 La Cava de villa
a barrio: cartillas de capacitación
(17cm.
x 21.5cm.) y video documental.
ENTREVISTA:
JUAN CARBONELL, DISEÑADOR GRÁFICO EN BARRIOS POBRES
«El saber implica poder, y es ahí donde las diferencias de clase se establecen y perpetúan»
El diseño gráfico puede educar la mirada de quienes tienen menos recursos. Es decir: puede ser bastante más que un estímulo al consumismo frívolo. Una salida es abrirlo al trabajo social. El diseñador argentino Juan Carbonell trabaja en proyectos comunitarios, y así aúna su disciplina con el compromiso social. Según él, es un traductor gráfico de lo que las personas quieren decir.
Laura Nieto
laura@raimundodg.com.ar
Diseño gráfico igual a consumo. Consumo igual a conformismo. Así concibe la mayoría de las personas al diseño, es decir, como un arte vacío y presumido que se muestra colaboracionista con la economía de mercado. La rutina de los medios se encarga de perpetuarlo en este paradigma; sin embargo, algunas experiencias —aunque sean menos visibles— desbaratan ese cliché. El trabajo del diseñador gráfico Juan Carbonell (Buenos Aires, 1972) es una de ellas.
A través de la organización Comunicación + Desarrollo Humano (C+D), este diseñador participa en proyectos comunitarios. Uno de ellos fue el plan de urbanización en la villa La Cava, donde algunos vecinos y él diseñaron afiches y cartillas de capacitación para informar sobre las características del plan dentro del barrio. Otro ejemplo, también de urbanización, fue “Las Flores se renueva”, esta vez preparado en conjunto con los vecinos del barrio Las Flores, en Vicente López. Por último, otro proyecto conocido fue el trabajo con el grupo “Las feas del bajo” sobre los derechos de la mujer, un ejemplo más de cómo el diseño puede comprometerse con lo social sin ser precario.
Según Carbonell, las disciplinas deben insertarse funcionalmente en la sociedad. Por eso, además de dar clases en la Universidad de Buenos Aires y en la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Nacional General Sarmiento, trabajó en barrios marginales de Capital Federal, como Ciudad Oculta, La Cava o el Bajo Flores. Y es que lo suyo, de algún modo, es mezclar experiencias.
De ahí que, si bien es porteño, a principios de 2007 decidió vivir en Unquillo, un pequeño pueblo de Córdoba. Será que lleva mezclada la sangre: española por parte de padre, tehuelche por parte de madre. Así las cosas, sus referentes van desde la Bauhaus y los afichistas polacos a Rodolfo Walsh, desde el Martín Fierro a Nueva Chicago, su equipo de fútbol.
Con desenfado y mirada intensa, Carbonell habló con Teína sobre cómo son los talleres con los vecinos, qué clase de contacto mantiene con la gente, qué temas surgen y cómo entre todos, vecinos y diseñadores, buscan crear una representación que sientan como propia, con la que poder identificarse.
¿Podés vivir de esto?
Sí, pero vivís con menos plata que si trabajaras, por ejemplo, en publicidad. Es una opción de vida. Tal vez ganás menos, pero el trabajo es gratificante.
¿Crees que actualmente existe sensibilidad por atender los problemas sociales?
Antes, en los barrios de bajos recursos, casi toda la asistencia social la monopolizaban los partidos políticos o la iglesia. Hoy existen más organizaciones intermedias, que se dicen extra partidarias y que, en teoría, no defienden intereses políticos o religiosos. Son organizaciones de la sociedad civil, lo que se denomina el tercer sector.
¿Cuáles son tus referentes?
Son varios. Me gusta la corriente libertaria rusa de Bakunin. Me conmueve la autodeterminación de Severino Di Giovanni. Admiro profundamente a Osvaldo Bayer y a Rodolfo Walsh. También a la escuela Bauhaus. En lo disciplinar, un referente local es El Fantasma de Heredia con quienes trabajé. De afuera, me gustan sobre todo los afichistas: los polacos Roman Cieslewicz, los franceses Grapus y todos los subgrupos generados a partir de ahí. Además, otros como Alain Le Quernec, James Victore o Alejandro Magallanes. Sí, me gustan muchas cosas, pero me pierdo cuando juega mi equipo de fútbol: Nueva Chicago.
REPRESENTARSE FUNCIONA COMO UN ESPEJO
¿Qué disciplinas interactúan en C+D?
Son varias; el urbanismo, la antropología, las ciencias políticas, el diseño gráfico, la comunicación, la fotografía, el teatro, el video (principalmente el género documental). Sin embargo, como grupo ideal nos falta un abogado, un médico y un economista.
¿Sobre que temas trabajan?
El tema para los talleres nace de algún proyecto que el equipo técnico de C+D desarrolle en ese momento en el barrio. Entonces, en lo que respecta al diseño gráfico, existe una demanda específica. Puede ser diseñar afiches o cartillas para capacitar a la gente ante un plan de urbanización en curso, o darle forma a un reclamo por falta de gas, etc. El tema lo trabajamos en los talleres, pero no es para aprender a ser un técnico gráfico, sino para consensuar ideas. A los talleres asisten los facilitadores, quienes luego transmitirán esos conceptos, plasmados en piezas gráficas, a los demás vecinos del barrio. Así, juntos respondemos a la pregunta ¿cómo nos representamos para comunicar el tema dado? De este modo lo que hago es potenciar las ideas de los demás. Actúo como traductor gráfico de lo que la persona quiere decir, me convierto en su herramienta visual.
¿Y cómo construyen esa representación?
Consensuamos 4 ó 5 palabras que sinteticen los conceptos que queremos contar. Tomándolos como fundamento investigamos imágenes en revistas, diarios, a veces dibujamos. Debatimos a partir de conceptos gráficos y comunicacionales como valores de síntesis, pregnancia o articulación de texto e imagen y luego creamos la pieza. A veces, si no están definidos con anterioridad, decidimos incluso con qué géneros gráficos conviene comunicar: afiche, cartilla, cómic, fotonovela o una mixtura. Preferentemente utilizamos aquellos que contengan diálogos; por ejemplo, uno que permita mostrar a dos vecinas que se encuentran, donde una sabe y la otra no. Desde esta simple actividad, la gente va construyéndose.
¿Cómo llegan al resultado final, a la pieza gráfica?
Una vez que consensuamos las ideas trabajo desde lo formal. Gracias a mi experiencia manejo un universo morfológico y simbólico sustancial. Por eso, desestimo el uso de íconos estereotipados como el mate, la pelota, la gente gorda y buena o el dibujo ingenuo, pues esta es iconografía que parte del imaginario burgués para representar la pobreza. Busco, en cambio, retórica en la comunicación. Por ejemplo, en una tapa de la serie de cartillas para “La Cava de villa a barrio” representamos a la gente sobreescalada en relación a una grilla que sintetiza el proyecto de urbanización. Lo lúdico esta siempre presente. Reúno imágenes reconocibles, con carga emotiva: ¿por qué es importante que la señora aparezca en bata y no con portafolio? Muchas de estas decisiones de diseño las tomo por fuera del grupo, pero luego las consulto. De este modo generamos un ida y vuelta que nos permite ajustar forma y contenido. Una vez aprobado el diseño por la gente del barrio, envío el material a imprenta.
¿Cuál es la respuesta de la gente?
Les gusta. Están demasiado acostumbrados a que las cosas se apliquen sobre ellos sin poder gestionarlas, a que les impongan representaciones de familias o calles que no son las propias. Toman como algo estimulante verse, ver su esquina, ver los lugares por donde transitan todos los días. Sacar una foto y cristalizar un momento del pasillo con la gente caminando. En esa tarea, los ayudas a reconocerse, a pensarse, es decir, a asumirse en sus realidades. Como un espejo. Aunque muchas veces ahí aparece también el cortocircuito con lo que prefieren no mostrar.
ABRIR LA MIRADA AL INTERCAMBIO
¿Llegaste a un estilo gráfico?
Sí, al collage. Cada uno lleva su parte, juntás todo y hacés un guiso gráfico. Una imagen puede ser clara y a la vez tener una estructura compleja.
¿El proceso de diseño que describiste anteriormente es similar al que se da en la universidad?
Claro, en ambos casos se trata de elaborar una imagen representativa de lo que queremos decir. La diferencia es que en la universidad la consigna la da la cátedra, si bien lo que cada estudiante dice sobre ese tema es su posición sobre la vida, su posesión de las ideas. En cualquier caso, lo estimulante es acompañar esos procesos.
¿Qué conclusión sacás después de tantos años de trabajo?
Para que sea genuino, es necesario trabajar por lo menos tres años en el mismo lugar; armar un grupo humano lleva tiempo. Si no, trabajás; pero estás afuera. El estándar de vida en una villa no es el mismo que vos tenés y eso se percibe. Además, existen límites muy finos con la educación y sus consecuencias políticas: el saber implica poder, y es ahí donde las diferencias de clase se establecen y perpetúan. Muchos pretenden capitalizar esos espacios de poder. Y allí hay gente que, frente a la desprotección en la que se encuentra, resulta muy vulnerable…; incluso alienable.
¿Qué implica entonces ser diseñador gráfico en este ámbito?
Implica ocupar nuevos espacios a los ya delimitados por la rígida economía de mercado. Implica descentralizar el saber y construirlo desde procesos participativos, para que la gente se reconozca como sujeto de derecho. Educás la mirada: incorporás valores de la realidad local y complejizás la imagen hacia formas de comunicación retórica alejadas de los estereotipos de representación. Incluso implica brindar herramientas a la gente para que tenga posibilidades de romper la barrera de pobreza. También, el trabajo con grupos de igual a igual te abre a un intercambio y de este modo desdibujas el individualismo hacia el que tiende la disciplina, y en general la sociedad con sus constantes obsesiones por cerrar y normalizar los espacios sin comprometerse demasiado en entenderlos.
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