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CINE Y ANARQUISMO: LA UTOPÍA ANARQUISTA EN IMÁGENES, DE RICHARD PORTON Si es anarco, seguro que está mal de la cabeza Desde sus inicios, el cine ha demonizado a los anarquistas. Son muchas las películas que, a través de los personajes, establecen una equivalencia directa entre anarquía y violencia, irracionalidad o alguna psicopatología. Richard Porton estudia la historia del cine y, mediante este libro-denuncia disfrazado de manual cinéfilo, intenta contrarrestar el efecto de tanto fotograma tendencioso. Óscar Soler P.
Richard Porton denuncia la ingenua postura de diversos cineastas que celebran —y al mismo tiempo ridiculizan— las luchas revolucionarias; de hecho, hoy en día el personaje anarquista sigue siendo el más plano de la historia del cine. Por lo general, el tipo en cuestión es el portador del caos, tiene un aspecto barbado, ojos desorbitados, trabaja de terrorista y además es un extranjero. La industria del cine ha aprovechado semejante estereotipo para rodar buenos dramas, conseguir una excelente recaudación en las taquillas, y comparar el anarquismo con una plaga depravada y criminal. Y si no, a este movimiento político lo ha convertido en un festín de felicidad, violencia y destrucción. De este modo han actuado directores como Orson Welles, Buster Keaton, D. H. Griffith, Bertrand Tavernier, Alfred Hitchcock, Lina Wetmüller o Claude Chabrol, por citar algunos; pero en realidad son un sinfín de cineastas reconocidos los que han incluido en sus guiones referencias y prejuicios contra la causa anarquista. Por esta razón, Porton aprovecha el tema cinéfilo como excusa para denunciar el ostracismo y la mala fama de este modo de entender la vida. Y cuando los anarquistas no son locos nihilistas, se convierten en cómplices del espectador porque aparecen como guapos, colegas y simpáticos. Y en estos casos, claro, no matan niños. Como en la película Lady L (Peter Ustinov, 1966), cuyo argumento trata de divertir con trivialidades y jugueteos amorosos entre ricos aristócratas y admiradores de la dinamita. O como en la película Film d'amore e d'Anarchia (Wetmüller, 1973), donde el protagonista es un bufón, una parodia de los esfuerzos que realizaron los anarquistas italianos contra la extrema derecha. Eso sí, al menos en este caso no se trata de un apóstol del mal; más bien se trata de un campesino incompetente y encantador, enamorado de la violencia desmesurada. Asimismo, el libro incluye datos sobre los primeros tropiezos del anarquismo, como fue el caso de la desafortunada alianza entre Bakunin y el nihilista Necaev, o la tergiversada «propaganda mediante la acción» de Malatesta y Paul Brousse. En definitiva, Porton ha puesto de su parte con un manual denso, repleto de información y bibliografía. Ahora falta que directores de cine, aficionados y frikis le echen un vistazo a este libro, escrito a prueba de bombas y despropósitos antianarquistas.
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