevieja!? ¿Y mis invitados? Sabes, todos los años mis dos hijos y sus mujeres vienen a verme en nochevieja. Todos los años. Es el único día que los veo juntos. El único. ¿Y qué hago yo está noche? Ya han cerrado el súper. Ahora tendré que comprar una cena encargada. Ni un año, desde la muerte de mi marido, he faltado a la tradición familiar: pavo relleno y langostinos. No tengo ni uvas.
WINSTON
¿Y no tiene nada en la nevera?
CARMEN
Nada. Podría hacer una ensalada, pero a Juan, el mayor, no le gusta la lechuga. Y eso, no es una cena de nochevieja.
WINSTON
¿Quiere que le busque un restaurante?
CARMEN
¿Por qué dejó las bolsas a mi vecina?
WINSTON
Tenía muchas entregas que hacer esta mañana. No había nadie y no podía volver. Pensé que su vecina...
CARMEN
Dije bien claro que quería el pedido antes de las 10.
WINSTON
No me lo comunicaron.
CARMEN
Cuando llegué a casa y mi vecina me dio las bolsas, los langostinos estaban chamuscados, y el pavo se había fundido con el plástico. ¡Estaban al lado de la estufa! Ha dejado un olor a plástico podrido en toda la casa.
WINSTON
El supermercado le recompensará.
CARMEN
Pero no esta noche. Y lo necesito esta noche.
WINSTON
Le ayudaré a cocinar.
Silencio.
CARMEN
¿Sabe cocinar?
WINSTON
Sí. ¿Quiere que le ayude?
CARMEN
No. Bueno, no lo sé.
WINSTON
Puedo ir a cualquier lugar a comprar. Le prepararé una fuente de langostinos.
Carmen abre la puerta. Winston mira a Carmen y sonríe. Carmen sonríe forzadamente. Le alarga la mano y le da un papel.
CARMEN
Es la lista de esta mañana. Cómprelo todo.
WINSTON
Gracias. Sólo le pido un favor. Que mañana, mejor dicho pasado mañana, que ya abre el supermercado, llame a mi jefe y le pida mi readmisión.
CARMEN
Vaya a hacer la compra, por favor.
Winston da media vuelta y se va.
CARMEN
Oiga. Una curiosidad. ¿En qué trabajaba usted?
WINSTON
Era repartidor.
CARMEN
No, me refiero en su país. Porque ha venido no hace mucho, ¿Me equivoco?
WINSTON
Tiene razón. Era médico pediatra.
CARMEN
Yo también trabajo en la sanidad. Soy enfermera.
Pausa.
WINSTON
Encantado de conocerla enfermera Ruiz.
CARMEN
Encantada doctor.
Los dos se han mantenido a cierta distancia en este último diálogo, algo sobrios, tensos aún. Winston finalmente da media vuelta y se va.
OSCURO.
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