![]() |
|
|
VIAJES IMAGINARIOS PARA CONSTRUCCIONES APARENTES Nuevas ciudades invisibles 4 historias basadas en las series que Italo Calvino inició en Las ciudades invisibles, donde describió —entre poesía y reflexión— la esencia de las ciudades, la civilización, el viaje, la comunicación o la mirada con que observamos al otro. Aquí una breve visita a las invisibles ciudad sin nombre, Silvia y Claudia, Samia y Priscilla. Textos: Alberto Torres Blandina Imágenes: Laia Llorca Los pocos viajeros que llegan a ella por casualidad —pues no hay indicaciones en el camino— suelen alejarse lo antes posible aturdidos y no tienen la sensación de haber estado en una ciudad, sino en un laberinto de ciudades entremezcladas. Ciudades personales, consumadas, soñadas, escogidas, incumplidas, sucediendo, sucedidas, íntimas, arrinconadas, revividas o ni siquiera nacidas. No son ciudades semejantes. Ni siquiera parecidas. Sin embargo están unidas por el insólito hecho de que sólo es posible conocer una al visitar la otra. Si uno decide visitar Claudia, sólo al cruzar el puente que lo lleva a Silvia empezará a ver Claudia. Y al contrario sucede igual. Por muchos días que uno pase en Silvia, no será hasta tomar el puente a Claudia que empiece a penetrar —en cada pequeño rincón y en cada insignificante árbol— hasta los detalles más nimios de Silvia. Así se puede afirmar que sólo es posible encontrar Claudia caminando por Silvia. Y sólo es posible encontrar Silvia caminando por Claudia. En este cementerio hay una parcela apartada donde entierran a los locos. Se distingue del resto porque en ella descansan los cuerpos de aquellos en cuya tumba pone exactamente quiénes eran. Nadie en Samia quiere pasar la eternidad al lado de estas tumbas, por lo que están construyendo una valla. Pero al acercarse descubre que Priscilla es un gran decorado gigante. Los edificios son fachadas de madera sujetas por detrás con caballetes, abandonadas desde hace mucho tiempo si hacemos caso a la cantidad de polvo acumulada. Las montañas y los valles tampoco son reales, sino una inmensa escenografía de cartón piedra sobre el más árido de los desiertos. (Al descubrir esto el viajero da media vuelta y con la mirada perdida en sus propios pasos se aleja de Priscilla, temeroso de descubrir que el camino está hecho de tela marrón, que el cielo es un gran lienzo dibujado y, él mismo, un títere de poliespán.)
|
|